Mercedes-Benz GLB 200d 4MATIC. Con visión práctica
PRUEBA

Mercedes-Benz GLB 200d 4MATIC. Con visión práctica

Por lo que inspira Mercedes-Benz como objeto deseo, muchos pueden ver a la marca alemana como 'fabricante de caprichos', cuando tiene productos de funcionalidad máxima y racionales. El GLB es un ejemplo, con sus siete plazas y un austero motor diésel de 150 CV. ¿Nos vamos de viaje?

Pedro Martín

Pedro Martín

8 de Octubre 2021 22:00

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Teniendo un GLC -disponible con carrocerías 'normal' y coupé-, es curioso que Mercedes-Benz ofrezca también un GLB que solo es dos centímetros más corto. Pero en realidad tiene sentido, porque el GLB, que comparte plataforma con Clase A, CLA, GLA y Clase B, juega un papel distinto, basado en la máxima funcionalidad gracias a su idóneo aprovechamiento del espacio y a su versatilidad.

Porque si los GLC son siempre de cinco plazas -al igual que rivales directos como Audi Q5 o BMW X3-, en el GLB podemos escoger entre dos filas de asientos o tres -1.150 euros extra con siete plazas, como en la unidad probada-, erigiéndose en alternativa 'premium' a SUV familiares como Peugeot 5008, Seat Tarraco, Skoda Kodiaq o Volkswagen Tiguan Allspace. Además, con un precio de arranque no tan alejado del que lucen esos oponentes, aunque para lograr una factura accesible en la firma de la estrella han ajustado mucho la dotación de serie y dejan que cada cliente complete a su gusto el coche... a golpe de talonario.

Si hablamos del interior, el GLB nos recibe con calidad y un diseño vanguardista, pero si deseamos equipamientos muy tecnológicos o detalles refinados toca rascarse el bolsillo: 566 euros por el cuadro de instrumentos digital, 691 por el navegador, 377 por el sistema que integra el smartphone, 622 por el control de ángulos muertos, 251 por las luces de carretera automáticas, 257 por los faros antiniebla... Hay absolutamente de todo, pero a precios altos; y si no elegimos con cabeza la factura final será 'de cuidado'.

La calidad general es muy buena, aunque nos sorprendió que hubiese que cerrar todas las puertas con 'ganas' para que se cerrasen a la primera, y hay mucha amplitud tanto en la primera fila como en la intermedia, donde los 132 centímetros de anchura, los 79,5 para piernas con un conductor de 1,75 al volante, los 93 de altura al techo o un túnel central poco voluminoso permiten acomodar bien a tres adultos. Otra cosa es la tercera fila, formada por dos butacas escamoteables e independientes que se reservan -lo recuerda un cartelito- a pasajeros de hasta 1,69 metros. Messi -1,70- estaría en el límite del confort, por así decirlo. Más que nada por la altura al techo, de 86,5 centímetros, ya que podemos lograr algo más de hueco para piernas en las plazas 6 y 7 avanzando la segunda fila -este útil elemento sí es de serie- hasta 14 centímetros. Si lo hacemos, habría 65,5 centímetros de espacio longitudinal en la segunda fila y 68 en la tercera, y así ya se puede viajar mejor.

Y maletero con cinco plazas en uso hay mucho: 500 litros, o 640 si adelantamos la segunda fila. En cambio, con siete plazas en uso la zona de carga dará para unas mochilas o la ropa de abrigo.

Nos ponemos en marcha

Tras comprobar que el GLB, como carrocería, es funcional y versátil, nos ponemos en marcha para ver lo que da de sí dinámicamente. Y lo cierto es que los 150 CV de su dos litros turbodiésel, asociado a un cambio automático de 8 marchas muy eficaz, mueven bien un conjunto de 1.735 kilos en orden de marcha. E incluso si lo cargamos a tope, este GLB 200 d 4Matic se mueve. No aporta un par máximo de récord -32,7 mkg-, pero disfrutamos de ese valor a partir de 1.400 vueltas, y eso genera una sensación de empuje progresivo y constante hasta las 4.400 rpm en que todavía rinde la potencia máxima. Por eso las prestaciones son más que correctas, como esos 9,1 segundos medidos en la aceleración de 0 a 100 km/h -homologa 9,3- o los 7,3 necesarios para recuperar de 80 a 120 km/h. No son reacciones de misil, de acuerdo, pero se puede ir deprisa. Aunque si somos de los que queremos adelantar en el menor tiempo posible, quizás la versión GLB 220 d 4Matic, con 190 CV y 40,8 mkg de par, sea mejor. Y el sobreprecio, de unos 2.000 euros, parece asumible.

