Probamos el Citroën C3 Aircross. Tan práctico como agradable
EN OCTUBRE A LA VENTA

Probamos el Citroën C3 Aircross. Tan práctico como agradable

El Citroën C3 Aircross llega al segmento SUV para mostrar las virtudes clásicas de la marca francesa, confort, innovación y sentido práctico.

Pedro Martín

Pedro Martín

19 de Septiembre 2017 21:17

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A mediados de octubre se inicia la comercialización del C3 Aircross, el SUV del segmento utilitario con el que Citroën releva al C3 Picasso y, de paso, entra de lleno en el segmento más animado del mercado, donde hasta ahora participaba sólo mediante el C4 Cactus. Amplitud, versatilidad y mecánicas agradables son puntos destacados de un modelo que apuesta por la personalización, con 90 combinaciones posibles de carrocería entre colores de carrocería, tonos de techo y elementos decorativos.

El C3 Picasso, del que la firma francesa ha vendido unas 500.000 unidades, aportaba muchas virtudes frente a un utilitario tradicional, pero carecía de ese componente 'crossover' o todocamino que muchos clientes exigen ya cuando plantean su próxima compra. De ahí que para complementar al nuevo C3 se haya concebido un SUV 'de verdad', y con las dimensiones contenidas que tanto triunfan ahora entre los usuarios que quieren un coche para todo... pero económico. En este sentido, el C3 Aircross parte de unos 14.000 euros muy atractivos.

Por tamaño, con sus rivales

Y en cuanto a tamaño, con sus 4,15 metros de longitud, 1,76 de anchura y 1,64 de altura entra en liza con los más populares del sector, como el Renault Captur, su 'primo' el Peugeot 2008 o el nuevo Opel Crossland X, que también es 'pariente' cercano. Y no sólo porque la firma alemana pertenezca ya al universo PSA, sino porque el Crossland X comparte con el Citroën la plataforma PF1 del grupo PSA; y también la factoría, pues el C3 Aircross nace en la planta zaragozana de Figueruelas.

A un mes de su lanzamiento en España, hemos tenido oportunidad de conducirlo. Ha sido en la isla de Córcega, con sus retorcidas carreteras de montaña y un clima que, como en nuestro caso, puede pasar de una lluvia torrencial a un cielo soleado en cuestión de minutos. Para esta primera toma de contacto había dos versiones esperándonos en el aeropuerto Napoleón Bonaparte de Ajaccio, y decidimos empezar por la alternativa de gasolina. Porque si se cumplen las expectativas, serán las más demandadas. De hecho, sólo el 30 por ciento de los C3 vendidos en nuestro país son diésel, y el 70 por ciento restante corresponde a motores de gasolina. Una prueba más del rápido cambio de hábitos entre los españoles.

La gama ofrece tres motores PureTech de gasolina, con 82, 110 y 130 caballos de potencia (los dos últimos, turboalimentados), y nuestra primera montura por tierras corsas equipaba el segundo de ellos, combinado con la eficaz caja automática EAT6, aunque Citroën también lo ofrece con cambio manual, única transmisión posible en los PureTech 82 y 130, o en los diésel. El PureTech 110 es un motor progresivo, y bastante suave, lo que resulta todo un halago tratándose de una mecánica tricilíndrica. Muy poco por encima del régimen de ralentí ya hay respuesta, y el cambio EAT6 va eligiendo con acierto la marcha apropiada para que incluso en fuertes repechos, y a la salida de curvas cerradas, notemos empuje.

En modo Sport, reacciones instantáneas

También podemos elegir el modo Sport, en el que las reacciones del acelerador son aún más instantáneas, pero no nos convence la ubicación tan baja del botón (obliga a agacharse un poco), en la base de la consola central. Y junto a ella, tampoco en la mejor posición posible, el gráfico que muestra la marcha engranada. No hay levas en el volante, ausencia que podríamos disculpar teniendo en cuenta el segmento al que pertenece, pero si optamos por el uso manual siempre habrá quien eche de menos cambiar desde el volante en vez de empujar la palanca: hacia atrás subimos marcha y hacia adelante, reducimos.

Pasan los kilómetros, y si el conjunto motor/cambio satisface por su rendimiento, incluso para practicar una conducción animada, también lo hace el comportamiento, pues el C3 Aircross pisa muy bien la calzada, balancea lo justo en fuertes apoyos y tiene una dirección precisa que nosotros mejoraríamos haciéndola un poco más directa, pues hay 3,05 vueltas de volante entre topes y en recorridos tortuosos hay que trabajar un poco más de la cuenta. El coche es agradable y llevamos una postura al volante dominante, pues el asiento queda alto (dice la firma gala que los ojos van a 128 centímetros del asafalto, lo cual es mucho). Además, aunque las butacas no tienen una marcada sujeción lateral, son cómodas y nos 'agarran' lo suficiente en curva o en fuertes frenadas.

