El Tesla Roadster 2028 promete bajar del segundo en el 0 a 60 mph y generar 2 g de agarre con un ventilador bajo el chasis. Tesla ha presentado por fin el superdeportivo que llevaba casi una década en el cajón y lo ha hecho con una lista de cifras que, de cumplirse, rompen los manuales de física aplicada al automóvil.
La letra pequeña importa. Todas estas cifras las firma Elon Musk en la presentación y ninguna cuenta con verificación independiente: son objetivos declarados por el fabricante, no datos medidos por un organismo homologador ni cronometrados por un tercero. Conviene tenerlo claro antes de seguir leyendo.
Menos de un segundo: la cifra que lo cambia todo
El comunicado de Tesla habla de un 0 a 60 mph por debajo de 1,0 segundo; en la presentación se ha manejado una cifra aún más concreta, 0,81 segundos, que equivale a los 96,5 km/h. No es un matiz menor: bajar del segundo en ese registro exige aceleraciones medias por encima de 2,7 g, y ahí entran en juego la adherencia del neumático, la entrega instantánea del par eléctrico y la gestión térmica de la batería.
Para el conductor, la lectura práctica es otra. Un coche capaz de eso necesita frenos, suspensiones y neumáticos dimensionados para gestionar una energía cinética enorme, además de un control de par que dosifique la entrega con lluvia o asfalto frío. La cifra vende; la ingeniería que la sostiene es la que decide si el coche es usable fuera del circuito.
Las claves técnicas
- Qué es: un superdeportivo eléctrico con dos sistemas activos de adherencia, un ventilador de succión bajo el suelo y propulsores de gas frío, con producción anunciada para 2028.
- Qué problema resuelve: añadir carga vertical sin depender solo del alerón y del neumático; el ventilador genera una depresión que empuja el coche contra el asfalto y permite curvas de hasta 2 g.
- Dónde y cuándo llega: la producción arranca en 2028, según Tesla; no hay precio, autonomía WLTP ni potencia de carga confirmados.
Cómo funciona el ventilador que pega el coche al suelo
El sistema más curioso no es el motor, sino lo que hay debajo del piso. Tesla ha desarrollado un ventilador de succión que extrae aire de la zona inferior y crea una depresión: el coche queda literalmente aspirado contra el asfalto. La compañía cifra el resultado en hasta 2 g de fuerza lateral en curva, el doble de la aceleración que imprime la gravedad.
Un ventilador y dos toberas generan carga vertical sin depender de la velocidad; ahí se juega el Roadster su credibilidad.
La idea tampoco es un invento de laboratorio. El efecto suelo se exploró en competición con el Brabham BT46B de 1978, un Fórmula 1 con ventilador en la zaga que ganó una carrera y desapareció tras las protestas de los rivales. Lo nuevo es el control electrónico: un ventilador eléctrico puede modular su caudal en milisegundos según el ángulo de volante y el deslizamiento de cada rueda.
Ahora bien, cada kilovatio que mueve ese ventilador sale de la batería, y el sellado del faldón inferior condiciona el sistema en carretera abierta, con badenes, gravilla y agua. En un circuito se puede asumir ese peaje; en uso real es una de las incógnitas que Tesla no ha detallado.
Los propulsores de gas frío son el otro ingrediente. El sistema almacena gas a presión y lo libera por toberas: no hay combustión, solo expansión. Es la tecnología que SpaceX emplea para orientar satélites en el vacío y que Tesla dice haber adaptado al coche. Sobre esa base, la marca sostiene que el Roadster puede volar literalmente, una capacidad que ha escenificado en la presentación y que ha abierto un debate técnico sobre su viabilidad real.
Lo que falta por demostrar hasta 2028
El calendario es concreto: la producción arranca en 2028, según Tesla. Todo lo demás son incógnitas. No hay precio, autonomía WLTP, capacidad de batería ni potencia de carga confirmados, y tampoco existe una medición independiente del 0 a 60 mph, del agarre lateral o del empuje de las toberas.
La segunda incógnita es la homologación. Un vehículo que aspira aire bajo el piso y que dispara gas a presión debe pasar por los mismos ensayos de seguridad y de protección de peatones que cualquier turismo europeo. El vuelo, además, no cuenta con un marco regulatorio específico para circular por vía pública.
El último Tesla con volante
Musk ha sido explícito en ese punto: el Roadster será a largo plazo el único coche de Tesla que se conduzca manualmente, mientras el resto de la gama avanza hacia la conducción asistida. La paradoja es interesante, porque el modelo más radical de la casa es también el único que renuncia a la autonomía como argumento de venta.
La promesa de Musk va más lejos: el Roadster arrasará con todos los récords de circuito que existan. Cumplirlo exige algo más que una cifra de aceleración; exige vueltas rápidas sostenidas, neumáticos que aguanten y una batería que no entre en gestión térmica a la tercera vuelta. Ahí no hay margen para el titular.
El siguiente hito tiene fecha y nombre: la producción del Roadster en 2028. Hasta entonces, conviene tratar cada cifra como lo que es, una declaración del fabricante a la espera de un cronómetro neutral. La información oficial del modelo se puede consultar en la página del Roadster en Tesla.

