147 - El Renault 21 contra todos

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El Renault 21 contra todos

16 de Agosto de 1986

El R-21 no se arredraba ante sus principales rivales, a los que se imponía en una multitudinaria comparativa. El francés contaba con un confort y unos consumos más que destacables; por no hablar de sus prestaciones y su precio. Un simple reflejo del éxito que le iba a acompañar en nuestro mercado.
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Hace ahora 25 años era noticia el nuevo Porsche 928 S 4, que intentaba sin éxito desbancar al incombustible 911 con sus leves modificaciones estéticas, su aerodinámica mejorada hasta un cx de 0,34 y 320 cv gracias a su V 8, que ahora cubicaba 4.957 c.c.

También era interesante saber a cuánto ascendía entonces la participación de los dueños mayoritarios de los fabricantes de automóviles en el mundo, y así resultaba que Austin Rover era entonces estatal al 100 %, igual que Alfa Romeo o nuestra Enasa, o que BMW tenía como accionista mayoritario al grupo Quandt en un 62 % y que el grupo PSA era en un 56 % de la familia Peugeot.

El coche probado era el Mitsubishi Galant, un exponente de la 'burguesía oriental' que con su diésel sobrealimentado de 1.795 c.c. capaz de 82 CV andaba bien y consumía poco, menos incluso que lo que pretendía su fabricante, registrando unos 5,9 litros cada 100 km a 120 km/h. Su principal virtud era su motor brillante, secundado por una buena caja de cambios, todo lo cual le proporcionaba una gran suavidad de manejo. Sus defectos radicaban en su equipo escaso, en los balanceos de su carrocería y en un precio elevado de 2.902.875 pesetas, lo que le ponía nidvel de todo un BMW 320 D.

El recién llegado R 21 TXE (1.898.533 pesetas y 120 CV), gracias a su favorable posicionamiento de precio, se imponía a sus principales competidores en su categoría, todos ellos más caros, encabezados por el MG Montego EFI (2.014.974 pesetas y 112 CV)y el Alfa Romeo 90-2.0 (2.295.150 pesetas y 128 CV) , seguidos del Peugeot 505 SR (2.095.611 pesetas y 108 CV) y el Volkswagen Santana GX 5 (2.583.088 pesetas y 115 CV), cerrando el pelotón el Opel Ascona GLS (1.924.533 pesetas y 115 CV).

El novedoso 21 TXE brillaba por su amplitud y confort, por sus consumos (7,3 l/100 km a 120 km/h) y por sus buenas prestaciones (194,2 km/h de velocidad máxima), y no tanto por su dirección muy sensible, ni por su instrumentación digital o su estabilidad mejorable por causa de su endurecimiento lo que provocaba rebotes, especialmente en vacío, de su eje trasero.

El elegante MG tenía sus activos en su presentación atractiva, su motor brillante y sus prestaciones, siendo sus puntos negativos su escasa autonomía, su ruido y su carísimo aire acondicionado opcional.

El burgués Alfa Romeo presumía de velocidad y aceleraciones (los 1.000 m desde parado en 31,7 segundos), de presentación, de comportamiento y de confort, pero no de repris, o de su escasa autonomía o de su suspensión blanda en exceso, causa de excesivos balanceos en curvas.

El veterano 505 tenía sus mejores bazas en su comportamiento, en su confort, en su habitabilidad y en su cambio suave, en contraste con sus frenos poco progresivos, su áspera tapicería o su acabado mejorable.

El serio Santana -como el que entonces usaban los gobernadores civiles- podía alardear de consumo, de acabado y de caja de cambios manejable, no así de recuperaciones, de la posición de conducción o de la sobriedad de su interior.

El amortizado Ascona no carecía de virtudes, como su precio, su comportamiento o su motor muy progresivo, claro que sus recuperaciones, sus excesivos desarrollos y su dirección lenta ensombrecían su conjunto.

Las noticias deportivas eran dos, el G.P. de Hungría de F-1 que se adjudicaba Nelson Piquet con su Williams Honda y el Rally de Argentina, donde triunfaron Biasion y Siviero con su Lancia Delta S 4.

Xavier Domingo reflexionaba sobre los incendios forestales, demasiado habituales en los estíos de nuestra Galicia, atribuibles a intereses más que extraños y no precisamente a las meigas.

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