Daniel es agente de tráfico y patrulla algunas de las carreteras más concurridas del país, y ha visto demasiadas veces esta situación. «Es increíble la cantidad de golpes laterales y alcances que se producen por algo que tiene una solución de dos minutos», confiesa.
La mayoría de conductores creemos que sabemos cómo ajustar los elementos del coche, pero según Daniel, casi todos lo hacemos mal. Y ese error puede marcar la diferencia entre un viaje tranquilo y una tragedia.
El gesto que el 90% de los conductores hace mal

¿Cómo ajustas tus retrovisores laterales? Lo más probable es que, sentado en tu posición normal de conducción, los muevas hasta que veas un poquito del lateral de tu coche. Quizás la maneta de la puerta trasera o el final de la aleta. Nos da seguridad. Es nuestro punto de referencia, ¿verdad? Vemos nuestro coche, y luego vemos la carretera. Parece lógico.
Sin embargo, según los expertos en seguridad del tráfico como Daniel, ese es precisamente el error fundamental. «En el momento en que ves un trozo de tu propia carrocería en el espejo lateral, estás desperdiciando un porcentaje enorme de la superficie del espejo», explica. Estás duplicando información. Ya sabes dónde está tu coche porque vas dentro de él. Lo que necesitas que el espejo te muestre es lo que hay en el carril de al lado, justo en esa zona donde tu vista no llega.
Este vicio es tan común que se enseña incluso en las autoescuelas, o lo adoptamos por pura intuición. Una intuición que, en este caso, nos traiciona. Al enfocar el espejo para ver nuestro propio coche, estamos creando un ángulo muerto gigantesco. Un hueco por el que puede desaparecer una moto, un ciclista o incluso un coche entero. Y cuando decides cambiar de carril porque no has visto nada, el golpe es inevitable.
El ángulo muerto, tu peor enemigo en tráfico

El famoso ángulo muerto no es un mito, sino una ley física. Es la zona que rodea tu vehículo y que no puedes ver ni por visión directa (mirando hacia adelante), ni por tu visión periférica, ni a través de ninguno de los tres retrovisores. Todos los coches lo tienen, más grandes o más pequeños, pero existe. El problema es que un mal ajuste de los espejos convierte un pequeño punto ciego en un abismo.
Piensa en una incorporación a una autovía. Miras por el retrovisor izquierdo y ves que el carril parece libre. Inicias la maniobra y, de repente, un claxon ensordecedor te hiela la sangre. Un coche que estaba en tu ángulo muerto acaba de frenar bruscamente para no estamparse contra ti. O peor, piensa en el tráfico urbano. Vas a girar a la derecha en un cruce. Miras el espejo derecho, no ves nada, giras… y te llevas por delante a un ciclista que circulaba pegado a la acera, oculto en ese punto ciego.
«Vemos accidentes de este tipo a diario», lamenta Daniel. «Golpes en rotondas, cambios de carril que acaban en la mediana… y cuando preguntas al conductor, la respuesta es siempre la misma: ‘Es que no lo he visto'». Y es verdad, no lo había visto. Porque su propio coche le estaba tapando la visión en el espejo.
Cómo ajustar bien los espejos

El consejo de Daniel no se trata solo de mirar los espejos, sino de ajustarlos de una forma concreta. Hazlo la próxima vez que te subas al coche, no te llevará nada de tiempo.
Primero, ajusta tu asiento y el volante. Debes estar en tu posición de conducción cómoda y habitual. Esta es la base. Si mueves el asiento después, tendrás que repetir el proceso.
Segundo, el retrovisor interior. Este es el más fácil. Ajústalo para que veas la luneta trasera completa. Debes poder ver todo el cristal trasero centrando el espejo. No necesitas ver el techo, ni los reposacabezas traseros. Solo el tráfico que viene por detrás.
Ahora, inclina tu cabeza completamente hacia la izquierda, hasta que tu oreja casi toque el cristal de la ventanilla. Desde esa posición forzada, mueve el espejo lateral izquierdo hasta que apenas veas el borde de tu coche. Solo la esquina, la maneta de la puerta trasera, lo mínimo posible.
El proceso para ajustar el retrovisor derecho es similar, pero inclinándote hacia el otro lado. Mueve tu cabeza hacia el centro del coche, como si quisieras poner la cabeza por encima de la palanca de cambios o la consola central. Desde esa posición, ajusta el espejo derecho hasta que, de nuevo, apenas veas el lateral de tu coche.
Ahora, vuelve a tu posición normal de conducción, sentado recto. Mira los espejos laterales. Es probable que no veas nada de tu propio coche. Puede que te sientas raro, incluso inseguro al principio. Es normal, estás rompiendo una costumbre de años. Pero acabas de eliminar casi por completo el ángulo muerto.
Con esta configuración, has creado una visión panorámica casi perfecta. Cuando un coche te adelanta, primero lo ves en tu retrovisor interior. Justo cuando está a punto de desaparecer del retrovisor interior, aparecerá en el retrovisor lateral que acabas de ajustar. Y justo cuando esté a punto de desaparecer de ese espejo lateral, ya estará en tu visión periférica, podrás verlo de reojo por la ventanilla.
No hay salto ni zonas oscuras. El coche que te adelanta pasa de un espejo a otro, y de ahí a tu vista, de forma fluida y sin desaparecer. Acabas de aumentar tu campo de visión.
Este ajuste de dos minutos es, quizás, el gesto de seguridad activa más importante y barato que puedes aplicar a tu conducción.
La próxima vez que te sientes al volante, recuerda el consejo de Daniel. Ajusta los espejos hacia fuera y elimina la trampa del ángulo muerto. Es gratis, es rápido y te puede salvar en más de una ocasión.





































































































