Ponerse al volante cuando el sol se pone es una de las situaciones que más temor genera entre los conductores, y no es para menos. Incluso personas con muchos años de carnet se tensan cuando tienen que conducir de noche. La visibilidad se reduce de forma drástica, el cansancio empieza a pasar factura y nuestro entorno parece transformarse en algo completamente distinto.
Sin embargo, circular de noche es algo inevitable en nuestro día a día, ya sea por trabajo, por un viaje o por muchas otras situaciones. Por eso, Rubén, profesor de autoescuela, quiere compartir las claves para que pierdas el miedo.
Conducir sin luz natural es todo un reto

Conducir de noche implica que tu capacidad visual caiga en picado. El campo de visión puede reducirse hasta un 70 por ciento comparado con un día despejado. Además, perdemos precisión a la hora de calcular distancias y de distinguir los colores reales de los objetos. Esto significa que tu cerebro tarda más tiempo en procesar lo que ocurre a tu alrededor. Para compensar esta pérdida de facultades naturales, el primer paso es que tu coche esté en perfecto estado. No puedes permitirte circular con un faro fundido o con las ópticas mal reguladas.
Revisar las luces del coche con frecuencia debería ser una rutina. Unos faros que apuntan demasiado bajo no te dejarán ver el peligro a tiempo, y unos que apuntan muy alto deslumbrarán a los demás conductores, creando una situación de riesgo innecesaria. Además, limpiar los cristales de los faros y el parabrisas es algo esencial, aunque muy pocos lo hacen. El polvo y la suciedad acumulada hacen que la luz se disperse y pierda potencia. Si mantienes los cristales perfectos, notarás una mejora inmediata en la claridad de la carretera al conducir de noche.
El buen uso de las luces es algo que debes dominar para no llevarte un susto. Las luces de cruce son obligatorias, pero saber cuándo pasar a las largas es fundamental. Debes usar las luces de carretera siempre que circules por vías fuera de poblado poco iluminadas y no haya riesgo de deslumbrar a nadie. Pero ten cuidado, porque las luces largas pueden rebotar en las señales de tráfico grandes y acabar molestándote a ti mismo. En cuanto veas aparecer a otro vehículo, ya sea de frente o delante de ti por el retrovisor, cambia a las de cruce para no cegar al otro conductor.
Si por un descuido otro coche te deslumbra con sus luces largas, no cometas el error de mirar a sus faros. Ese destello puede dejarte ciego durante unos segundos muy valiosos. Lo mejor que puedes hacer en ese caso es dirigir tu mirada hacia la línea blanca que delimita el carril por el lado derecho. De esa forma, mantienes la referencia de la carretera sin recibir el impacto directo de la luz en tus pupilas. Recuerda que la máxima al conducir de noche es ver, pero sobre todo facilitar que los demás te vean sin molestias.
El peligro de la fatiga al conducir de noche

El cansancio es, sin duda, el enemigo más letal de la conducción nocturna. Nuestro cuerpo está programado de forma natural para dormir cuando está oscuro, y luchar contra el ritmo circadiano es una batalla perdida si no tomas precauciones. La falta de luz solar favorece que aparezca la somnolencia mucho antes de lo que imaginas. Además, tus ojos se cansan más rápido al tener que esforzarse constantemente para identificar formas en la penumbra. Si llevas gafas, este esfuerzo es todavía mayor, por lo que es recomendable que uses cristales con tratamiento antirreflejante para minimizar los destellos de otros vehículos.
Para evitar que el sueño te gane la partida,es vital que descanses bien antes de iniciar cualquier trayecto nocturno. Dormir menos de seis horas multiplica por tres las posibilidades de tener un accidente. Durante el viaje, no esperes a estar agotado para parar; haz pausas cada dos horas para estirar las piernas y airearte.
También es muy importante lo que comes. Una cena pesada o con muchas grasas te dará una modorra insoportable al rato de sentarte al volante. Por supuesto, el alcohol debe ser cero, ya que sus efectos negativos se potencian enormemente con la oscuridad y el cansancio.
Muchos conductores cometen el error de poner la calefacción muy alta cuando hace frío fuera. Un habitáculo demasiado caldeado es una invitación directa al sueño. Lo ideal es mantener una temperatura fresca y agradable que te mantenga alerta. Además, ten mucho cuidado con la luz interior del coche. Si llevas encendida la luz de cortesía o tienes la pantalla del navegador con demasiado brillo, tus pupilas se cerrarán y te costará mucho más ver lo que sucede fuera, en la oscuridad de la carretera.
Si en algún momento sientes que los párpados te pesan o que empiezas a parpadear más de la cuenta, para de inmediato en un lugar seguro. No intentes aguantar para llegar a tu destino. No hay ninguna prisa que valga una vida. A veces, una pequeña siesta de veinte minutos en un área de servicio es suficiente para recuperar la atención necesaria y terminar el viaje sin riesgos. La humildad al volante consiste en reconocer cuándo tu cuerpo te está pidiendo un respiro y hacerle caso sin dudar.
Errores que hay que desterrar

Es muy común que, al ver la carretera vacía, nos confiemos y bajemos la guardia. Este exceso de confianza es un error de bulto. El hecho de que no veas coches no significa que la carretera esté despejada. En cualquier momento puede aparecer un animal cruzando la calzada, un obstáculo que se ha caído de un camión o un peatón que camina sin prendas reflectantes. Por eso, debes mantener la misma atención, o incluso más, que si estuvieras en hora punta. La noche no permite distracciones porque el margen de error es mínimo.
Otro fallo recurrente es no mirar los retrovisores con la frecuencia necesaria. En la oscuridad, es mucho más difícil calcular a qué velocidad se acerca un coche por detrás solo con ver sus dos puntos de luz. No te fíes de las distancias aparentes y asegúrate bien antes de realizar cualquier cambio de carril.
También es muy importante tener siempre los cristales desempañados. Cualquier rastro de vaho o suciedad en el parabrisas hará que las luces de las farolas y de otros coches creen reflejos molestos que te impedirán ver con claridad el trazado de la carretera.
Si todavía te sientes inseguro conduciendo de noche, lo mejor es que vayas paso a paso. No intentes hacer un viaje de quinientos kilómetros por rutas desconocidas a la primera. Empieza por trayectos cortos que conozcas bien durante el día. De esta forma, ya sabrás dónde están las curvas, las señales y las salidas, lo que te permitirá centrarte únicamente en gestionar la falta de luz. Poco a poco, tu cerebro se acostumbrará a las nuevas referencias visuales y ganarás la soltura necesaria para enfrentarte a cualquier situación.
Aprovecha las marcas de la carretera, ya que las líneas blancas y los reflectantes de los arcenes están ahí para guiarte cuando la visibilidad es nula. Son tus mejores aliados para saber por dónde va el carril.
Si mantienes la calma, revisas tu vehículo y aplicas estos consejos, verás que la noche deja de ser un obstáculo para convertirse en un entorno de conducción tranquilo y seguro. Recuerda que la prudencia y la atención constante son las mejores herramientas que puedes llevar.








