Adquirir un coche que perteneció a un piloto de Fórmula 1 tiene algo de sueño cumplido para cualquier aficionado al mundo del motor. Pero también plantea una duda razonable: ¿es una buena inversión hacerse con un deportivo que pudo haber pasado por las manos de alguien acostumbrado a llevar los coches al límite? La respuesta depende de muchos factores, aunque hay ocasiones en las que el pedigrí, la exclusividad y la historia del vehículo pesan tanto como sus prestaciones. Ese es el caso de este espectacular Mercedes CLK DTM AMG que perteneció a Jenson Button y que saldrá a subasta el mes que viene.
No hablamos de un deportivo cualquiera. Su primer propietario fue nada menos que Jenson Button, piloto británico que compitió durante 18 temporadas en la Fórmula 1, desde el año 2000, y que llegó a conquistar un campeonato del mundo en 2009. Button estrenó este Mercedes CLK DTM AMG con volante a la derecha en 2004 y lo mantuvo en su garaje hasta 2019, cuando pasó a manos de un coleccionista japonés. Ahora busca un nuevo propietario con una cuenta bancaria a la altura de su exclusividad.
La ilustre casa de subastas Iconic Auctioneers estima que podría alcanzar un precio de entre 400.000 y 500.000 libras (entre 475.000 y 590.000 euros). A cambio, el futuro comprador se llevará una pieza especialmente codiciada de la historia de Mercedes-Benz, que ha sido mantenida con mimo, que además tiene solo 18.114 kilómetros en su haber… y que, por supuesto, viene ligada a un nombre ilustre asociado a su historial.
Solo se fabricaron 100 unidades de este Mercedes de colección

El Mercedes CLK DTM AMG nació para celebrar el dominio de Bernd Schneider en el campeonato alemán de turismos, el DTM, en el año 2003. El piloto alemán arrasó en aquella temporada al volante de su máquina de competición, y la firma de la estrella quiso trasladar parte de ese espíritu a un modelo homologado para circular por carretera. El resultado fue un coupé radical del que solo se fabricaron 100 unidades (luego llegaría la versión Cabrio de la que harían 80 ejemplares), una cifra que ayuda a explicar tanto su exclusividad como las elevadas expectativas económicas que despierta en el mercado de coleccionistas.
Su denominación también tiene una explicación particular. Aunque hoy estamos acostumbrados a hablar de Mercedes-AMG, por aquel entonces la marca alemana todavía no utilizaba esa nomenclatura conjunta de la misma manera. Además, el desarrollo y la fabricación de esta versión tan especial corrieron a cargo de HWA, la compañía responsable de gestionar los programas de competición de AMG para Mercedes durante aquella época.
La influencia del vehículo de carreras en este Mercedes CLK DTM AMG era evidente. Los pasos de rueda ensanchados, el alerón trasero y las llantas de radios múltiples (19 pulgadas delante y 20 pulgadas detrás) aportaban una imagen mucho más agresiva que la de un CLK convencional. Pero la transformación no se limitó a la estética: también se trabajó para reducir el peso mediante el empleo de materiales compuestos en numerosos elementos de la carrocería. Y es que hablamos de una máquina que pesaba 1.742 kilos.
El capó, las aletas, las puertas, el paragolpes delantero, el faldón trasero y el alerón recurrieron a estas soluciones de construcción ligera. El habitáculo también recibió un tratamiento específico, con asientos delanteros tipo baquet y la eliminación de las plazas traseras. Todo respondía a una misma filosofía: acercar la experiencia de un coche de competición a un deportivo de calle sin renunciar a su condición de automóvil matriculable.
Un V8 sobrealimentado con 582 CV y prestaciones de superdeportivo

