Las pruebas de choque o crash test son una de las maneras más gráficas de mostrar cómo ha evolucionado la seguridad pasiva de los automóviles en las últimas décadas. DEKRA, uno de los principales proveedores mundiales de servicios especializados en seguridad, ha realizado un ensayo en el que ha comparado un Volkswagen Golf II (fabricado entre 1983 y 1992) con un Volkswagen Golf 8, en producción desde 2019, siguiendo el test de choque frontal que utilizó Euro NCAP hasta 2020.
En el Golf II, que impactó a 64 km/h contra una barrera deformable (equivalente a un choque frontal entre dos vehículos similares a unos 50-55 km/h), las posibilidades de supervivencia de los ocupantes eran mínimas. El colapso del habitáculo, la intrusión de elementos estructurales y la violenta desaceleración habrían resultado letales. En cambio, en el Golf VIII el escenario cambia radicalmente: el compartimento de pasajeros permaneció intacto y los ocupantes habrían salido con heridas leves gracias a la combinación de airbags delanteros y laterales, cinturones con pretensores y limitadores de carga.
En cuanto a la seguridad activa, DEKRA comparó un Golf II de 1989 en perfecto estado con un Golf VIII de 2024 en su circuito de Lausitzring (Brandenburgo, Alemania). Las pruebas de frenada a diferentes velocidades y condiciones de superficie confirmaron una diferencia clara: el modelo moderno necesitó un 30 % menos de distancia para detenerse.

La estabilidad en curva también mostró la brecha tecnológica y generacional. En el Golf II, la maniobra de doble cambio de carril, que simula una esquiva de emergencia, solo pudo realizarse de forma segura hasta los 65 km/h. El Golf VIII, en cambio, alcanzó los 75 km/h sin pérdida de adherencia, gracias a una suspensión más evolucionada, mejores neumáticos y la intervención del control de estabilidad (ESP). “Aun así, la prueba demostró que incluso la tecnología actual tiene límites: más allá de cierta velocidad, el derrape es inevitable”, advierte Markus Egelhaaf, investigador de accidentes de DEKRA.
La iluminación también ha experimentado una gran evolución, según DEKRA
La comparación también se extendió al sistema de iluminación. El Golf II montaba faros halógenos, que en su época supusieron un gran avance frente a tecnologías previas. Sin embargo, los LED de serie en el Golf VIII juegan en otra liga: ofrecen mayor alcance, una luz más uniforme y clara —similar a la del día— y reducen la fatiga al volante.
Visto desde atrás, la diferencia es aún más evidente. Las pequeñas ópticas del Golf II apenas se distinguen frente a los llamativos pilotos LED del Golf VIII, mucho más visibles y personalizables. A ello se suma el tercer piloto de freno, obligatorio hoy en muchos países y ausente en el modelo de los ochenta, que incrementa la seguridad al advertir de manera más clara a los conductores que circulan detrás.
“En conjunto, los ensayos demuestran el enorme progreso alcanzado en seguridad vial durante los últimos 35 años”, resume Egelhaaf. El experto subraya, no obstante, la importancia de mantener los altos estándares actuales: “No deben sacrificarse en favor de los gadgets electrónicos o la creciente conectividad con los smartphones”.