Espacioso por dentro

Contribuye también al agrado general un salpicadero bien diseñado, con una guantera enorme (es muy profunda) y una bandeja engomada sobre la puerta de la misma, ideal para colocar un par de móviles. Hay otros espacios prácticos en la consola, y las bolsas de las puertas son de buen tamaño. En cuanto a la amplitud, Citroën afirma que el C3 Aircross es el SUV más espacioso de su clase, y aunque nosotros no llegaríamos a decir tanto en lo relativo a habitabilidad para pasajeros, lo cierto es que cuatro adultos caben bien. Por ejemplo, le hemos medido 136 centímetros de anchura en las plazas delanteras (138 en el Seat Arona y 138,5 en el Kia Stonic, por citar modelos de la 'cosecha' 2017) y 126,6 en las traseras (125 el Seat y 126 el Kia), mientras que la altura al techo es quizás la cota menos generosa del C3 Aircross, pues en una unidad dotada de techo panorámico medimos 94,5 centímetros delante y sólo 88 detrás, lo que le sitúa por debajo de lo ofrecido por sus dos nuevos rivales aquí mencionados.

En cuanto a hueco para las piernas en la segunda fila, con un conductor de 1,75 al volante el Citroën ofrece 69 centímetros (72,5 el Arona y 68 el Stonic), y eso ya da para viajar cómodamente, pues hay mucho espacio para meter los pies bajo las banquetas delanteras. Además, Citroën opta por un elemento inteligente: la banqueta trasera desplazable longitudinalmente 15 centímetros (por secciones) y con ajuste de la inclinación del respaldo (entre 21 y 26 grados), de manera que la versatilidad es su fuerte, y podemos configurar fácilmente el habitáculo a la medida de las necesidades. De hecho, podemos abatir también el respaldo del copiloto para liberar un espacio de carga de hasta 2,40 metros.

Y es que el nuevo SUV de Citroën presume de capacidad para equipajes, pues si ya los 410 litros básicos del maletero están francamente bien, avanzando la segunda fila al máximo se consiguen 520 litros. En eso, desde luego, no tiene rival.

Buena calidad general

Y nos ha convencido también el coche en este primer contacto por su calidad general, pues los materiales son correctos, hay alguna zona de plástico mullido en el salpicadero y no se escuchan ruidos parásitos ni al rodar por firmes rotos. Y la tecnología tiene un gran protagonismo, pues se ha cuidado la conectividad y podemos disfrutar de hasta 12 asistentes de conducción, de los que 8 están vinculados a la seguridad.

Nuestro recorrido con el C3 Aircross PureTech 110 EAT6 finaliza en un empapado camino de fuerte pendiente. Activamos el control de descenso de pendientes, que permite ajustar mediante acelerador y freno la velocidad entre 8 y 30 km/h, y bajamos sin problema una pista que presenta algunas roderas marcadas y socavones pronunciados. Pero los 17,5 centímetros de altura libre al suelo se muestran suficientes para salvar los desniveles habituales en ese tipo de terreno. Nuestra unidad equipa, además, el Grip Control, con cinco modos de conducción (arena, barro, suelo irregular...), pero no llegamos a activarlo, pues la adherencia del firme era suficiente para circular en el programa normal, concebido para asfalto.

Un diésel muy agradable

Y ocurrió lo mismo cuando sustituimos la primera unidad por la segunda, dotada del motor BlueHDi 120 y el cambio manual de seis marchas. Porque la ruta comienza en el mismo camino, aunque ahora cuesta arriba, y el C3 Aircross trepa bien sin necesidad de Grip Control. Si el motor de gasolina de 110 caballos nos había dejado un buen sabor, este diésel también exhibe su agrado desde el primer momento, pues suena lo justo, vibra poco y tiene muy buena respuesta nada más rebasar las 1.500 vueltas y hasta más allá de las 4.000 rpm. Las prestaciones son notables, y podemos mantener un ritmo alegre en carretera de montaña, incluso afrontando adelantamientos a vehículos pesados en cortas distancias. Si acaso, criticaríamos el tacto de la palanca de cambios, con recorridos largos y cierta imprecisión en el movimiento entre segunda y tercera.

No obstante, si el PureTech 110 EAT6 nos parece una combinación 'estrella' dentro de la gama, este BlueHDi 120 se nos antoja como la alternativa ideal si somos muy viajeros y hacemos muchos kilómetros al año. Eso a falta de medir consumos, pues nos pareció poco apropiado usar Córcega para sacar conclusiones en ese sentido por las especiales características de la isla, aunque los 4,1 l/100 km de media homologada para esta versión nos parecen una buena referencia.

Muchas combinaciones estéticas

Por último, señalar que el C3 Aircross está disponible con ocho colores de carrocería y cuatro tonos de techo: naranja, blanco, gris y negro. Combinándolos, y tirando de los paquetes de personalización (por ejemplo, los llamativos adhesivos tipo cortina en el cristal del montante trasero), el cliente puede configurar hasta 90 aspectos exteriores diferentes en su C3 Aircross (las barras del techo son de serie, salvo en el acabado básico, que no las ofrece ni en opción), un modelo que por versatilidad, agrado e imagen muy personal puede dar mucho juego en un segmento que ahora triunfa en el mercado europeo.

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