307 - El Renault 21, contra todos

307

El Renault 21, contra todos

09 de Septiembre de 1989

El renovado Renault 21 llegaba a un mercado en el que se iba a encontrar con potentes rivales. Y para calibrar sus virtudes, lo mejor era enfrentarlo a ellos. Eso hacía Motor16 esta semana de 1989, en la que el sedán de Renault se medía a Austin Montego, Ford Sierra, Opel Vectra y Peugeot 405.
Descargar revista

Era novedad el anuncio de un nuevo Peugeot de alto de gama que venía a enfrentarse con los referentes alemanes, era el Peugeot 605. El 605, sucesor del 604, ofrecía dos versiones con un motor de gasolina de dos litros y tres con un V 6 de 3 litros, con potencias entre los 115 y los 200 CV, pero, a pesar de un chasis muy logrado, sus fallos mecánicos iniciales harían que el 605 tampoco ocupara un lugar al sol al lado de Mercedes, BMW y Audi.

Otra novedad era la renovada gama del exitoso Fiat Uno, que tras 4 millones de unidades vendidas desde 1983, ofrecía retoques estéticos en su exterior al estilo del nuevo Tipo, así como un nuevo cuadro de mandos y diferentes motores como el nuevo 1.1 y el 1.4, al igual que 13 caballos más de potencia para el Uno Turbo.

La prueba comparativa enfrentaba al nuevo Renault 21 TXE (2.491.013 pesetas y 120 CV) y a sus rivales. Estos iban desde el Peugeot 405 SRI (2.511.88 pesetas y 125 CV) al Austin Montego 2.0i GSI (2.163.788 pesetas y 112 CV), pasando por el Ford Sierra 2.0i Ghia 4 p (2.718.018 pesetas y 125 CV) y el Opel Vectra 2.0i CD (2.397.910 pesetas y 115 CV). El 21 TXE imponía sus cualidades consistentes en un buen equipo, unos consumos recortados (7,3 litros cada 100 km a 120 km/h) y prestaciones brillantes (194,2 km/h de velocidad máxima y 16,3 segundos para hacer los 40 m desde parado y 31,4 para recorrer el km), siendo ruidoso su motor, balanceante su carrocería y blandos sus asientos. El 405 ofrecía confort de marcha, comportamiento y amplitud, pero su consumo era elevado (8,5 litros cada 100 km a 120 km/h), su acabado escaso y sus asientos cortos. El Vectra brillaba por su motor, por su consumo (7,5 litros cada 100 km a 120 km/h) y por su maletero (425 litros), no así por su precio y su acabado, o por su dirección demasiado blanda. En cuanto al Sierra, éste podía alegar un consumo reducido, suavidad de marcha, acabado y habitabilidad, pero no precio ni prestaciones, o una carrocería sin balanceos. Finalmente, el Montego tenía sus pros en sus prestaciones, en su presentación y en su precio, aunque no así en cuanto a la posición para conducir, o en lo referente a su acabado o a su mecánica ruidosa.

Motor 16 dedicaba una atención especial a Maserati, entonces propiedad del argentino De Tomaso, que fabricaba unos deportivos ciertamente rápidos y de carácter, pero cuyo acabado y fiabilidad eran discutible, así como sus prestaciones en algún caso.

Igualmente, se probaba un coupé Maserati, el 228 (8.656.803 pesetas y 250 caballos procedentes de su V 6 biturbo de 2.790 c.c.). Este coupé de 4 lujosas plazas ofrecía un equipo completo, una mecánica deportiva, así como comodidad, sufriendo un excesivo diámetro de giro y una quinta demasiado ahorrativa, lo mismo que unas opciones muy caras.

Otro Maserati con el mismo motor, pero de aires más deportivos, era el Karif (9.013.493 pesetas y 285 CV). El Karif, cuyas prestaciones oficiales no se correspondían con la realidad, tenía virtudes como el placer de conducción, su equipo o su comportamiento, pero también defectos concretados en fallos de acabado, en una dirección poco rápida y en la ausencia de ABS.



Sigue Motor16
Salon