Leclerc manda en la FP2 del GP de Austin, pero la mejora que Ferrari ha traído a COTA vale, según el propio equipo, una sola décima.
El monegasco firmó 1:35.291 con el blando y dejó a Kimi Antonelli a 42 milésimas. Verstappen, tercero, se quedó a 189 milésimas con el mismo compuesto. Los tres abrieron un hueco que nadie más pudo cerrar: Hamilton, cuarto, cedió seis décimas. Y Leclerc ya había ganado la FP1 por delante del neerlandés. Doblete de Ferrari en las dos sesiones libres, sí, pero con matices que conviene ordenar antes de sacar conclusiones.
Cuarenta y dos milésimas sobre Antonelli y un segundo sobre McLaren
COTA, el Circuito de las Américas, castiga la puesta a punto antes que el motor. Asfalto bacheado, un primer sector de eses encadenadas que se come los blandos y una zona final con muy poca adherencia. Las vueltas rápidas con compuesto blando dejaron imágenes elocuentes: Russell perdió el Mercedes en la parte más rápida de las eses y lo salvó por reflejos, y Norris se salió con un coche que botaba más de lo que giraba.
Ese es el dato que ordena la tabla. Norris séptimo y Piastri octavo, a un segundo. El líder del campeonato es Antonelli y, sin embargo, el viernes dejó a Mercedes segundo con un coche que a una vuelta parece más consistente que el de Woking. Russell fue quinto tras el susto, Lawson sexto con Racing Bulls, Hadjar noveno con el Red Bull y Bearman décimo. Hamilton, a seis décimas, no cerró una vuelta limpia antes de pasarse a la simulación de carrera.
La mejora del SF-26 que solo vale una décima

Fondo plano nuevo y pontones rediseñados. Es el paquete que Ferrari ha desembarcado en Austin para corregir la falta de carga en el eje delantero y estabilizar la parte trasera en las curvas lentas. La estimación interna que se maneja en el paddock habla de una décima por vuelta. En un trazado de 5,5 kilómetros y veinte curvas, eso es ruido. No es una actualización: es un ajuste fino.
Con ese margen, la lectura del viernes cambia. Las mejoras del equipo italiano no han encontrado un salto de rendimiento; han encontrado un coche que por fin responde a lo que pide Leclerc. Y ahí Carlos Sainz, vigésimo con el Williams, es la otra cara de la moneda: sin piezas de ese calibre, el español pelea por salir del pozo. Cosas del reparto de recursos.
Una décima no gana campeonatos, pero decide quién sale en pole y quién mira desde la tercera fila.
Ahora la parte incómoda. Si la mejora vale una décima y el margen sobre Antonelli son 42 milésimas, el sábado puede pasar cualquier cosa. Un cambio de viento, una pista más caliente, un juego de blandos con una vuelta menos. La pole del GP de Estados Unidos de F1 se va a decidir en el tercer sector, y ahí Ferrari ha sido más fuerte que Red Bull este viernes.
Austin como juez: por qué una décima pesa más aquí que en Monza
Hay un precedente que explica mejor que cualquier telemetría lo que está pasando. Los circuitos de asfalto irregular y baja adherencia premian la previsibilidad del coche por encima del pico de carga aerodinámica. Por eso los equipos que traen paquetes a medio desarrollar brillan en la simulación y desaparecen el domingo: el piloto no puede explotar una carga extra que no llega de forma constante. Ferrari ha vivido esa película más de una vez, y COTA es el escenario perfecto para repetirla.
La comparación con sus rivales resulta útil. Mercedes y Red Bull han preferido no estrenar piezas en Austin y guardar sus paquetes para citas donde la correlación con el túnel de viento es más fiable. En el paddock se repite que traer mejoras a estas alturas del calendario es, sobre todo, una validación de cara al coche del año que viene: probar conceptos en pista real antes de congelar el diseño del siguiente monoplaza. Ferrari, con la pelea por el título abierta, no puede permitirse esperar y tampoco renunciar a esa validación.
Ahí está la tensión. El equipo necesita señales y las necesita ya, pero cada décima que encuentra en el túnel se diluye entre en en los baches de Austin. Lo hemos visto otras veces: cuando un paquete llega sin correlación, el viernes se celebra y el domingo se explica. La clasificación dirá si esa décima es real o solo un número en la hoja de cálculo, y la degradación del blando en carrera pondrá el resto. El calendario encara ya su tramo final y Ferrari no tiene margen para otro fin de semana con dos lecturas distintas.
Análisis de Impacto Motor16
- El dato: 42 milésimas entre Leclerc y Antonelli y una décima de ganancia estimada con el paquete nuevo. El coche más rápido del viernes no es el favorito en ritmo de carrera.
- El rumor: en Austin se da por hecho que parte de las piezas estrenadas son una validación para el monoplaza del próximo curso más que una solución inmediata. Sin confirmación oficial por parte del equipo.
- El veredicto: la pole se juega en el tercer sector y ahí Ferrari es competitivo. Si la degradación aparece en las eses, la décima se convierte en medio segundo en cinco vueltas.

