La nueva normativa DGT de peatones ya está en vigor: el verde para el viandante obliga a rojo para el coche. El cambio en los semáforos llegó con la reforma del Reglamento General de Circulación, que entró en vigor el pasado 1 de octubre de 2026, y desde entonces los ayuntamientos intentan encajarlo en sus cruces.
Explicado en corto, la regla es esta: como norma general, la luz ámbar intermitente para los vehículos no puede coincidir con la luz verde no intermitente para los peatones. Se acaba el instante en el que el coche ve el amarillo y acelera mientras el viandante sigue cruzando con su muñeco verde encendido. A partir de ahora, o verde para uno, o verde para el otro.
Pere Navarro, director general de Tráfico, resumió el objetivo sin rodeos: ‘Si está verde para los peatones, tiene que estar rojo para los coches. Y cuando se ponga verde para los coches, estará rojo para los peatones’. El responsable de la DGT defiende que se busca un sistema ‘claro y nítido’, que evite situaciones equívocas y reduzca el riesgo de quien cruza la calzada.
Detrás de la medida hay un cambio de filosofía que el propio organismo reconoce. Según Navarro, durante décadas la fluidez del tráfico primó por encima de todo y ahora ese orden se invierte en favor de la seguridad vial. La coexistencia del verde peatonal con el ámbar intermitente de los coches, sostiene, genera riesgo, y en el resto de Europa se ha ido suprimiendo poco a poco.
Si el verde es del peatón, el coche tiene rojo: la norma borra ese momento de duda en el que nadie sabe quién pasa primero.
Qué cambia en los cruces y a quién obliga
La reforma no se queda en el amarillo. El mismo paquete normativo concede prioridad peatonal en las calles de plataforma única, esas en las que acera y calzada están al mismo nivel, y da entidad jurídica a los caminos escolares seguros: las vías acondicionadas para que los menores lleguen al colegio a pie, en transporte público o con medios de movilidad no motorizados.
Además, el reglamento incorpora por primera vez una definición formal de usuario vulnerable de la vía. En esa categoría entran los peatones, con atención especial a menores, personas mayores y personas con discapacidad, pero también los ciclistas, los usuarios de vehículos de movilidad personal y los conductores y pasajeros de motos y ciclomotores. La DGT presenta el cambio como una forma de colocar a las personas, y no al vehículo, en el centro de la regulación.
Barcelona tiene 1.550 semáforos en juego y pide moratoria
Que la norma esté en vigor no significa que todos los cruces afectados hayan cambiado de un día para otro. Reprogramar una instalación semafórica no es apretar un botón: obliga a rehacer fases y ciclos. En Barcelona hay alrededor de 1.550 semáforos afectados y el Ayuntamiento ha solicitado una moratoria, según fuentes municipales.
El argumento municipal es que una aplicación estricta recortaría la capacidad de algunas vías, aumentaría la congestión y forzaría ciclos semafóricos más largos, con menos tiempo en verde también para los peatones. Dicho de otro modo: el remedio podría apretar al propio viandante al que pretende proteger.

La Dirección General de Tráfico contempla excepciones, eso sí, pero no las regala. Según explicó Navarro, podrán plantearse cuando el cambio genere ‘más inconvenientes que las ventajas’, y para lograrlas hará falta ‘un informe técnico contundente que lo justifique’. El organismo prepara una instrucción para ayudar a los municipios a cumplir la nueva regulación y mantiene abierta la vía de contacto con el Ayuntamiento de Barcelona.
Qué viene ahora y qué significa para ti al volante
Conviene mirar el calendario con calma. La reforma no salió de la nada: se aprobó después de dos años de reuniones y de recogida de propuestas entre asociaciones de usuarios de motos, bicicletas, patinetes y peatones. Ese detalle explica por qué el texto es más ambicioso que un simple retoque de semáforos y por qué está generando tanto trabajo técnico en los servicios municipales de movilidad.
Para ti, al volante, esto se traduce en algo muy concreto: el ciclo que conocías de memoria en tu cruce de siempre va a cambiar, y la excepción existe, pero no es la norma. Si un cruce mantiene la configuración antigua, será porque cuenta con un informe que lo respalde. Mientras llega la instrucción y los ayuntamientos terminan de ajustar, la recomendación es sencilla: trata cada ámbar como si el peatón tuviera paso. Levantar el pie no cuesta nada.
El propio Navarro admite que las reglas nuevas pueden generar rechazo inicial porque alteran situaciones ya asentadas. El reto que se pone la DGT para los próximos meses es de pedagogía: explicar cómo funciona el sistema y conseguir que acabe integrándose en la movilidad cotidiana. Ahí, más que en el papel, se juega la reforma su éxito.

