El control de crucero es un sistema ADAS que la mayoría de vehículos incluyen desde hace unos años. Se encarga de mantener la velocidad sin necesidad de pisar el acelerador, y puedes regular fácilmente los km/h, activarlo o desactivarlo desde el volante.
Y sí, es una ayuda para no tener que mantener la presión sobre el acelerador en viajes largos, pero también puede jugar en tu contra en ciertas situaciones. Porque una cosa es que sea un ADAS útil y cómodo, y otra bien distinta es que lo tengas que activar en cuanto entras en una autovía o autopista. De hecho, en algunas situaciones tiene más inconvenientes que ventajas.
3Cuándo no conviene usarlo: en estas situaciones, es contraproducente
Ocurre justo lo contrario en otras situaciones. Por ejemplo, en carreteras que tienen muchas subidas y bajadas no es recomendable que lo actives, porque el sistema va a intentar mantener la velocidad fijada y eso puede llevar a incrementos de aceleración en pendientes que no siempre son eficientes desde el punto de vista del consumo.
Tampoco tiene ningún sentido en una autovía o autopista con mucho tráfico. Ese flujo constante de coches te va a obligar a acelerar y a frenar con bastante frecuencia, así que tendrás que estar ajustando el control de crucero e incluso desactivarlo.
Por inteligente que sea, aunque el coche tenga control de crucero adaptativo, no es práctico y nunca se va a anticipar de la misma manera que haría un conductor atento al entorno.
Y ojo en carreteras secundarias con muchas curvas o cambios constantes de ritmo, porque la conducción manual suele ser mucho más eficiente. Permite aprovechar mucho mejor la inercia del vehículo y ajustar la velocidad de una manera progresiva.


