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5 diferencias entre renting y leasing

En el entramado financiero de las opciones para adquirir vehículos o bienes de equipo empresarial, nos encontramos con dos figuras que, si bien pueden parecer similares a primera vista, presentan características diferenciales importantes: el renting y el leasing. Conceptos clave que los empresarios y particulares deben manejar con precisión, ya que la elección entre uno y otro puede tener implicaciones significativas en la estrategia fiscal y financiera de una compañía, o en la economía doméstica de un particular.

El renting se ha popularizado como una opción de movilidad sin preocupaciones, donde el usuario paga una cuota mensual fija y se olvida de los costes de mantenimiento y reparación. Por su parte, el leasing aparece en el horizonte como una alternativa de financiación que conlleva la posibilidad de adquisición del bien al término del contrato. Adentrarse en cada uno de estos términos significa explorar una variedad de aristas que configuran la idoneidad de su uso de acuerdo con el perfil y las necesidades del usuario.

UN PASEO POR LO BÁSICO: ¿RENTING O LEASING?

UN PASEO POR LO BÁSICO: ¿RENTING O LEASING?

Cuando hablamos de renting, nos referimos a un contrato de alquiler a medio o largo plazo que usualmente no contempla la opción de compra del activo al finalizar el periodo acordado. Dicho contrato incluye, además de la disposición del bien, una serie de servicios añadidos como el mantenimiento, el seguro o la asistencia en carretera, entre otros. Es una fórmula especialmente empleada en la adquisición de vehículos, aunque su uso se extiende a otro tipo de maquinaria o equipamiento.

En contraste, el leasing se presenta como un arrendamiento financiero que sí incluye una opción de compra una vez concluido el plazo estipulado. Esta posibilidad de adquirir el activo a un valor residual predefinido confiere al leasing un carácter más cercano a la financiación en propiedad, con la peculiaridad de que el arrendatario se hace cargo de los gastos de mantenimiento y operatividad del bien.

Uno de los aspectos que más diferencian a estas dos figuras es la contabilidad y el tratamiento fiscal que reciben. Mientras que las cuotas del renting son consideradas como gasto deducible de manera íntegra, el leasing permite amortizar el bien y deducir los intereses del pago como gasto, lo que evidencia un enfoque más centrado en la inversión a largo plazo y la propiedad del activo.

LA CUESTIÓN FISCAL: INCIDENCIA EN LAS CUENTAS

Adentrándonos en el laberinto fiscal, el renting permite a las empresas deducirse el 100% de las cuotas en el Impuesto sobre Sociedades, siempre que el bien en cuestión se utilice en la actividad de la empresa. Esta característica convierte al renting en una herramienta de optimización fiscal para muchas compañías, que ven en este sistema una forma efectiva de reducir su base imponible.

Por otro lado, el leasing tiene como gran atractivo la posibilidad de que el arrendatario se deduzca tanto los intereses del préstamo relacionado con la adquisición del bien como la amortización fiscal del mismo. Esto supone para las empresas que optan por el leasing una planificación fiscal diferente, que debe considerar el límite de amortización que establece la ley así como la carga financiera derivada de los intereses.

Es relevante señalar que el leasing, al tratarse de un contrato de arrendamiento financiero, está sujeto a una normativa específica que puede requerir el cumplimiento de ciertos requisitos, como la obligación de adquirir el bien al final del contrato o la limitación en la deducción de las cuotas durante los primeros años si superan los límites de la amortización fiscalmente admisible.

IMPACTO EN LA ESTRATEGIA EMPRESARIAL

IMPACTO EN LA ESTRATEGIA EMPRESARIAL

Desde el punto de vista estratégico, el renting ofrece una flexibilidad operativa que puede ser favorable para empresas que requieran mantener su flota siempre actualizada o que necesiten adaptarse a cambios tecnológicos rápidos. Esta opción libera a la empresa de la preocupación por la obsolescencia del activo y facilita la planificación de los gastos operativos.

El leasing constituye una alternativa para empresas que buscan ser propietarias del bien al final del contrato. En este sentido, supone una vía para la adquisición de activos sin desembolsar una cantidad significativa de entrada, distribuyendo el coste a lo largo del tiempo y apalancando así la inversión en activos fijos que serán parte del patrimonio empresarial.

Ambas figuras pueden ser instrumentos válidos en la gestión empresarial, cada una con su vertiente y particularidades que demandan un análisis detenido de las necesidades y la situación económico-financiera de la compañía. Decantarse por uno u otro dependerá de factores como la estabilidad financiera, las proyecciones de crecimiento o la política de gestión de activos de cada negocio.

