El ‘Volvoghini’: el Volvo 240 sueco con motor Lamborghini V10 biturbo y tracción total que arrasa en redes

Un aficionado sueco ha convertido su Volvo 240 de 1975 en un deportivo de motor central con un V10 biturbo de Lamborghini y tracción total. La Volvoghini ya rueda en el octavo de milla superando los 200 km/h.

El Volvo 240 Lamborghini V10 ya tiene nombre propio: la Volvoghini, un deportivo sueco de motor central biturbo y tracción total. Nadie diría al ver esa carrocería angular de 1975 lo que esconde debajo.

Detrás del proyecto está Peter Bjorck, un creador de contenidos sueco que lleva meses documentando la transformación de su Volvo 240 de 1975. No es un simple cambio de motor: ha vaciado la parte delantera, ha trasladado el propulsor al centro y ha conservado la tracción total.

De berlina sueca a deportivo con corazón italiano

El motor es el dato que lo cambia todo. Se trata de un V10 biturbo de Lamborghini, el mismo tipo de bloque que la firma italiana montó en modelos como el Gallardo. Bjorck no es ajeno a esa mecánica: según lo que él mismo ha compartido en sus redes, ha tenido un Gallardo y un Audi R8, así que sabía de sobra lo que metía bajo la chapa del Volvo.

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La lista de trabajo no se limita a colocar el motor. Hay que resolver la electrónica, el sistema de frenos, el cableado y, sobre todo, la gestión de la tracción total. Según explica el propio protagonista en sus vídeos, tuvo que recablear la unidad de control MoTec para que el sistema de tracción total funcionara como debía. Ahora las ruedas delanteras sí agarran.

El peso es la otra obsesión. El coche está ahora en 1.437 kilos, y el objetivo declarado es acercarlo a los 1.000 kilos. Para lograrlo, Bjorck va incorporando piezas de fibra de carbono, que aligeran un conjunto donde el chasis y el enorme V10 biturbo se llevan buena parte de la báscula.

Lo que empezó como una broma de taller se ha convertido en uno de los ejercicios de ingeniería casera más llamativos del panorama internacional del motor.

En la pista, los números hablan. El Volvo completó un octavo de milla (unos 201 metros) en 5,3 segundos y cruzó la meta a 220 km/h. En algunos lanzamientos incluso levanta las ruedas delanteras del suelo. Es la clase de comportamiento que uno espera de un dragster, no de una berlina familiar de hace medio siglo.

Por qué Suecia se ha convertido en el paraíso del swap imposible

Suecia tiene una relación muy particular con el automóvil. Es la cuna de Volvo y Saab, dos marcas que construyeron su reputación sobre la seguridad y la robustez, y ese carácter ha dejado una huella profunda en la cultura del taller. Los inviernos largos, las carreteras rectas y una afición muy arraigada por el bricolaje mecánico han hecho el resto.

El Volvo 240 es, en ese contexto, algo más que un coche. Es un icono de la sobriedad escandinava, una berlina de líneas rectas que se vendió durante años y que todavía hoy llena talleres y garajes de medio mundo. Cuando un modelo así cae en manos de alguien con recursos y obsesión, el resultado suele ser extremo. Y la Volvoghini lo lleva al límite.

La clave está en combinar lo sencillo con lo desmedido. La carrocería no grita, pero debajo hay un V10 biturbo en posición central, una configuración reservada a superdeportivos. Es la misma lógica que ha impulsado el auge del restomod, esa corriente que actualiza clásicos con mecánica moderna sin renunciar a su silueta original.

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Lo que un Volvo con motor Lamborghini dice del tuning en España

En España la escena es distinta, aunque comparta la misma pasión. Aquí una transformación de este calibre tendría difícil encaje en la normativa de homologación: mover el motor al centro y cambiar la tracción no es algo que se pueda legalizar con facilidad para circular por la vía pública. Proyectos así suelen acabar en circuito o en exposición.

Eso no significa que falte talento. Los talleres españoles llevan años demostrando que saben exprimir mecánicas y preparar coches de competición con medios limitados. La diferencia es el marco: lo que en Suecia es un experimento de garaje compartido en redes, aquí convive con la inspección técnica obligatoria y con un sistema de homologación que exige pasar por ingeniería para cada cambio relevante.

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El interés de la Volvoghini va más allá de la anécdota. Demuestra hasta dónde puede llegar la ingeniería de aficionado cuando hay conocimiento, tiempo y buenos recursos: gestión electrónica de competición, fibra de carbono y una integración de tracción total que muchas marcas tardan años en pulir. El siguiente paso, según el propio autor, es seguir recortando peso y afinar la electrónica de cara a sus próximas pruebas en pista.

📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: 1.437 kilos de peso actual frente a un objetivo de 1.000, con un V10 biturbo de Lamborghini en posición central y tracción total.
  • Consejo práctico: si te apasionan los swaps, sigue este tipo de proyectos en redes; son la mejor escuela para entender electrónica, pesos y comportamiento más allá del catálogo.
  • Así te afecta: en España este nivel de transformación choca con la homologación, así que disfrútalo como referencia de lo que la afición es capaz de hacer cuando no tiene que pasar por la inspección técnica.