Robert Downey Jr. se sentó al volante de este coche en Los Vengadores. No tiene faros. No tiene manillas en las puertas. No tiene capota, ni ventanillas, ni limpiaparabrisas. Y aun así alguien pagó 252.188 dólares por llevárselo. Doug DeMuro lo ha repasado pieza a pieza en su último vídeo y su veredicto es difícil de discutir: pocos objetos de cine llegan al mercado con tantas capas de historia encima.
Un concepto que se estrenó en el cine
El NSX que aparece en la película de 2012 no es un NSX de producción. DeMuro lo aclara desde el arranque: la base es el concept car de Detroit 2012, un cupé que Acura presentó en enero de ese año y que apenas cuatro meses después reapareció en pantalla convertido en roadster. La marca enseñó el techo cerrado en el salón y el abierto en el cine. Nunca hubo versión de calle de ninguno de los dos.
El coche conserva la matrícula de utilería, Stark 33, Nueva York, visible en varias escenas del metraje. Para el presentador ese detalle es la prueba de que no estamos ante una réplica montada a posteriori, sino ante la unidad que rodó. Acura la ha guardado en su colección privada desde entonces y solo la ha sacado en contadas ocasiones, casi siempre ligadas a lanzamientos o eventos de marca.
Debajo de la fibra hay un NSX de 1991
Aquí llega el giro que más entusiasma a DeMuro. La carrocería es de fibra de vidrio y se hizo desde cero, molde a molde, sin trasplantar paneles del futuro NSX de 2017. Pero debajo de esa piel hay un NSX original de 1991 que la marca compró expresamente para reconvertirlo en concept. Motor central, cambio manual, cero hibridación.
El presentador insiste en la diferencia: la mayoría de coches de cine se montan sobre plataformas de fortuna, con chasis de desguace y apaños para que rueden treinta segundos. Este no. Y eso, argumenta, lo convierte en un objeto doblemente extraño: utilería de rodaje y prototipo de salón al mismo tiempo. La pista visual está en la vía trasera, más estrecha de lo que corresponde a un coche moderno, porque debajo sigue latiendo la geometría de los noventa.
Faros pintados y un parabrisas de PT Cruiser
El repaso a las rarezas es donde el vídeo se vuelve más entretenido. Los faros delanteros son moldura pintada. No hay intermitentes delanteros. Los pilotos traseros se activan con un mando a distancia conectado a una batería maestra y no responden al pedal del freno. No existen manillas exteriores: hay que abrir desde dentro tirando de la maneta interior. Los retrovisores se desmontan antes de conducir porque, según explica DeMuro, acaban desprendiéndose y cayendo al suelo.
Tampoco hay entradas de aire laterales, algo que importa poco cuando el coche solo tiene que rodar un minuto en pantalla, y el parabrisas procede de un Chrysler PT Cruiser descapotable. El creador del vehículo probó varios hasta dar con el que encajaba. DeMuro confiesa que el resultado le parece impecable: la inclinación, la anchura, todo. Aunque el mérito sea del azar.
El descapotable que Acura nunca se atrevió a vender
El NSX original tenía techo desmontable. El concept recuperó esa idea, la llevó al extremo y la marca la usó como escaparate. Después, cuando el NSX de nueva generación llegó al mercado en 2017, el descapotable nunca apareció. DeMuro sostiene que sí estuvo en los planes y que las ventas flojas del híbrido de seis cilindros enfriaron la inversión. Su conclusión es que este coche de cine es el único NSX moderno con techo abierto que ha existido jamás.
Bajo la carrocería futurista hay un NSX de 1991 con cambio manual: es el NSX perfecto, aunque sea un coche de cine.
— Doug DeMuro
Hay que subrayar un matiz que el presentador repite varias veces: no es un descapotable, porque no hay capota que se pliegue en ningún sitio. Es un roadster a cielo abierto, sin techo, sin ventanillas y sin limpiaparabrisas. Un vehículo pensado para climas cálidos y para rodar en plano corto, no para la vida diaria.
Subasta benéfica y un precio de 252.188 dólares
Acura puso la unidad en manos de Cars & Bids, la plataforma de subastas online, con fines benéficos: el comprador podía destinar el importe del remate a la causa que eligiera. El coche se exhibió en el Las Vegas Concours, en el espacio de la marca, coincidiendo con el cierre de la puja. La operación convirtió una pieza de archivo en un objeto de colección con precio público y, de paso, en una acción de marketing difícilmente superable.
El remate final quedó en 252.188 dólares. Para poner la cifra en contexto: un NSX de 2017 con pocos kilómetros se mueve hoy en una horquilla muy inferior, y un NSX original de 1991 en buen estado tampoco se acerca a esas cantidades. Lo que se pagó aquí no fue un coche, fue una historia verificable encima de un chasis.
Qué significa esto para el coleccionista
El mercado de coches de cine vive una burbuja selectiva desde hace años. Los vehículos con documentación de rodaje y trazabilidad de fabricante se han revalorizado, mientras que las réplicas sin papeles se han quedado estancadas. Este NSX encaja en la primera categoría con una ventaja poco habitual: no es solo una pieza de atrezo, es también el antecesor directo de un modelo de producción. Eso le da dos públicos a la vez, el coleccionista de memorabilia y el aficionado a la marca.
Tiene también sus servidumbres. Un coche sin faros homologados, sin limpiaparabrisas y con retrovisores de quita y pon no se puede usar en carretera sin una reforma profunda que, probablemente, destruiría parte de su valor. Es una pieza de exposición, de garage climatizado y de salida ocasional en remolque. Aunque el coche no tiene faros ni intermitentes, si conserva los pilotos traseros, y ese detalle cosmético es casi lo único que lo emparenta con un vehículo convencional.
La otra lectura es industrial. Acura enseñó en 2012 cómo habría sido su deportivo abierto y nunca lo fabricó. Diez años después, ese ejercicio de diseño se ha vendido por más que muchos modelos de serie nuevos. La conclusión que extrae DeMuro, y que comparto, es que el descapotable se cayó por números, no por falta de acierto estético.
Queda la pregunta incómoda. Si el comprador puede deducir el importe como donación benéfica, ¿cuánto de esos 252.188 dólares corresponden al coche y cuánto a la causa? Nunca lo sabremos. Los coches de cine siempre esconden su precio real detrás de una pantalla.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Doug DeMuro en YouTube.