Los empresarios deben tener en cuenta que estas decisiones son de largo alcance y, como tales, requieren una visión global que incorpore elementos financieros, fiscales y estratégicos. La elección acertada entre renting y leasing puede marcar una diferencia sustancial en la competitividad y eficiencia de una empresa en un mercado cada vez más complejo y cambiante.

CÓMO AFECTAN AL BALANCE

En términos contables, el renting y el leasing tienen un impacto diferente en el balance de la empresa. En el caso del renting, los bienes no se contabilizan como activos, puesto que la propiedad no pertenece al arrendatario, mientras que las cuotas mensuales se registran como gasto. Es una opción que ayuda a mejorar los ratios financieros de la empresa, ya que no incrementa el endeudamiento en el balance. Por el contrario, en el leasing, el bien sí se refleja como un activo y la obligación de pago como un pasivo, lo que puede llevar a una percepción de mayor endeudamiento.

Muchas empresas se encuentran ante la disyuntiva de si su objetivo es adquirir el bien a largo plazo o si prefieren evitar la propiedad para mantener una mayor liquidez. El leasing ofrece esa opción de compra al final del contrato, lo cual puede ser estratégicamente atractivo para empresas que desean eventualmente poseer el bien, como parte de su activo fijo. Por otro lado, el renting suele ser elegido por aquellos que buscan una solución a corto o medio plazo sin el objetivo de adquirir el activo, lo cual puede ser ideal para empresas en crecimiento o cuyas necesidades cambian rápidamente.

ENTRE LÍNEAS: EL DETALLE DEL CONTRATO

No todo lo que brilla es oro, y en el caso de los contratos de renting y leasing, el diablo está en los detalles. Cláusulas sobre kilometraje máximo, mantenimiento, seguros o condiciones de devolución del vehículo pueden influir de forma significativa en la conveniencia del acuerdo. Los contratos de renting suelen ser más todoincluido, favoreciendo una previsibilidad en los costos. Por otro lado, los contratos de leasing pueden requerir una atención más minuciosa para comprender todos los gastos adicionales que podrían surgir, ya sean reparaciones o mantenimiento que la empresa debe asumir.

EJEMPLOS CONCRETOS: DECISIONES REALES

EJEMPLOS CONCRETOS: DECISIONES REALES

Imaginemos una empresa de consultoría que requiere una flota de coches para sus empleados. Si opta por el renting, sabrá que pagará una cuota mensual que incluye el seguro, el mantenimiento y la posibilidad de cambiar los coches cada cierto tiempo. En cambio, si se decanta por el leasing, al final del periodo tendrá la opción de comprar los vehículos, pero deberá ocuparse del mantenimiento y reparaciones durante el plazo del contrato, así como de enfrentarse a la depreciación de los vehículos.

Por otro lado, exploremos el caso de una empresa de construcción que necesita maquinaria pesada. El leasing puede ser una opción atractiva, ya que al final del periodo podrían adquirir la maquinaria y seguir utilizándola durante muchos años más, sacando así el máximo provecho de la inversión. De esta manera, al tener un plan de negocio que contempla el uso a largo plazo, el gasto inicial superior se amortiza por la vida útil prolongada de los equipos.

Finalmente, en el sector de la tecnología, donde la actualización constante es clave, el renting sin duda ofrece ventajas, permitiendo a las empresas mantenerse al día con la última tecnología sin realizar grandes inversiones de capital permanentes. La posibilidad de actualizar el equipo con regularidad es crucial para mantener la competitividad en este campo.

¿QUÉ DICE LA LETRA PEQUEÑA?

En cualquiera de los casos, es fundamental leer detenidamente la letra pequeña del contrato antes de firmar. Es aquí donde se especifican las penalizaciones por cancelación anticipada, las condiciones de uso del vehículo o equipo, y las responsabilidades de las partes. Una interpretación errónea de estas cláusulas podría llevar a costos inesperados o a situaciones legales complicadas. Por ejemplo, en algunos contratos de renting, se puede establecer un límite de kilometraje anual, y superarlo implicaría pagar penalizaciones.

Tras este análisis, queda claro que la elección entre renting y leasing depende estrechamente de las necesidades individuales de cada empresa o particular y de su planificación a largo plazo. Es esencial sopesar los pros y contras, considerando no sólo la situación actual sino también las aspiraciones y planes de crecimiento futuro.