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Hans (55), turista: «En Alemania usamos para la carretera algo que en España tiráis a la basura»

Alemania revoluciona la seguridad vial este invierno utilizando un producto totalmente inesperado.

Cuando abrimos un bote de conservas, lo primero que hacemos suele ser tirar el líquido. Pero en Alemania, ese gesto ha dejado de ser lo habitual. De hecho, este invierno están utilizando ese recurso para evitar que los coches patinen cuando el termómetro baja de los cero grados.

Es una de esas curiosidades que demuestran que, a veces, la solución a un gran problema de ingeniería civil está guardada en la despensa de nuestra cocina.

El secreto que llega desde las plantas de conservas de Alemania

bote de pepinillos en salmuera, solución contra el hielo en Alemania
Fuente: Pexels

Cuando llega el frío intenso, la prioridad de cualquier servicio de mantenimiento de carreteras es evitar que se forme hielo. Tradicionalmente, esto se ha hecho lanzando toneladas de sal de roca sobre el asfalto. Pero en Alemania han decidido dar un paso más allá y mirar hacia la industria alimentaria. El producto estrella de esta revolución no es un químico sofisticado creado en un laboratorio de alta tecnología, sino el agua de fermentación de los pepinillos.

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Imagina estas enormes factorías donde se preparan encurtidos a escala industrial. Durante el proceso, se generan ingentes cantidades de salmuera que, hasta hace no mucho, terminaban siendo un residuo molesto. Sin embargo, se dieron cuenta de que este líquido tiene unas propiedades anticongelantes espectaculares. No se trata de usar el líquido exacto que encuentras en el supermercado, porque ese tiene una concentración de sal demasiado baja para lo que necesita una autopista. Lo que se utiliza es el agua del proceso de producción primario, que después se filtra y se trata para que sea perfecta para el asfalto.

Seguramente piensas que la sal de toda la vida es suficiente. Al fin y al cabo, es lo que hemos visto siempre detrás de los camiones de mantenimiento. Pero la sal sólida tiene varios problemas. El principal es que, cuando un camión la esparce, muchos granos rebotan y terminan en la cuneta, contaminando la tierra y no haciendo nada por el coche que viene detrás. Además, la sal necesita un poco de humedad para empezar a actuar y derretir el hielo. Si el ambiente es muy seco, la sal sólida tarda mucho más tiempo en ser efectiva.

Aquí es donde entra en juego el ingenio de Alemania. Al usar una solución líquida, como es el agua de los pepinillos tratada, el efecto es inmediato. Este líquido se pega al asfalto de una forma mucho más eficiente. No se vuela con el viento ni sale despedido por el paso de los neumáticos. Además, los técnicos alemanes han comprobado que esta mezcla es capaz de mantener la carretera segura incluso cuando las temperaturas caen hasta los 18 grados bajo cero. Es una resistencia que la sal común a veces no puede garantizar de forma tan directa y limpia.

El ejemplo del aeropuerto de Múnich y la fábrica de BMW

estadio Bayern Munich
Fuente: Agencias

Si crees que esto es solo una anécdota de un pueblo pequeño, te equivocas por completo. Uno de los lugares donde más se cuida la seguridad es en las pistas de aterrizaje. Imagina la responsabilidad que supone que un avión de cientos de toneladas no resbale al tocar tierra. Pues el Aeropuerto de Múnich, el segundo más importante de Alemania, ya utiliza este sistema de salmuera reciclada para mantener sus pistas operativas durante los duros inviernos bávaros.

Pero la cosa no se queda ahí. Gigantes de la automoción como BMW también se han sumado a esta tendencia. En su complejo principal de Dingolfing, utilizan este líquido de pepinillos para limpiar y proteger todos los viales internos de la fábrica. Lo hacen porque han entendido que es una forma inteligente de ser sostenibles. En lugar de fabricar sal nueva, aprovechan algo que ya existe y que, de otro modo, se perdería por el desagüe. Es el ejemplo perfecto de economía circular aplicada a la seguridad vial.

Ahora bien, si es tan bueno, ¿por qué no se hace en todas partes del mundo de forma masiva? La respuesta, como casi siempre, está en el dinero. Actualmente, comprar una tonelada de sal de roca convencional es bastante barato. Los precios suelen rondar entre los 70 y los 90 euros por tonelada. Es una solución muy accesible para cualquier ayuntamiento o administración que necesite llenar sus almacenes antes de que lleguen las primeras nevadas.

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El agua de pepinillos procesada, aunque es un residuo reciclado, requiere una logística y un tratamiento que elevan su precio. Se calcula que puede llegar a costar hasta tres veces más que la sal tradicional. Esto hace que, de momento, sea una opción que se elige más por convicción ecológica y eficiencia técnica que por ahorro directo de presupuesto. Sin embargo, si tenemos en cuenta que se desperdicia mucho menos producto y que el impacto ambiental en los márgenes de la carretera es menor, la balanza empieza a equilibrarse para aquellos países que miran a largo plazo.

¿Usaremos este sistema este sistema?

hielo en carretera
Fuente: Agencias

Aunque parezca algo de ciencia ficción o un invento exclusivo de Alemania, en nuestro país también se están haciendo pruebas y se utiliza la salmuera en ciertos tramos. El problema es que aquí no tenemos esa cultura de aprovechar el residuo de la industria del encurtido de la misma manera que ellos. Nosotros solemos recurrir a las empresas salineras tradicionales, que son muy potentes en nuestra geografía.

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Cuando ocurrió la famosa borrasca Filomena, España tuvo que movilizar más de 500.000 kilos de sal para intentar que el país no se detuviera. En situaciones de emergencia tan extrema, la logística manda y se utiliza lo que se tiene más a mano y en mayor cantidad. Pero el debate está abierto. Cada vez que tiras el líquido de una lata de aceitunas o de pepinillos, piensa que en Alemania hay camiones esperando ese recurso para que los conductores lleguen sanos y salvos a sus casas.

Al final, se trata de conducir con tranquilidad, sabiendo que bajo tus ruedas hay ciencia, sentido común y, quién lo diría, un poquito de sabor a vinagre trabajando para que el hielo no sea una trampa mortal.