La verdadera diferencia frente a otros Mercedes CLK de la época estaba bajo el capó. Mientras que el CLK55 AMG convencional recurría a un V8 atmosférico de 5,4 litros con 362 CV de potencia, el CLK DTM AMG incorporaba un compresor, entre otros muchos componentes específicos, que elevaba la potencia hasta los 582 CV. También presumía de generar un par motor de 800 Nm.
Esta configuración lo convirtió en una verdadera rareza dentro de la generación C209: fue el único CLK de esa familia equipado con un V8 sobrealimentado. El resultado estaba a la altura de su imagen y de su precio (por aquellos entonces superaba los 240.000 euros), con una aceleración de 0 a 100 km/h en apenas 3,9 segundos y una velocidad máxima limitada electrónicamente de 320 km/h.
Son cifras que siguen impresionando más de dos décadas después de su lanzamiento. Y también ayudan a entender por qué este modelo ocupa un lugar tan especial entre los Mercedes deportivos de principios de siglo. No era simplemente un CLK con más potencia y una carrocería llamativa, sino una interpretación de carretera de la tecnología y la estética que habían llevado a Schneider a dominar el DTM.
En el caso del ejemplar de Button, el historial de propiedad añade un atractivo extra. Es imposible saber cuánto exprimió el piloto británico sus prestaciones, pero su experiencia al volante de monoplazas de Fórmula 1 aporta un contexto singular a la historia del coche. Eso sí, el nombre de un campeón no sustituye a una inspección mecánica exhaustiva ni garantiza por sí solo que una unidad se encuentre en un estado impecable.
El Mercedes-AMG CLE más moderno no consigue dejarlo atrás

La vigencia de este Mercedes CLK DTM AMG se aprecia todavía mejor al compararlo con una creación mucho más reciente. El extraordinario CLE 646 Spezialanfertigung, del que solo se van a construir 30 unidades, puede considerarse una especie de digno sucesor espiritual por su planteamiento deportivo y su potente mecánica 4.0 V8 Biturbo.
Con 646 CV de potencia, supera en potencia al veterano Mercedes CLK DTM AMG. Lo mismo que ocurre con sus 850 Nm de par motor. Pero eso no se traduce en una ventaja clara en las cifras de aceleración y velocidad máxima anunciadas. Ambos declaran un tiempo de 3,9 segundos para pasar de 0 a 100 km/h, mientras que el CLE alcanza los 310 km/h, frente a los 320 km/h del modelo de principios de siglo.
La comparación demuestra hasta qué punto el Mercedes CLK DTM AMG fue una máquina extraordinaria para su tiempo. También pone de manifiesto que, en el mercado de los deportivos de colección, las cifras de rendimiento no lo son todo: la producción limitada, el vínculo con la competición y la procedencia pueden resultar determinantes.
¿Merece la pena pagar más de medio millón de euros por un Mercedes que ya supera los 20 años? Para quien busque un deportivo moderno, probablemente existan alternativas más racionales. Pero para un coleccionista que valore la exclusividad, la historia del DTM y la conexión con un campeón del mundo de Fórmula 1, este ejemplar tiene argumentos difíciles de ignorar.
Al final, la gran pregunta no es únicamente si comprar un coche que perteneció a un piloto es una buena idea. Es si estaríamos dispuestos a pagar un extra considerable por conducir una máquina excepcional que, además, cuenta una historia propia. En el caso de este Mercedes CLK DTM AMG, la respuesta podría estar en la puja de noviembre.
Mercedes CLK DTM AMG: 5 claves que debes conocer
- Un propietario ilustre: Jenson Button estrenó esta unidad en 2004 y la conservó hasta 2019.
- Exclusividad extrema: solo se fabricaron 100 ejemplares del CLK DTM AMG.
- Motor de altos vuelos: su V8 sobrealimentado de 5,4 litros desarrolla 582 CV.
- Prestaciones todavía impresionantes: acelera de 0 a 100 km/h en 3,9 segundos y alcanza los 320 km/h.
- Precio de colección: Iconic Auctioneers estima un valor de entre 400.000 y 500.000 libras para la subasta de noviembre de 2026.
Fotos: Iconic Auctioneers
























