El Ferrari 330 GTC con bastidor 10367 sale a subasta en Bring a Trailer tras medio siglo de propietarios en Milán, Suiza y Estados Unidos.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: Ferrari fabricó 598 ejemplares del 330 GTC entre 1966 y 1968, y el chasis 10367, terminado en septiembre de 1967, conserva su V12 Colombo junto a la documentación que acredita su cadena de propietarios.
- No te lo puedes perder: un comerciante de flores suizo compró el coche en 1974 y lo revendió cinco meses después; décadas más tarde pasó por un repintado en rojo californiano antes de recuperar el Argento de fábrica.
- Cifras y cotización: 598 unidades entre 1966 y 1968, motor Tipo 209 de 4,0 litros con triple carburación Weber, 28.000 kilómetros en el odómetro y título de Montana con la advertencia de discrepancia en el cuentakilómetros.
De Milán a North Salem: la biografía del chasis 10367
La ficha de entrega es precisa: el coche se terminó en septiembre de 1967 y se entregó nuevo a M. Gastone Crepaldi Automobili, el concesionario milanés que surtía a buena parte de la clientela industrial lombarda. Su primer propietario fue, en efecto, un industrial de Milán, y con él arranca una cadena de dueños que conviene leer despacio: explica buena parte del atractivo del lote.
En 1970 el coche cruzó los Alpes y pasó a Suiza. Cuatro años más tarde lo adquirió un comerciante de flores que lo revendió apenas cinco meses después, y poco después el biplaza desembarcaba en Estados Unidos. Allí, durante varios años de propiedad californiana, recibió un cambio de color al rojo, gesto habitual en un mercado, el americano, donde el resale red vendía mejor que cualquier plateado.
Ya en la costa Este, en la década de 2010, el coche acabó en manos de F40 Motorsports, que hace unos cinco años acometió una puesta a punto con repintado en el Argento de fábrica y nueva tapicería en cuero tan.
El proyecto cambió de dueño antes de concluir y el coche terminado, ya en manos de un propietario de Long Island, se llevó un premio de clase en el Greenwich Concours d’Elegance de 2024. El informe de Marcel Massini que acompaña al lote fecha los trabajos hacia 2021 y detalla colores originales, numeración de componentes y fechas de montaje, lo que convierte al chasis 10367 en un ejemplar plenamente trazable.
Trazar la vida de un chasis es más difícil que restaurarlo: aquí están los nombres, las fechas y hasta el color que llevaba cada dueño.
Un Colombo de 4,0 litros con transaxle trasero
La mecánica no ha sufrido injerencias: el Tipo 209 es un V12 Colombo de 4,0 litros con un árbol de levas en cabeza por bancada, tres carburadores Weber, doble encendido Marelli y dos radiadores de aceite. La transmisión llega al tren posterior por tubo de par, con caja de cinco velocidades en configuración transaxle, un esquema que Ferrari había puesto en serie con el 275 GTB y que reparte mejor el peso.
Bajo la carrocería, la suspensión es independiente en las cuatro ruedas, con dobles triángulos, muelles helicoidales y amortiguadores tubulares. Los frenos, de disco asistidos, montan pinzas de tres pistones por rueda, y las llantas Borrani de 14 pulgadas con cierre de orejetas calzan neumáticos Michelin XWX en medida 205/70 VR14 con fecha de fabricación de 2023; la rueda de repuesto, idéntica, viaja en el maletero.
El habitáculo se rehízo en cuero tan sobre asientos, paneles y contraportones, con salpicadero y consola en negro, moqueta oscura y techo acanalado en tono crema. La instrumentación Veglia Borletti incluye un velocímetro de 300 km/h y un cuentarrevoluciones con zona roja a 7.000 rpm; el odómetro marca 28.000 kilómetros, apenas 350 de ellos recorridos con la propiedad actual. Hay dos añadidos contemporáneos, ambos reversibles: un receptor Bluetooth oculto instalado en diciembre de 2025 y un equipo de aire acondicionado eléctrico.
La carrocería que Pininfarina firmó para Ginebra
El 330 GTC se presentó en el Salón de Ginebra de 1966 con carrocería de Pininfarina, que combinó la delantera heredada del 500 Superfast con un perfil posterior redondeado tomado del 275 GTS, todo sobre la batalla de 2.400 mm del 275 GTB. De ahí vienen los paragolpes partidos, las aletas ventiladas, las tomas circulares del panel trasero y los cuatro escapes. Un ejercicio de continuidad estilística que hoy se lee como la quintaesencia del gran turismo italiano de los sesenta.
Conviene precisar un detalle que el nombre confunde: el 330 GTC no es un 2+2, sino un biplaza estricto. El puesto de la familia lo ocupaba el 330 GT 2+2, con el que comparte apellido y cilindrada, pero no arquitectura ni clientela. De los 598 ejemplares fabricados entre 1966 y 1968, una parte se quedó en Europa y otra cruzó el Atlántico, lo que ha hecho del modelo una de las vías más razonables de entrar en el V12 de carretera de Maranello, lejos del vértigo económico que rodea a las variantes más deportivas.
Lo que el mercado mira antes de pujar
La procedencia documentada es, en este segmento, el principal componente del precio. Un informe como el de Massini, que cruza números de componente, colores y fechas de montaje, separa a un coche trazable de otro idéntico sin papeles, y es el argumento con el que el vendedor, un socio local de la propia plataforma, afronta la puja. La cadena Milán-Suiza-California-costa Este, con nombres y años, sitúa al chasis 10367 en el grupo selecto de los ejemplares con historia verificable.
Hay, sin embargo, dos elementos que el comprador debería sopesar antes de pujar. El primero es el repintado: el coche fue rojo durante décadas y hoy luce el Argento original, lo que satisface al purista, pero borra una capa de su propia historia. El segundo es el título de Montana, que arrastra la advertencia de discrepancia en el cuentakilómetros: los 28.000 kilómetros no se consideran reales a efectos administrativos y esa marca viajará con el coche en cualquier transmisión futura.
Merece la pena verificar los números de motor y caja contra el informe, revisar la holgura del tubo de par y confirmar que el aire acondicionado y el receptor Bluetooth puedan retirarse sin dejar huella en el salpicadero. Bring a Trailer ha trasladado al escaparate digital buena parte del volumen del coleccionismo accesible, y lotes como este, con documentación, premio de concurso y un pasado reconstruible, son el mejor termómetro de cuánto pesa la trazabilidad frente al color. La puja sigue abierta.