Pero además de unas prestaciones que cumplirán las expectativas de la mayoría, el GLB diésel de 150 CV brilla por su consumo moderado. Homologa una media WLTP de 5,8 l/100 km y nosotros, que empleamos un recorrido mixto más 'españolizado' -con más relieve y promedios algo más exigentes- nos hemos ido a 6,4 litros reales. Poco para un SUV de siete plazas. De hecho, hasta ahora solo habíamos conducido un SUV de esta talla y con motor de gasóleo que gastase menos: el Ford Kuga -4,61 metros, pero solo cinco plazas-, que en su versión 2.0 Ecoblue Hybrid de 150 CV -con etiqueta 'ECO' por su hibridación suave- se conformó con 6,1 litros.

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En el depósito del GLB caben 60 litros, de manera que los largos viajes serán su especialidad, con autonomías entre repostajes de casi 1.000 kilómetros. Y si es con mucha autovía, mejor, porque el SUV con mejor relación precio/producto de la marca alemana está enfocado al confort, a los viajes turísticos. Y si en frío o conduciendo por ciudad -con constantes aceleraciones desde baja velocidad- el motor suena feo -a diésel de los de antes-, en vías rápidas y con cruceros sostenidos la cosa fluye mejor. Aunque, todo sea dicho, a partir de 180 km/h el doble techo panorámico -opcional- genera ruido, algo que pudimos detectar rodando en nuestro anillo de pruebas del INTA y que solo debería preocupar a posibles usuarios de las 'autobahn' germanas.

Pero, 'de regreso' a nuestro país, decíamos que el GLB prefiere las autovías. Porque si salimos a carreteras de curvas perderemos algo de ese disfrute general, ya que hay tres vueltas de volante entre topes -eso obliga a manotear un poco en virajes cerrados- y la suspensión peca de blanda, generando más balanceo del deseable. Todo más ligado a las sensaciones que a la falta de eficacia, pues el coche va por su sitio incluso si avivamos el ritmo -nuestra unidad equipaba neumáticos opcionales 235/50 R19-, y además frena bien y tracciona de maravilla. En este sentido, la tracción 4Matic hace un reparto 80/20 del par entre los ejes delantero y trasero en los modos de conducción Comfort -el que se activa por defecto- y Eco, un 70/30 en Sport y un 50/50 en Offroad -hay un quinto modo, Individual, que permite ajustar la personalidad dinámica 'a la carta'-.

Y nos convenció el GLB en campo, sobre todo en caminos sin grandes irregularidades, pues la suspensión se 'traga' los baches como si nada.

Por contra, debemos volver a criticar el funcionamiento 'errático' -excesivamente 'temeroso' sería la mejor definición- de ayudas ADAS como el asistente por salida de carril involuntaria o la frenada por riesgo de colisión frontal, que actúan antes de lo debido.

LA CLAVE

Los Mercedes-Benz pueden ser alabados por muchas cosas: calidad, tecnología, robustez mecánica... Pero en el caso del GLB hay que sumar un precio nada descabellado -si lo queremos 'alicatado', ojito con las opciones- y, sobre todo, mucha funcionalidad. Porque como SUV familiar es un descubrimiento.

El EQB es un SUV de mecánica cien por cien eléctricaEl EQB es un SUV de mecánica cien por cien eléctrica

EL DETALLE

EQB. Como el GLB, pero en eléctrico

Disponible también con cinco o siete plazas, el EQB es un SUV de mecánica cien por cien eléctrica que se diferencia del GLB por su parrilla cerrada -el Cx baja de 0,30 a 0,28 por ese y otros motivos- y por las ópticas, que delante y detrás van unidas por una banda luminosa. Equipa una batería de 66,5 kWh y habrá versiones con tracción delantera o total, ésta con 419 kilómetros de autonomía. En cuanto al maletero, con dos filas de asientos en uso el EQB de cinco plazas tiene un volumen de 495 litros, y de 465 el de siete plazas, y ambos incorporan la banqueta posterior corredera 14 centímetros, como el GLB.

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