326 - El Citroën XM frente a las berlinas de lujo

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El Citroën XM frente a las berlinas de lujo

20 de Enero de 1990

La llegada del Citroën XM V6 nos llevaba a enfrentarlo con los más lujosos del mercado: Alfa 164, Audi 200, BMW 530, Ford Scorpio, Lancia Thema, Mazda 929, Mercedes 260, Opel Senator, Renault 25, Rover 827 y Saab 9000 eran sus rivales. Además la prueba del Peugeot 405 Mi 16x4.
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Hace ahora 25 años nuestro parque automovilístico se cifraba en 12 millones de unidades, que ahora son 32 millones; había entonces 303 vehículos cada 1000 habitantes y hoy somos menos de dos personas por cada vehículo que rueda en nuestro país.

Las noticias del motor más reciente venían del Salón del Automóvil de Detroit, donde aparecían por vez primera coches como el Dodge Stealth -que era un Mitsubishi 3000 GT-  y a su lado una serie de prototipos de escasa relevancia e influencia. Todo ello demostraba el declive del antaño admirado automóvil USA, en donde, al menos, la General Electric Motors era clarividente y  presentaba el Impact, que era un proyecto de coche eléctrico.

El coche probado era un coche que iba 'a por todas', era el Peugeot 405 Mi 16x4 (3.850.000 pesetas y 160 CV). Esta berlina deportiva de tracción total destacaba por su comportamiento y motricidad, así como gracias a la rapidez de su cambio de velocidades; no obstante,  su potencia era escasa a pocas vueltas y habían colocado en el maletero el interruptor que permitía regular su suspensión.

La comercialización del nuevo Citroën XM en su versión más cuidada y potente, el XM V6 (4.635.405 pesetas y 170 CV) sugería una prueba en donde se le enfrentaban las 11 potentes y lujosas berlinas de nuestro mercado, que ofrecían similares prestaciones a las de 'el candidato'.

Entre estas 'berlinas con clase' la más homogénea en su oferta era el Lancia Thema IE 16V (4.567.094 pesetas y 185 CV), que destacaba por prestaciones y comportamiento, aunque su eje delantero perdía motricidad y su carrocería resultaba aerodinámicamente ruidosa. La opción más ansiada era el Mercedes 260 E (5.345.874 pesetas y 170 CV), cuya alta velocidad máxima y calidad general se veían  algo en entredicho por su equipo mínimo y sus plazas traseras no muy amplias. Las otras opciones alemanas eran el BMW 530 I (5.874.203 pesetas y 188 CV), amplio y de gran rendimiento aunque con mandos mal iluminados y poco equipado, así como el Audi 200 T (5.854.716 pesetas y 200 CV), rápido y amplio, pero cuyo eje trasero rígido y la violencia de sus reacciones podían sorprender desagradablemente.  Al lado de ellos, el Saab 9000 CD (5.854.763 pesetas y 175 CV), bien acabado y con frenos potentes, también con un eje trasero rígido y poca potencia en baja, o el Rover 827 Sterling (5.256.014 pesetas y 177 CV), equipado y dotado de un excelente motor Honda, pero mal acabado y ruidoso, y el  Renault 25 V 6 Turbo (4.987.844 pesetas y 182 CV), de buenas prestaciones y comportamiento, contrarrestados por su consumo y la violencia del turbo, eran opciones a no olvidar. Berlinas conservadoras como el Opel Senator 3.0 (5.035.204 pesetas y 177 CV), confortable y equipado, pero con una dirección muy asistida y un acabado mejorable, o el Mazda 929 (5.900.785 pesetas y 190 CV), amplio y cuidado, si bien caro de precio y consumo, eran más ofertas a valorar, como también lo eran el Ford Scorpio 2.9 Ghia (4.480.303 pesetas y 150 CV), el más barato, bien presentado pero dotado de un motor poco brillante y un embrague poco progresivo, o el Alfa Romeo 164 (4.95.567 pesetas y 192 CV), de excelente motor  y prestaciones, pero con pérdidas de tracción y acabado mejorable . Al lado de sus competidores,  el XM, de estabilidad, frenos y habitabilidad excelentes, con sus altos consumos y su deficiente rendimiento, no lo tenía fácil. 



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