Rolls Royce Cullinan Black Badge. Un toque agresivo
CON 29 CV MÁS

Rolls Royce Cullinan Black Badge. Un toque agresivo

La familia Black Badge de Rolls Royce crece con la incorporación del SUV de lujo de la marca, el Cullinan.

Santiago Casero

8 de Noviembre 2019 19:00

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En el Salón de Génova de 2016, Rolls Royce presentaba el Black Badge, un paquete de diseño que le da un toque de negro a todo nuestro vehículo y que forma una nueva familia de vehículos con un aspecto diferenciado. Este exitoso alter ego de los modelos normales se representa además por un símbolo matemático que expresa el infinito y que podemos encontrar en numerosas partes de los vehículos que montan este paquete. Los primeros en montarlo fueron un Wraith y un Ghost en el año 2016, ahora es el turno del Cullinan.

Este oscuro paquete fue creado para los clientes más jóvenes que buscan un diseño distinto y rompedor pero siempre manteniendo la clase y el distinguido aspecto de un Rolls Royce. Para lograr esto, la firma británica se ha encargado de ''cambiar'' pero sin hacerlo, es decir, dotar a sus clásicos de un aspecto novedoso pero siguiendo las tradiciones y el trabajo más estricto de siempre. El color negro es elaborado a partir de múltiples capas de pintura aplicadas de forma meticulosa y que son pulidas a mano diez veces antes de darle el visto bueno. Además hay elementos que cambian para que este Cullinan lleve un paso más allá los cambios. El icónico emblema del capó sustituye su clásico color cromado por un negro brillante que hace que destaque a primera vista. También se ven bañados por esta oscuridad otros elementos normalmente resaltados en brillante cromado como pueda ser el marco de la parrilla, los anagramas de la doble R en las aletas delanteras, los bordes y embellecedores del maletero y faldones laterales, así como las salidas de los escapes entre otro puñado de piezas. Este Cullinan Black Badge monta unas llantas de aleación exclusivas de este paquete de 22 pulgadas que se acompañan de unas pinzas de freno pintadas en color rojo que suponen un antes y un después en la firma británica ya que es la primera vez que estas son pintadas en color.

Un símbolo potente

En su interior nos encontramos con multitud de molduras terminadas en fibra de carbono técnica. Esta se encuentra compuesta por seis capas de laca antes de curarse donde permanecen 72 horas antes de ser pulidas a mano hasta tener un acabado de espejo por los chicos de Rolls Royce. Este proceso lleva 21 días y solo se da el visto bueno una vez que ha sido revisada por un experto que evalúa el brillo comparado con el resto de las 23 piezas del coche.

En cuanto a los asientos, podemos encontrar detalles en amarillo que se completan con el símbolo del infinito bordado en los respaldos además de encontrarlo también grabado en el reloj del salpicadero.

Para finalizar, en la firma inglesa han querido darle un pequeño empujoncito a su motor V12 turbo de 6,75 litros con un sistema de escape completamente nuevo. Este ha sido diseñado estrictamente para hacer que el motor disponga de mayor flexibilidad por lo que se consiguen generar 29 caballos más, que sumados a los que ya tenía hacen un total de 600 CV de potencia, una cifra redonda para un coche tan completo como exclusivo.

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