Comprar un coche nuevo en España nunca ha sido una decisión sencilla. El precio medio no ha dejado de crecer, los impuestos pesan cada vez más y la transición hacia tecnologías más limpias ha añadido nuevas dudas al comprador. En este contexto, los distintos gobiernos han recurrido durante más de tres décadas a una fórmula recurrente: los planes de ayuda a la compra como palanca para rejuvenecer el parque móvil y estimular el mercado.
Renove, PIVE, Movea, MOVES o Auto+ no son solo nombres distintos para una misma idea, sino el reflejo de cómo han ido cambiando las prioridades económicas, industriales y medioambientales del país. De incentivar la retirada de coches antiguos se ha pasado a premiar la electrificación, con resultados desiguales y no siempre fáciles de entender para quien simplemente quiere estrenar coche nuevo sin dejarse medio sueldo en el intento.
1Los orígenes: Renove y la necesidad de modernizar el parque
Los primeros planes Renove surgieron a comienzos de los años noventa, en un momento en el que el parque automovilístico español estaba claramente envejecido. El objetivo era doble: estimular la industria del automóvil y retirar de la circulación vehículos antiguos, menos seguros y mucho más contaminantes. A cambio de achatarrar un coche viejo, el comprador recibía una ayuda directa para adquirir uno nuevo, generalmente más eficiente y con mejores sistemas de seguridad.
Aquellos Renove eran sencillos de entender y rápidos de aplicar. La ayuda se descontaba directamente en el concesionario y el impacto psicológico era inmediato. “Si entregas tu coche viejo, te llevas uno nuevo por menos dinero”. El mensaje caló y durante años este tipo de planes se convirtió en una herramienta habitual para reactivar las ventas en momentos de desaceleración económica.







