El Concurso de Elegancia Costa del Sol reúne a coleccionistas internacionales con clásicos y superdeportivos únicos

La segunda edición del certamen celebró cuatro jornadas en Marbella con unos 250 invitados y más de cien coches repartidos en seis categorías. El premio absoluto fue para un Mercedes-Benz SL Gullwing, en un evento sin entradas a la venta.

Marbella reunió a 250 coleccionistas internacionales y más de 100 coches de colección en el Concurso de Elegancia Costa del Sol.

Un concurso cerrado con más de cien coches y 250 invitados

La segunda edición del certamen volvió a ser un encuentro cerrado: cerca de 250 personas acreditadas, ningún acceso para el público general y cuatro jornadas de actividades repartidas entre el 1 y el 4 de octubre. En los concursos de elegancia de este nivel, el aforo se limita por diseño, no por falta de demanda.

Un concurso de elegancia no es una feria al uso. Los coches se juzgan por estado de conservación, originalidad, historia documentada y rareza, y el palmarés pesa después en el valor de mercado de cada unidad. Por eso importa tanto quién gana como quién se sienta en el jurado.

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Buena parte de los invitados compartía apellido: Piëch. La familia, ligada históricamente a Porsche y a la cúpula del grupo Volkswagen, impulsa esta cita junto a la comunidad automovilística y de estilo de vida con sede en Marbella que asume la nueva dirección del evento. Con ese apellido en la lista de invitados, la presencia de Bugatti estaba cantada.

Los asistentes llegaron desde distintos puntos de Europa, desde Estados Unidos y desde Oriente Medio. Es el perfil de una comunidad que se mueve por invitación y no por calendario de ferias, y que en esta segunda edición superó el centenar de coches reunidos.

Un concurso que reúne a 250 invitados y a ningún espectador mide su éxito con un criterio distinto al del resto del lujo: la dificultad de entrar.

Seis categorías y un Mercedes-Benz SL Gullwing como ganador

eventos clásicos internacionales

El jurado repartió los coches en seis categorías: hypercars, restomods, superdeportivos clásicos de los años 80 y 90, clásicos de preguerra, clásicos de posguerra y competición. La clasificación cubre casi todo el espectro del coleccionismo actual, del superdeportivo analógico al motor de competición restaurado.

En el apartado absoluto, el Best of Concours recayó en un Mercedes-Benz SL Gullwing, la silueta de puertas de ala de gaviota que sigue siendo uno de los iconos más deseados del coleccionismo mundial. Su victoria en Marbella vuelve a situar a un clásico alemán de posguerra en lo más alto de un certamen internacional.

Ese palmarés dibuja a un coleccionista que ya no se limita a una sola época. El mismo propietario que guarda un clásico de posguerra puede tener en el garaje un hiperdeportivo de producción limitada o un restomod construido a medida, y los concursos han empezado a reflejar esa mezcla en sus categorías.

Lo que el concurso dice de España y del coleccionismo europeo

España no figura habitualmente entre las plazas de referencia del coleccionismo internacional. Ese circuito lo dominan citas con décadas de historia, como el concurso de Pebble Beach en California o el de Villa d’Este en el lago de Como, donde las casas de subastas y los grandes museos privados marcan el ritmo. Que Marbella haya reunido a unos 250 coleccionistas y más de cien coches en su segunda edición indica que hay espacio para una escala distinta: menos volumen y más concentración.

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La baza española es reconocible: clima benigno, infraestructura hotelera de primer nivel y una afición a los clásicos con actividad durante buena parte del año. A eso se suma ahora un vínculo directo con una de las sagas más influyentes del automóvil europeo, algo que ningún patrocinio puede comprar.

Lo que conviene vigilar es la continuidad. Un evento así depende de que las colecciones internacionales sigan viendo interés en desplazarse hasta el sur de España y de que la organización sostenga el nivel de la lista de invitados.

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Para el aficionado español, la lectura es doble. Por un lado, confirma que el país puede acoger un concurso de este rango sin renunciar a su carácter cerrado. Por otro, refuerza la visibilidad de un mercado de clásicos que cada vez mira más a compradores europeos. La próxima edición será la prueba de fuego: si el nivel de coches y de invitados se mantiene, la Costa del Sol habrá conseguido algo difícil de fabricar, una plaza propia en el calendario internacional.