El Ferrari Enzo que perteneció a la colección de Phil Bachman se vendió en enero de 2026 por cerca de 18 millones de dólares. La cifra, tres veces superior al récord previo del modelo, no fue un hecho aislado: en los meses siguientes, los precios de los superdeportivos de colección se dispararon con una violencia que nadie esperaba. El último análisis de la Hagerty Price Guide, firmado por John Mayhead, confirma lo que muchos temían: la fiebre por los exóticos ha llegado a una zona de vértigo que recuerda peligrosamente a la burbuja de finales de los ochenta.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: El mercado de los exóticos de colección ha vivido en el primer semestre de 2026 una escalada sin precedentes. Las subastas han pulverizado récords y algunos modelos han triplicado su valor en cuestión de meses.
- No te lo puedes perder: La colección Bachman, compuesta por más de 45 Ferrari de muy bajo kilometraje, fue el detonante. En una sola subasta cayeron diecinueve récords de la marca, incluidos los cinco halo cars: 288 GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari.
- Cifras y cotización: El Enzo de Bachman alcanzó cerca de 18 millones de dólares (unos 16,4 millones de euros), más del triple que el anterior techo. El Porsche Carrera GT pasó de 2,2 a 6,7 millones. Pese a la euforia, en primavera los precios empezaron a corregirse con suavidad.
De Kissimmee a París: la mecha que encendió la fiebre
La chispa saltó en la subasta de Mecum en Kissimmee a principios de enero. Allí, el lote de Bachman —un meticuloso coleccionista que había reunido más de 45 Ferrari, muchos con especificaciones únicas y kilometraje de entrega— desató una batalla de pujas que se saldó con 19 récords mundiales para la firma de Maranello. El Enzo, con su particular combinación de colores y apenas unos cientos de millas, se llevó el titular, pero la fiebre no se detuvo ahí.
A la semana siguiente, RM Sotheby’s en Arizona vio cómo un Enzo y un F50 superaban con holgura los valores máximos de la guía Hagerty para un ejemplar en estado de concurso, aunque sin llegar a igualar los desorbitados números de Kissimmee. El contagio cruzó el Atlántico a finales de mes: en París, un Enzo de 2004 con muy pocos kilómetros se vendió por 8,1 millones de euros (9,7 millones de dólares) en RM Sotheby’s, mientras que Gooding Christie’s remató un 288 GTO de 1984 por 9,1 millones de euros (10,9 millones de dólares) y un FXX K Evo de 2018 por 6,98 millones de euros (8,3 millones). Los tres establecieron nuevas plusmarcas mundiales.
Pero el fenómeno no se limitó a los halo cars. En marzo, durante el Amelia Concours de Florida, Broad Arrow vendió un Ferrari Monza SP2 con kilometraje de entrega por 4,955 millones de dólares, prácticamente el doble del récord anterior de 2,5 millones fijado en Abu Dabi apenas tres meses antes. El Porsche Carrera GT también quebró su techo de forma consecutiva: de los 2,2 millones de 2022 saltó a 3,1 millones en Arizona, luego a 3,3 en Miami y, finalmente, a 6,7 millones en Amelia. Al día siguiente, un Lamborghini Miura SV de 1972 alcanzó los 6,6 millones de dólares, otro récord para el modelo.
La parábola de precios que devuelve a los años ochenta
La representación gráfica de estas cifras es casi vertical. Mayhead lo describe como «una parábola, la trayectoria de un cohete hacia el cielo». El Enzo de Bachman, con sus casi 18 millones, triplica el mejor precio previo que ostentaban dos unidades con pedigrí intachable: el primer Enzo fabricado, propiedad de Fernando Alonso, y el último, construido por Ferrari para el Papa y subastado con fines benéficos, ambos vendidos en torno a los 6 millones de dólares. Y el Carrera GT de Broad Arrow, que más que triplicó su récord anterior, aún resulta más llamativo en términos porcentuales.
La Hagerty Price Guide lleva meses analizando esta escalada y la compara con la locura especulativa de finales de los ochenta y principios de los noventa. Entonces, los precios de los Ferrari se dispararon hasta derrumbarse en cuestión de meses. «Cambiábamos los ceros en las lunas cada mes», recuerda Ian Barkaway, hoy dueño del prestigioso taller de restauración Barkaways. «.000 dólares valdría 120.000 al mes siguiente. «Cuando el dinero se secó, los bancos ejecutaron los préstamos y el mercado colapsó».
Ya no se colecciona para conducir el coche que siempre se deseó, sino para completar un ‘set’ temático o para cosechar aplausos en redes sociales. Es un mercado de inversores, no de entusiastas.
Criptomillonarios, inteligencia artificial y ‘bragging rights’: el perfil del nuevo comprador
Hay paralelismos incómodos con aquel episodio. En los ochenta, la burbuja de activos japonesa alimentó a coleccionistas con liquidez fresca. Hoy, las criptomonedas y, sobre todo, la rápida expansión de la inteligencia artificial están generando fortunas igual de repentinas. «Hay un montón de nuevos millonarios de la IA que no habían pensado qué hacer con todo ese dinero hasta que les llega —explica Rick Carey, analista de mercado—. Van a por los coches que les dicen que son los que hay que tener, sin preguntarse por qué». Las redes sociales amplifican ese efecto con los likes y los follows, que convierten la posesión de un halo car en un símbolo de estatus inmediato.
Jim Weed añade otra diferencia con los ochenta: «Antes la gente coleccionaba los modelos que quería conducir. Hoy se colecciona por temas: Bachman quería todos sus Ferrari en amarillo; otro busca todos los verdes; hay quien persigue exclusivamente ejemplares con el kilometraje de entrega. Ya no importa tanto la experiencia de conducción como completar el ‘set’». La oferta, además, sigue siendo mínima: Ferrari fabricó 1.300 F40 pero solo 400 Enzo, y las políticas de ventas cada vez más restrictivas de Maranello hacen que los hipercoches de ayer parezcan gangas comparados con los de hoy.
¿Corrección o calma antes de la tormenta?
A partir de abril, sin embargo, las aguas empezaron a calmarse. En la subasta de RM Sotheby’s en Mónaco, las estimaciones fueron más conservadoras y los precios, aunque aún elevados, no alcanzaron las cotas de enero. El mismo día, en Costa Mesa, un Porsche 918 Spyder con paquete Weissach y acabado Paint to Sample se vendió por 4,68 millones de dólares, casi una cuarta parte menos que los 6,05 millones alcanzados por otro 918 similar en Kissimmee. Una semana después, Bonhams registró varios lotes no vendidos en Miami, incluidos un LaFerrari y dos F12 Berlinetta, que no llegaron a cubrir el precio de reserva.
¿Significa esto un aterrizaje suave? Mayhead apunta que hay demasiado dinero persiguiendo muy pocos coches como para que la burbuja se desinfle de golpe. «Ahora y entonces, todo se reduce a oferta y demanda —resume Weed—. Hay más compradores con enormes fondos dispuestos a gastar, así que los precios seguirán altos mientras la oferta no crezca». La historia enseña que los mercados de colección pueden corregir con virulencia, pero también que cada ciclo es distinto. Lo único seguro es que, en 2026, el índice Hagerty ha registrado la mayor sacudida en una década, y conviene mirarlo con la misma atención que el cuentakilómetros de un Enzo.

