El Alonso del Dakar 2027 ya no es una hipótesis: rodó con Prodrive en Marruecos y desmiente su versión de Singapur.
La imagen vale más que cualquier nota de prensa. El piloto asturiano se subió la semana pasada a un coche de la estructura británica en el desierto marroquí y le fotografió Gerard Farré, periodista especializado que estaba en la zona por otro asunto y se topó con el test ya montado. En el encuadre aparece también Marc Coma, su copiloto en la primera incursión dakariana. Sin comunicado, sin puesta en escena y sin logo de por medio: arena, un coche y dos personas que no deberían estar ahí si el proyecto no estuviera en marcha.
El relato oficial duró lo que tardó alguien en sacar una cámara. Cuando se publicó el adelanto, Alonso respondió en Singapur con una frase que hoy suena a borrador: ‘He leído los rumores, no creo que sean compatibles las exigencias físicas del Dakar y la Fórmula 1’. Añadió que sería él quien diera las noticias sobre su futuro. Dicho y hecho: la noticia la dio el desierto.
Marruecos, Prodrive y un test que ya no admite interpretaciones
Un ensayo de rally raid no se improvisa. Se planifica con meses de antelación: coche preparado, asistencia, neumáticos de arena y reconocimiento de pistas. Que la prueba se haya producido a tres meses del Dakar 2027 no es casualidad, es el último bloque de una preparación que arrancó mucho antes de que el propio piloto la negara en un hospitality de Marina Bay.
La operación la adelantó SoyMotor y los indicios sobre el terreno apuntan en la misma dirección: el objetivo es competir, no hacer una exhibición promocional. Eso sí, la confirmación formal tendrá que llegar por vía organizativa, con la inscripción presentada y el nombre en la lista de participantes. Hasta entonces, todo lo demás es liturgia.
Y conviene decirlo sin rodeos: nadie cruza medio mundo para hacer dunas por gusto.
Un piloto de Fórmula 1 no se prepara para el Dakar en octubre para luego no correrlo. Se prepara porque en enero habrá una salida.
Aston Martin hereda el trono que Dacia deja vacío
El detalle que convierte esto en algo más que una aventura personal es la estructura. Prodrive es el equipo que ganó el Dakar la temporada pasada, y lo hizo bajo bandera de Dacia. La marca rumana ha decidido salir del rally raid y el hueco lo ocupa Aston Martin, que teñirá de verde una estructura ya campeona. No hay que construir nada: hay que pintarlo.
El reparto de oficio dice más que cualquier comunicado. Coma vuelve como copiloto —ya lo fue en 2020, en el primer Dakar del asturiano— y Nasser Al-Attiyah, vigente campeón, aparecerá como asesor de lujo y compañero de estructura. Traducido al lenguaje del desierto: Alonso no llega a aprender, llega a ejecutar rodeado de quien ya sabe. Será su segundo Dakar.
La lectura industrial es más interesante que la deportiva. Aston Martin coloca a su embajador más visible en la prueba de resistencia con mayor alcance mediático del calendario, y lo hace con el mismo apellido que exhibe en Fórmula 1. Un solo nombre, dos campeonatos, ningún espacio publicitario que comprar. La marca se ahorra el coste de construir notoriedad en los mercados donde el rally raid sí mueve agujas.
El precedente de Indianápolis: Alonso solo corre cuando el calendario se lo permite
Aquí está la clave de por qué este movimiento parecía imposible y por qué ahora encaja. En 2017 se saltó el Gran Premio de Mónaco para disputar las 500 Millas de Indianápolis: fue su manera de demostrar que solo acepta un desafío cuando el hueco en el calendario es real. En 2020, ya fuera de la Fórmula 1, corrió su primer Dakar. Nunca antes había intentado compatibilizar ambas cosas al mismo tiempo.
La pregunta, por tanto, es puramente logística. El Dakar se disputa en enero, justo cuando la Fórmula 1 afronta los test de pretemporada y a pocas semanas del arranque del campeonato. Ningún equipo regala ese tiempo… salvo que el piloto en cuestión sea la principal palanca comercial del proyecto y la estructura tenga banquillo suficiente para cubrir los ensayos sin él.
A ese dato le falta un matiz que también juega a favor: la ubicación. La inestabilidad de Arabia Saudí y del conjunto de Oriente Medio hace cada vez más probable que la prueba se traslade a Marruecos, el mismo país donde se ha rodado el test. Menos husos horarios, menos logística, menos riesgo. Y un escenario con salida cercana a Europa que dispara el interés en España, donde el seguimiento mediático del Dakar no tiene parangón en ningún otro mercado del continente.
Ese es el cálculo real. Un Dakar en Marruecos no solo le simplifica la vida a un piloto de Fórmula 1: convierte la prueba en un evento europeo, con todo lo que eso significa para patrocinadores, televisiones, y para una marca que vende coches en Madrid y en Múnich.
Lo que queda por ver es el guion de la confirmación. La organización publica la lista de inscritos antes de que cierre el año, y ese será el momento en el que el rumor se convierta en papel oficial, según el calendario habitual de la web oficial del Dakar. Hasta entonces, Alonso conserva una ventaja: ya no tiene que mentir.
Análisis de Impacto Motor16
- Dato de mercado: Prodrive entrega un coche ganador y un palmarés reciente; Aston Martin aporta presupuesto y visibilidad global. El traspaso de Dacia a la marca británica deja el proyecto con la misma base técnica que ganó en 2026 y un retorno de imagen imposible de comprar con publicidad convencional.
- El rumor: la sede. La inestabilidad en Oriente Medio empuja la prueba hacia Marruecos, y ese movimiento altera el mapa de patrocinios y audiencias de toda la categoría. La lista de inscritos será la prueba documental.
- Veredicto: el test confirma de facto el debut. El riesgo ya no es deportivo, es de calendario: enero choca de frente con la pretemporada de Fórmula 1 y ahí se decidirá si es un Dakar de verdad o un acto de marca con copiloto de lujo.

