Si pensabas que comprarse un coche eléctrico es el pasaporte definitivo para moverte por el centro de tu ciudad sin problemas, las últimas declaraciones del director de la DGT sugieren que no va ser así. Todo apunta a que el plan que se está preparando no tiene nada que ver con el tipo de combustible que uses, sino que es algo mucho más drástico.
Hasta ahora, nos han vendido la idea de que la clave estaba en las emisiones. Nos han vuelto locos con las etiquetas ambientales, obligándonos a mirar si nuestro coche es C, Eco o Cero. Pero la realidad que se está cocinando en los despachos de la DGT va mucho más allá de si echas humo por el tubo de escape. Ahora dicen que el problema no es solo la contaminación, sino el espacio disponible en las ciudades.
2El transporte público como única alternativa real según la DGT
Si no puedes usar tu coche, ¿qué te queda? La respuesta de la DGT es sencilla: el autobús, el metro o el tren. Para los responsables de la movilidad en España, el transporte público debe ser la columna vertebral de cualquier ciudad moderna. Consideran que meter un vehículo de más de cuatro metros de largo para transportar a una sola persona es una gestión ineficiente del espacio público. Por eso, su plan pasa por ponértelo cada vez más difícil para que desistas de la idea de entrar al centro con tu propio volante.
Es una postura que a muchos nos resulta difícil de digerir, sobre todo porque todos sabemos que el transporte público no siempre llega a todas partes ni tiene los horarios que necesitamos. Pero para la DGT, esa es la única dirección. Quieren que nos acostumbremos a planificar tus trayectos dependiendo de horarios externos y que aceptes que el centro no está diseñado para que lo ocupe una persona con su coche particular.
Quizás estés pensando que siempre te quedará el recurso de ir con prisa y usar un vehículo con conductor. Y ahí es donde entran los taxis, Uber o Cabify. La DGT ve estos servicios con buenos ojos porque, aunque siguen siendo coches, forman parte de una red de transporte profesionalizada que optimiza los trayectos.
Es curioso cómo se está configurando este nuevo escenario. Por un lado, se castiga al conductor particular y, por otro, se abre la veda para que las empresas de transporte privado ocupen ese lugar. Esto nos lleva a pensar que el centro de las ciudades se está convirtiendo en un lugar de pago. Si tienes dinero para un taxi o un VTC, puedes entrar rápido. Si no, te toca esperar al autobús. Es una jerarquización de la movilidad que no todo el mundo ve con buenos ojos, pero que parece ser la hoja de ruta marcada.








