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La historia que hay detrás del toro que inundaba las carreteras en España

El icónico Toro ha trascendido su origen como parte de una campaña publicitaria en 1956 para convertirse en un símbolo arraigado en la identidad española. A pesar del inicial rechazo de la marca, Prieto, su creador, perseveró con su diseño distintivo de un toro en silueta, desafiante y vigilante hacia el horizonte, convencido de su potencial impacto.

La evolución desde su primera encarnación en madera en 1957 hasta su transformación en chapa metálica en 1961, no solo marcó su adaptabilidad al entorno, sino también su creciente importancia cultural.

Una ola de apoyo público para salvarlo de su desaparición, fue la respuesta masiva que evidenció la profunda conexión emocional que la sociedad española tenía con la emblemática figura.

Finalmente, en un hito para la protección del patrimonio histórico, el Parlamento español otorgó un indulto en 1994, reconociendo su valor artístico y cultural.

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Los primeros tropiezos del toro

portada Feria Primavera pasado Motor16

En 1988, para cumplir con la legislación vial, se eliminó toda referencia publicitaria de la silueta, conservando únicamente su forma reconocible de toro negro y gigantesco. Sin embargo, esto desencadenó una ola de apoyo por parte de la sociedad española, con miles de ciudadanos anónimos firmando peticiones para salvar al toro de su eliminación.

El apoyo también se manifestó en los medios de comunicación, con escritores, columnistas y artistas gráficos defendiendo la permanencia del toro como un símbolo cultural. Esta movilización pública reflejó la profunda conexión emocional que la sociedad española tenía con la icónica silueta del toro, evidenciando su importancia más allá de su función publicitaria original.