Probamos el Seat Arona. El éxito está a su alcance
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Probamos el Seat Arona. El éxito está a su alcance

17.300 euros será el precio con el que arranque el nuevo Seat Arona cuando llegue a los concesionarios a mediados de noviembre para enfrentarse a modelos de tanto éxito como el Renault Captur o el Peugeot 2008. Después de conducir dos versiones distintas por carreteras catalanas durante más de 200 kilómetros, las primeras impresiones son realmente buenas.

Pedro Martín

Pedro Martín

9 de Octubre 2017 13:56

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Pocos meses después de la llegada del nuevo Ibiza, Seat lanza el SUV de formato compacto (4,14 metros exactamente) que deriva de su utilitario 'best seller', y lo hace con la esperanza de que también triunfe en un segmento, el de los SUV-B, que ahora goza de gran popularidad. A diferencia del León o del Ateca, que emplean la plataforma MQB, Ibiza y Arona comparten la plataforma MQB-0, ideada para vehículos más pequeños y que también adopta el nuevo Volkswagen Polo. Y entre sus ventajas figuran algunas muy interesantes, como favorecer el máximo aprovechamiento del espacio interior o permitir la existencia de versiones con energías alternativas, como la dotada del motor 1.0 TGI de gas natural GNC, que se sumará a la gama en 2018 con 90 CV de potencia y unas emisiones bajísimas.

Hasta que llegue ese día, la familia Arona se articulará en torno a cinco mecánicas, de las que tres son de gasolina: el 1.0 TSI tricilíndrico en versiones de 95 y 115 CV y el 1.5 TSI de 150, equipado con sistema desactivación automática de cilindros para ahorrar. Y en diésel, el 1.6 TDI de cuatro cilindros desdoblado en potencias de 95 y 115 CV.

Interior, similar al Ibiza

Para esta primera toma de contacto hemos comenzado por la parte alta, y un Arona 1.5 TSI con acabado FR (su interior es más refinado, pues, por ejemplo, presenta acabado mullido en el frente del salpicadero) nos sirvió para la ruta que unía el aeropuerto de Barcelona con las retorcidas carreteras del interior. Nos sentamos y, para ser sinceros, no percibimos grandes diferencias respecto a un Ibiza, salvo los cinco centímetros extra de distancia al asfalto en las banquetas delanteras (que ayudan a acomodarse más fácilmente) y la generosísima altura al techo. Tras adoptar la postura correcta, tarea realmente sencilla, me paso a la segunda fila (6 centímetros más elevada que en un Ibiza)para verificar la amplitud, que es notable. Sobre todo el hueco para las piernas (72 centímetros de distancia entre respaldos con un conductor de 1,75 al volante) y la cota al techo. La anchura tampoco está mal, pero debemos pensar más en dos adultos o en tres chavales, pues tres adultos irán muy justos. Y no ayuda la presencia de un túnel central voluminoso (sin salidas de aire regulables), lo que llama la atención en un modelo que, al parecer, no ofrecerá nunca la tracción total.

La buena habitabilidad del Arona tiene continuidad en un maletero de 400 litros, que admite sin pegas el equipaje normal de una familia. Y eso que nuestra unidad alojaba bajo el suelo de carga una rueda de repuesto de emergencia. Por supuesto, el respaldo se abate por secciones asimétricas, aunque echamos de menos la banqueta corredera que, por ejemplo, ofrecen en este segmento el Renault Captur o el Citroën C3 Aircross.

Conducción: no parece un SUV

Buena calidad, visibilidad correcta en todas direcciones, mandos a mano... Es el momento de ponernos en marcha. Y el motor de gasolina de 150 CV nos transmite las mismas buenas sensaciones que ya nos causó en el Ibiza hace unos meses. Progresivo, silencioso pero con un sonido enérgico si apuramos las marchas. Por ciudad y autopistas es imposible percibir diferencia de rendimiento respecto a un Ibiza, pero cuando abandonamos las vías rápidas y entramos en zonas de repechos y curvas cerradas puede que esa altura extra o los kilos de diferencia sí se dejen notar un poco.

Habrá que esperar a medir datos con nuestro correvit, en cualquier caso. Y debe quedar claro: un Arona con 150 CV anda de cine, e incluso podemos practicar una conducción deportiva porque el coche no parece un SUV cuando avivamos el ritmo, ya que pisa con aplomo, entra en las curvas con precisión y frena con gran decisión. Sobre todo si activamos el modo Sport, que aviva también las reacciones del motor al tornar más sensible el pedal acelerador. El cambio manual de seis marchas va bien, pero si no queremos usarlo mucho el motor ayuda a 'pasar' de la palanca, porque hay respuesta desde bajo régimen y la mecánica se estira muy bien.

Después pasamos a una segunda versión, esta vez dotada del motor diésel 1.6 TDI en su variante de 115 CV; también con caja manual de seis marchas. Hay más ruido, pero el sonido no es feo y el funcionamiento es muy regular, mucho más desde luego que en los 1.4 TDI tricilíndricos disponibles en la generación anterior del Ibiza. Aquí hay progresividad, pues a partir de 1.500 vueltas empuja muy bien, y hasta las 4.500 rpm no cesa la aparición de potencia. Anda menos lógicamente que el Arona 1.5 TSI de 150 CV, pero no mucho menos, y este 1.6 TDI 115 se manifiesta como una opción realmente interesante para los más ruteros. Porque hay ahorro, prestaciones y agrado. Ahora sólo nos queda resolver una duda: ¿Cómo irá el Arona 1.0 TSI con sus 115 CV de gasolina? Saldremos de dudas en unas pocas horas, pero la cosa pinta bien, porque el Ateca, de mayor tamaño, empuja de maravilla con ese mismo motor.

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