Helmut Marko ha convertido un rumor de paddock en un hecho: la F1 volverá a los motores V8 turbo en 2030.
El exasesor de Red Bull lo soltó en una entrevista con el medio austríaco oe24, recogida por Motorsport.com: ‘El regreso al motor V8 con turbo en 2030 es, hasta donde sé, un acuerdo cerrado’. Conviene situar la frase. No hay comunicado de la FIA, no hay votación publicada de la Comisión de Fórmula 1 y Marko ya no se sienta en las reuniones técnicas de la categoría.
Sepang, el fin de semana que la F1 quiere enterrar
Lo que sí existe es un domingo incómodo. El Gran Premio de Bahréin se trasladó este año a Sepang y dejó el mejor dato de público de la historia reciente, 261.000 aficionados, junto al peor espectáculo técnico de la era moderna. Una larga demora por lluvia y un fallo de software generalizado que detuvo la actividad en pista durante minutos que nadie supo explicar.
Marko lo vio desde casa, con la sinceridad de quien ya no tiene que cuidar el mensaje corporativo: ‘Completamente relajado frente al televisor, como un consumidor normal de Fórmula 1’. Desmontó las pantallas adicionales que había instalado después del primer Gran Premio del año. La espera, admitió, fue ‘realmente aburrida’.
Su veredicto sobre el fallo fue mucho más duro: ‘Es vergonzoso que un producto de alta gama como la Fórmula 1 se detenga por un problema de software’.
Ahí está el nudo. El reglamento de 2026 reparte la potencia a partes iguales entre el motor de combustión y la parte eléctrica, un 50/50 que convierte a los monoplazas en ordenadores con ruedas. El clipping —la gestión de energía que obliga al piloto a levantar el pie para recargar— y la aerodinámica activa que ha jubilado al DRS han tensado la paciencia del paddock. Verstappen lo había dicho un día antes en un podcast: fuera los híbridos pesados, fuera el DRS, dentro los V8 ligeros.
El reglamento que iba a modernizar la Fórmula 1 ha acabado siendo el mejor argumento para volver al motor que la categoría abandonó en 2013.
Quién gana y quién pierde si el V8 vuelve en 2030

Aquí conviene mirar la cartografía industrial, no solo el cronómetro. Las unidades de potencia que compiten en 2026 —Mercedes, Ferrari, Audi, Honda y Ford con Red Bull— se diseñaron sobre la base de ese reparto 50/50, con techo de gasto pactado y un horizonte que debía llegar hasta bien entrada la década. Un giro al V8 turbo en 2030 obliga a reabrir una reglamentación técnica que se cerró con el consenso de todos los fabricantes.
Hay dos lecturas posibles. La primera: la F1 corrige a tiempo un producto que nadie pidió. La segunda, menos amable para el aficionado: las marcas que aceptaron entrar en 2026 —Audi, Ford, y Honda— descubrieron en Sepang que el reglamento que les abrió la puerta entrega un coche frágil y carísimo de operar. Si el retorno al V8 se confirma, la pregunta se traslada a las cuentas de resultados de cada marca.
La coartada técnica ya está construida. Desde 2026 la F1 quema combustible 100% sostenible, y ese es el argumento que permite desmontar el híbrido pesado sin romper la promesa de neutralidad de carbono de la categoría. Un V8 turboalimentado con el mismo combustible sintético ofrece el sonido que los aficionados reclaman y el peso que los pilotos quieren. Otra cosa es el precio por litro. Y eso no lo ha explicado nadie todavía.
El precedente de 2014: la última vez que la F1 cambió de motor
La categoría ya ha vivido esta película. Entre 2009 y 2013 se decidió el salto del V8 atmosférico al V6 turbo híbrido de 1,6 litros que debutó en 2014, un cambio vendido como la única forma de retener a los fabricantes. El resultado se conoce: una década de dominio de Mercedes y una parrilla que perdió variedad de motores, de sonido y buena parte del encanto. Quien escribe el reglamento escribe, casi siempre, los siguientes diez años de resultados.
El ciclo de 2026 nació precisamente para corregir aquello. La eliminación del MGU-H —la pieza más cara y menos transferible de la era anterior— fue el cebo que llevó a Audi y a Ford a homologar. Tres años después, parte de la parrilla que entró por la puerta del reglamento técnico mira de reojo la salida.
La comparación internacional ayuda a ponerlo en contexto. La F1 es hoy la única gran categoría de motor que ha apostado a fondo por la hibridación completa. MotoGP nunca abandonó el motor de combustión puro, y el WEC mantiene el híbrido solo en la cúpula de Hypercar. Ninguno de los dos ha tenido que celebrar una carrera con la pista parada por un error de software.
Esta redacción entiende que el problema de Marko no es de nostalgia, sino de credibilidad comercial. La Fórmula 1 vende espectáculo, no una tesis doctoral de gestión energética. Si el activo más valioso del campeonato y el directivo con más kilómetros de paddock coinciden en la misma dirección, el debate ya no cabe en los despachos de la FIA.
Un movimiento de este calado exige aprobación del Consejo Mundial del Motor y un plazo de desarrollo que arrancaría, como pronto, en 2027. Esa ventana será el examen real: ahí se sabrá si el ‘acuerdo cerrado’ de Marko era información de primera mano o una forma elegante de presionar desde la jubilación.
Análisis de Impacto Motor16
- El dato: 261.000 espectadores en Sepang y una sesión detenida por un fallo de software. El reglamento de 2026 deja a los coches en manos de una electrónica que ya ha fallado en directo.
- La señal: Marko sitúa el V8 turbo en 2030 como acuerdo cerrado en una entrevista con oe24 recogida por Motorsport.com. No hay confirmación de la FIA ni documento público que lo respalde.
- El veredicto: la dirección es creíble porque Verstappen empuja en el mismo sentido y porque el combustible sostenible permite vender el V8 sin renunciar al relato verde. El calendario, en cambio, es cosa de dos o tres años de negociación.

