Incorporar una furgoneta eléctrica a la flota de un autónomo o una pyme no acaba con la compra del vehículo. La recarga en el propio domicilio o en la nave se convierte en el siguiente paso lógico para garantizar la disponibilidad diaria sin depender de la red pública. Con costes de wallbox desde 800 euros y ayudas de hasta 700 euros por punto de recarga, la inversión puede recuperarse en pocos meses frente a la recarga externa. Pero antes de encargar el equipo conviene revisar la potencia contratada y los requisitos eléctricos que marca la normativa.
La ficha rápida para el profesional
- Por qué es importante: La instalación de un punto de recarga propio es la llave para que la furgoneta eléctrica rinda sin sobresaltos en el día a día del reparto o el servicio profesional, reduciendo el coste operativo frente al combustible y a la recarga pública.
- Ventajas e inconvenientes: A favor: recarga cómoda y económica en horario nocturno, dependencia mínima de la red externa y posibilidad de acogerse a subvenciones que reducen drásticamente la inversión. En contra: la instalación puede exigir aumentar la potencia contratada y, si la nave o garaje no dispone de cuadro eléctrico adecuado, la obra civil y los trámites administrativos añaden semanas al proyecto.
- Datos técnicos clave: Coste del wallbox desde 800 euros sin instalación; ayuda MOVES Singular de hasta 700 euros por punto; potencia típica de carga en AC de 7,4 kW; necesidad habitual de contratar al menos 5,75 kW en vivienda o de disponer de suministro trifásico en instalaciones industriales para potencias superiores.
Lo que necesitas saber antes de instalar tu wallbox
El 90 % de las furgonetas eléctricas ligeras se recarga en corriente alterna, con potencias de 7,4 kW en monofásica o 22 kW en trifásica. Para el profesional que vuelve a casa o a la nave al final de la jornada, una noche de ocho horas de enchufe con un wallbox de 7,4 kW permite recuperar alrededor de 60 kWh, equivalentes a más de 350 kilómetros WLTP urbano en la mayoría de los modelos comerciales actuales. Si el ciclo de trabajo rara vez supera los 200 kilómetros diarios, un cargador monofásico basta. La recarga en corriente continua, de 50 kW o más, solo se justifica en flotas con uso intensivo que necesitan ciclos rápidos durante el día, y exige instalaciones industriales con acometidas mucho más exigentes.
El punto de partida es averiguar si el cuadro eléctrico actual admite la nueva línea. Un instalador autorizado debe verificar que la potencia contratada y la sección del cableado son suficientes. En viviendas unifamiliares, muchas veces basta con añadir un magnetotérmico y un diferencial dedicados, pero en garajes comunitarios se necesitan acuerdos de la comunidad de propietarios y, en ocasiones, una extensión desde el contador centralizado, lo que encarece el proyecto.
Lo que pagas: costes y ayudas disponibles
El precio de un wallbox básico, sin instalación, ronda los 800 euros, aunque los modelos inteligentes con conexión wifi y gestión de flota pueden superar los 1.200 euros. A esa cifra hay que sumar la mano de obra y la obra civil, que suelen oscilar entre 300 y 600 euros según la distancia al cuadro, la necesidad de zanja o de nuevas protecciones. En total, un punto de recarga doméstico o para nave de autónomo puede quedar entre 1.100 y 1.800 euros instalado.
Las ayudas del programa MOVES Singulares cubren hasta 700 euros por punto de recarga cuando el solicitante es un profesional o una empresa. Se tramitan a través de las comunidades autónomas y, aunque los plazos varían, conviene presentar la solicitud antes de realizar la instalación para asegurar la compatibilidad. Con esa subvención, el coste neto del equipo se reduce a apenas 100 euros en el peor de los casos si se opta por un modelo básico. La instalación no suele estar subvencionada, por lo que el desembolso final ronda los 400-700 euros.
Los gestores de flotas pueden, además, deducir fiscalmente el IVA soportado y, según la configuración de su sistema de gestión energética, aprovechar tarifas con discriminación horaria para recargar en valle, con precios que pueden estar por debajo de 0,05 euros/kWh. En uso real, eso se traduce en un coste por kilómetro inferior a 1,5 céntimos de euro, frente a los 8-9 céntimos de una furgoneta diésel equivalente.
El binomio wallbox asequible más subvención de 700 euros convierte la inversión en equipamiento en un trámite casi simbólico, mientras que la factura eléctrica pasa a ser el único coste variable a vigilar.

Requisitos de potencia contratada y obra civil
Un wallbox monofásico de 7,4 kW demanda 32 amperios de corriente. Para que la instalación sea estable, se necesita una potencia contratada de al menos 5,75 kW, aunque los electricistas recomiendan 6,9 kW o más si en la vivienda o nave coexisten otros equipos de cierto consumo. Pasar de 4,6 kW a 6,9 kW en un hogar medio puede incrementar el término fijo de la factura entre 8 y 15 euros al mes, un coste que se compensa ampliamente con el ahorro en carburante.
En el caso de flotas con varias furgonetas, lo más eficiente es instalar un sistema de recarga inteligente que gestione la potencia total disponible, evitando sobrepasar la máxima contratada. Las soluciones con electrónica de balanceo permiten que todos los vehículos carguen a la vez a menor velocidad o escalonadamente, sin necesidad de duplicar la acometida. Si el uso profesional exige potencias de recarga superiores, como 50 kW en continua, la nave deberá contar con un centro de transformación propio o una acometida en alta tensión, lo que dispara la inversión por encima de los 20.000 euros.
La normativa actual obliga a que cada nueva instalación incluya protecciones contra sobretensiones y contactos indirectos, así como una verificación periódica de la instalación, pero esos requisitos los cubre el instalador certificado que ejecute el proyecto. El trámite más farragoso suele ser, en el caso de garajes comunitarios, la autorización de la comunidad de propietarios; una modificación reciente de la Ley de Propiedad Horizontal ha simplificado el proceso, pero aún exige notificación fehaciente y, si hay oposición, puede ralentizar la puesta en marcha más de dos meses.
¿Merece la pena instalar un punto de recarga propio?
La respuesta, desde el punto de vista del profesional, es afirmativa en casi todos los escenarios. A un autónomo que recorre 25.000 kilómetros al año con su furgoneta eléctrica, la recarga en casa le permite reducir el coste energético medio a menos de 150 euros al mes, frente a los 400-500 euros al mes de una recarga pública en postes rápidos o los 600 euros del diésel equivalente. La amortización del wallbox y su instalación se produce, en la mayoría de los casos, en menos de un año. Para flotas de más de tres vehículos, la instalación propia es, de hecho, un requisito para que el cambio al eléctrico no lastre la operativa: sin ella, la dependencia de la red pública encarece el kilómetro y añade incertidumbre.
La única precaución es no precipitarse. Conviene solicitar al menos dos presupuestos detallados que incluyan la revisión del cuadro eléctrico, la tramitación de la subvención y el certificado de instalación. La ayuda de 700 euros es un incentivo importante, pero los plazos de las convocatorias pueden agotarse rápidamente; es aconsejable consultar la ventanilla electrónica de la comunidad autónoma correspondiente antes de realizar el pedido del equipo.

