Tesla Roadster propulsores: cómo se pega al suelo, gira en el aire y salta antes de 2028

El prototipo Rocket del Tesla Roadster emplea diez toberas de gas frío y 250 kilos de aire comprimido repartidos en dos vasijas de 600 litros. Los cuatro ventiladores traseros de 20 kW generan hasta 2 g de carga aerodinámica.

Los propulsores de aire del Tesla Roadster han dejado de ser una promesa de folleto: el prototipo ha saltado sin rampa por encima de cinco coches, ha girado en el aire y ha rodado boca abajo sobre un semicírculo. Detrás del número de feria hay dos tecnologías distintas que conviene no mezclar, las diez toberas de gas frío y los ventiladores de succión, y una fecha que sigue sin cerrarse: la producción no arranca antes de 2028.

El coche que ejecutó el truco es la variante Rocket, una versión por invitación que no está aprobada para circular por carretera. El resto de la gama comparte la base: carrocería con puertas mariposa, dos motores eléctricos en el eje trasero, dirección por cable con volante de tipo yoke y una batería de célula 4680 específica para este modelo, según recoge la ficha del Roadster. Nada de eso explica el salto. Eso lo firma el aire.

Cómo salta: diez toberas y 250 kilos de aire comprimido

El sistema que eleva el coche del suelo es una adaptación de la propulsión por gas frío que SpaceX emplea en el espacio. En el Roadster se materializa en dos vasijas de presión con recubrimiento de carbono y 600 litros de capacidad que almacenan un total de 250 kilos de aire. Van montadas donde iría el asiento del pasajero, así que el Rocket es, en la práctica, un biplaza convertido en monoplaza con depósito.

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La elevación se produce al liberar ese aire a alta presión por un circuito de diez toberas distribuidas por el perímetro del vehículo. Son propulsores de gas frío, la misma familia que se usa para orientar satélites, y aquí se gobiernan con actuadores eléctricos capaces de microajustes: empuje hacia delante, empuje vertical y rotación lateral. Con eso se consigue el salto sin rampa y el giro en el aire que se vio en la demostración.

Sobre el papel, el sistema no necesita propelente especial: basta con recargar el depósito de aire a presión y repetir las maniobras cuando el conductor quiera. Conviene tomarlo con distancia. Esa variante queda fuera de la carretera y sujeta a invitación, y nada de lo exhibido está obligado a llegar a la versión de serie.

El salto es el titular, pero la parte que de verdad puede cambiar la forma de conducir un deportivo es la que trabaja con el coche pegado al asfalto.

Los ventiladores que pegan el coche al suelo

Aquí la física es menos vistosa y mucho más útil. El Roadster monta un sistema de succión y sellado con cuatro ventiladores en la zona trasera que extraen aire de debajo del coche. El resultado es una depresión que empuja la carrocería hacia el suelo: con el vehículo parado sobre una superficie invertida, técnicamente se sostendría. Sobre asfalto normal, esa succión se traduce en agarre, el mismo principio del efecto suelo que aprovechan los monoplazas.

El conjunto tiene dos modos. A baja velocidad actúa como aspirador puro y añade tracción donde la aerodinámica convencional no hace nada, ese tramo de cero a 80 km/h en el que los alerones todavía no generan carga. A alta velocidad, las compuertas delanteras y traseras se abren para dejar pasar más flujo por debajo y multiplicar el efecto. El alerón trasero, además, tiene inclinación variable y se reajusta sobre la marcha.

Los ventiladores traseros son versiones de mayor capacidad del motor-compresor de alta tensión que mueve la bomba de calor del coche: 20 kW frente a los 12 kW de la unidad de serie. Con todo el conjunto en marcha, la carga aerodinámica llega a los 2 g a 200 mph, unos 322 km/h, y supera esos 2 g en curva en modo de succión a baja velocidad. La variante Thrust, la que equipa este sistema, anuncia menos de un segundo en el 0 a 60 mph, alrededor de 96 km/h.

Lo que cambia al volante y lo que no

La idea del coche que se chupa al suelo no es nueva. El Chaparral 2J ya la probó en 1970 con dos ventiladores movidos por un motor auxiliar y faldones flexibles, y el Brabham BT46B la llevó a la victoria en un Gran Premio en 1978 antes de retirarse entre protestas. Ambos fracasaron por lo mismo: los faldones se rompían, el sistema pesaba y la normativa acabó cerrando la puerta. Medio siglo después, la diferencia está en el control electrónico y en la capacidad de modular la succión en milisegundos en lugar de encenderla o apagarla.

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Para el conductor, el beneficio real no está en el salto ni en el giro, sino en el agarre a baja velocidad. Un deportivo de más de 1.500 CV tiene un problema serio de motricidad en el primer segundo de aceleración y en la entrada de curva lenta; si la succión resuelve ese tramo, el coche gana justo donde las soluciones aerodinámicas tradicionales no llegan. Ahí es donde esta tecnología deja de ser un espectáculo.

Lo que hay que mirar antes de entusiasmarse es el coste en peso y en logística. Los 250 kilos de aire comprimido y las vasijas de presión no salen gratis en una balanza, y los ventiladores consumen energía del mismo paquete que alimenta la tracción. Queda por ver cómo se recarga el circuito, qué mantenimiento exige y hasta qué punto se ofrece fuera de la serie limitada. También si la succión convive bien con la normativa de ruido y con las inspecciones técnicas.

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El calendario, en cualquier caso, es largo. La producción del Roadster está fijada para 2028, sin precio cerrado para las variantes especiales y con la versión Rocket reservada a invitación. Hasta entonces, lo sensato es leer el ejercicio como lo que es: una demostración de ingeniería que enseña hacia dónde puede ir la aerodinámica activa, no una función que vaya a aparecer en el configurador el mes que viene.

🛠️ Tecnología a examen

  • Dato a tener en cuenta: hasta 2 g de carga aerodinámica a 322 km/h y menos de un segundo en el 0 a 60 mph (96 km/h) para la variante Thrust, con 250 kilos de aire comprimido a bordo.
  • Lo que equipa: diez toberas de gas frío repartidas por el perímetro, dos vasijas de presión de fibra de carbono de 600 litros, cuatro ventiladores traseros de 20 kW, compuertas de succión delanteras y traseras y alerón de inclinación variable.
  • Así te afecta como conductor: más motricidad en la salida y más agarre en curva lenta, justo donde la aerodinámica tradicional no genera carga; eso sí, en una versión no homologada para carretera y sin llegada comercial antes de 2028.