El BMW Alpina Roadster V8 número 544 de 555 ejemplares sale a subasta con 11.000 millas

El roadster de Buchloe conserva el V8 M62 de 4,8 litros y el Switch-Tronic de cinco marchas, con techo duro a juego y un único propietario desde 2003. La pegatina original documenta una entrega en Morristown BMW y un precio de tarifa de 139.295 dólares.

El BMW Alpina Roadster V8 con el número 544 de los 555 fabricados conserva 11.000 millas y se ofrece en subasta en Bring a Trailer. No es un Z8 más: es la variante que Alpina reescribió a su manera.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: Alpina descartó el V8 S62 de 4,9 litros y el cambio manual del Z8 para montar un M62 de 4,8 litros con Switch-Tronic de cinco marchas: menos potencia, más par y un planteamiento de gran turismo.
  • No te lo puedes perder: es la unidad 544 de 555, con techo duro pintado a juego, asientos calefactables en cuero Nappa Sport Red y la pegatina original de Morristown BMW.
  • Cifras y cotización: 375 hp y 396 lb-ft declarados de fábrica (380 CV y 537 Nm), 11.000 millas en el odómetro y un precio de tarifa de 139.295 dólares en 2003.

Un roadster que apenas ha rodado en veintitrés años

El coche se entregó nuevo a su actual propietario y llega al mercado en consignación a través de un concesionario asociado a la plataforma. La carrocería va pintada en Jet Black, con techo duro desmontable a juego y capota de lona negra. El vendedor incluye en la galería las fotografías de las imperfecciones de pintura, un ejercicio de transparencia que en este segmento vale tanto como el propio historial.

Calza llantas Ronal de 20 pulgadas con anchos escalonados y neumáticos Michelin Pilot Sport All Season 4 montados en marzo de 2023. El equipo de serie incluye faros de xenón con lavafaros, extractores de aire en las aletas delanteras con el emblema de BMW, tapas de retrovisor pintadas y pilotos traseros e intermitentes de tipo neón, ese rasgo que delata al Z8 a cien metros.

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Dentro, el cuero Nappa en Sport Red y negro se extiende desde los asientos calefactables y de reglaje eléctrico hasta el salpicadero, la consola y los paneles de puerta. Hay Harman Kardon, cargador de seis CD, navegación, aire acondicionado, control de crucero y arcos antivuelco forrados en piel. Entre los asientos, una placa certifica que se trata del chasis 544 de 555, y el forro del techo duro se ha sustituido.

La documentación acompaña al coche: pegatina original de la casa, manual del propietario, historial de servicio, funda, soporte para el techo duro, informe Carfax sin accidentes y un título de Florida que figura como duplicado. La ficha del lote recoge la entrega inicial en Morristown BMW, Nueva Jersey, y un precio de tarifa de 139.295 dólares.

Lo que Alpina cambió en el Z8, y por qué importa

Bajo el capó no hay un S62 de 4,9 litros como en el Z8 de serie, sino un M62 de 4,8 litros que Alpina compartía con el B10 V8 S. Conserva el doble VANOS, los cuerpos de mariposa individuales, la cadena de distribución de doble fila y los árboles de levas huecos. La potencia declarada era de 375 hp y 396 lb-ft, es decir, 380 CV y 537 Nm.

Alpina no afinó el Z8: lo reinterpretó. Renunció a la potencia y al cambio manual para ganar par, confort y velocidad de crucero.

La transmisión es un Switch-Tronic automático de cinco marchas, con botones en el volante y un indicador de marcha firmado por Alpina frente al conductor. La suspensión es más blanda que la del Z8 estándar y el chasis recurre al Control Dinámico de Estabilidad y al control de tracción All-Season. El velocímetro alcanza las 170 mph —274 km/h—, y el cuentarrevoluciones de 7.000 vueltas integra un reloj analógico en su esfera.

La decisión no fue un capricho. Alpina llevaba desde 1965 afinando BMW en Buchloe y desde 1983 figura como fabricante en el registro alemán: sus coches nunca fueron preparaciones, sino modelos con entidad propia. En esa lógica, el cambio automático no era una concesión al confort, sino la manera de construir un gran turismo capaz de cruzar un continente sin fatiga. El Z8 de serie era otra cosa: un deportivo de motor delantero con reparto de pesos equilibrado y vocación de circuito.

El mantenimiento reciente está documentado con precisión. En marzo de 2023 se cambiaron refrigerante, correas, batería, juntas de la tapa de balancines, bujías y cables; también los fluidos de caja y diferencial. En 2026 se han renovado el líquido de frenos, los silentblocks de los brazos de suspensión y las conducciones de la dirección asistida.

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Fisker, el 507 y el precio de ser un GT

El Z8 nació con la firma de Henrik Fisker y una deuda explícita con el 507 de los años cincuenta: paneles de aluminio sobre un bastidor espacial del mismo metal, proporciones de barchetta con techo y una zaga que recuperaba la memoria del roadster alemán de posguerra. Su producción, entre 1999 y 2003, rondó las 5.700 unidades según los registros de la marca; la del Alpina Roadster V8 se cerró en 555, fabricadas para el año modelo 2003 una vez extinguida la carrera comercial del Z8 convencional.

De ahí la paradoja. El Alpina es más raro, pero no necesariamente más deseado por el purista: renuncia al S62 de 400 CV, al cambio manual de seis marchas y a la rigidez de la suspensión original. Quien busca el Z8 como deportivo prefiere el de serie; quien lo busca como gran turismo de largo recorrido encuentra en el Alpina una respuesta más coherente que la que BMW se propuso dar.

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El kilometraje es el argumento decisivo. 11.000 millas en veintitrés años —unos 17.700 kilómetros— sitúan a esta unidad en el tramo alto del mercado. Que conserve un único propietario desde nuevo, con pegatina y manual originales, reduce el riesgo que siempre acompaña a estos coches: la reconstrucción silenciosa tras un golpe. El Carfax libre de daños refuerza esa lectura; el título duplicado de Florida es un trámite administrativo, no una tacha en el historial.

A diferencia de otros youngtimer con cotización cartografiada, el Alpina Roadster V8 apenas ha generado estadística de mercado: 555 coches no dan para construir una curva fiable de precios. La referencia más sólida sigue siendo la pegatina original, esos 139.295 dólares de 2003, y lo que la puja esté dispuesta a añadir sobre ellos. La rareza numérica juega a favor; la ausencia del manual, en contra. El mercado lo sabe y el mercado lo dirá.