52 - El coche, mejor que el avión

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El coche, mejor que el avión

20 de Octubre de 1984

Aunque no en todos los aspectos el automóvil es un medio de comunicación más recomendable que viajar en avión, tal como se demostraba en los tres trayectos que realizábamos en este número de hace 25 años.
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Nuestra revista comenzaba informando que hasta una persona sumamente prudente como S.M. la Reina había sido multada por conducir a 90 km/h en zona limitada a 60 km/h, cosa que había ocurrido durante el verano en Palma de Mallorca cuando Doña Sofía iba al volante de un Mercedes 190 de la Casa Real.
Motor16 realizaba en este número una interesante comparación, pues enfrentaba al coche con el avión en tres trayectos: Madrid-Oviedo, Madrid-Bilbao y Madrid-Barcelona. De ello se concluía que el avión era más caro, exigía un mayor rigor horario, ofrecía servicios escasos y, además, sufría de unos accesos complicados, así como de demoras inútiles. El coche, por el contrario, carecía de horarios, era más barato, ofrecía mayor elección de servicios y posibilitaba viajes de puerta a puerta. Eso sí, el avión compensaba en viajes largos, superiores a 500 kilómetros, pero en viajes más cortos resultaba incluso menos rápido que el automóvil.
El coche probado era un 'corredor de fondo', el Seat Ibiza 1.5 GLX. Destacaba por la elasticidad de su motor de 1.461 c.c. que daba 85 CV, por su estabilidad y por su anchura interior, aunque se veía perjudicado por su iluminación mediocre, su interior serio y su primera marcha difícil de engranar. Con todo, el mayor problema del Ibiza era su demasiado ambiciosa definición comercial, puesto que se le hacía competir a la vez en dos segmentos, en el de los utilitarios en torno a los 70-80 CV y en el de las berlinas deportivas, de manera que su precio de 1.003.845 pesetas era excesivo en el primer caso y sus prestaciones deficientes en el segundo.
La prueba comparativa ofrecía una buena muestra de 'diésel en salsa turbo', muestra que reunía al Rover 2400 SD que costaba 2.773.404 pesetas y ofrecía 91 CV de potencia, al Citroen CX TRD, valorado en 2.549.298 pesetas y capaz de 95 CV a 3700 rpm, y al Renault 25 TD, cuyo precio de 2.500.984 pesetas y sus 85 CV acabarían por erigirle en vencedor de la comparativa, habida cuenta de su confort, de sus consumos (9,2 litros cada 100 km en ciudad) y de sus prestaciones, así como por la amplitud de sus plazas traseras, todo lo cual se veía enturbiado por las vibraciones de su volante, el acabado deficiente y la mala ventilación del habitáculo. El CX no desmerecía gracias a las prestaciones de su motor elástico, a su confort y a su buen acabado, aunque el consumo era elevado (12,1 litros cada 100 km en ciudad), la dirección se mostraba muy sensible y la instrumentación parecía complicada. El Rover era la tercera opción, destacando por amplitud, elasticidad, velocidad punta (172,2 km/h de velocidad máxima) y potencia de frenado, aunque padecía una visibilidad deficiente, un motor demasiado vibrador y un acabado mejorable.
El 'Fuera se serie' era esta vez un museo automovilístico excepcional, el de Mulhouse, el museo francés más visitado tras el Louvre y Versalles, donde los industriales textiles que habían sido los hermanos Schlumpf concentraron el mayor número de Bugattis visto en nuestros días, Bugattis que iban desde el deportivo 35 al lujosísimo Royale.
 En 'Gente sobre ruedas' aparecía Jacques Mangematin, 'un francés con acento andaluz', el esforzado director general de Proyectores de Automóviles S.A., empresa radicada en Martos (Jaén) y fabricante de faros Cibié.
La moto probada era para 'viajar en primera', la BMW K 100 RT, una fiable alemana de estilo USA, cuya estabilidad, mecánica robusta (un 4 cilindros de 987 c.c. y 90 CV), buena aerodinámica, bajo consumo y eficaz frenada eran sólidos pros ante una suspensión delantera blanda y un motor vibrador y poco aislado.
Xavier Domingo, por su parte, había rebasado nuestras fronteras y había viajado a Roma, donde daba cuenta de monumentos y de pasta.


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