Hagerty reconstruye un Honda Accord SiR de 1996 contra reloj para llegar a RADwood

El cuarto episodio del RADwood Build Challenge muestra el Accord SiR de 1996 desmontado a dos semanas del evento. Motor H22 de Tom Young, un turbo que ya no cabe y un escape que todavía no existe.

Quedan dos semanas para RADwood NorCal y en el taller de Hagerty hay un Honda Accord SiR de 1996 repartido entre el suelo y las cabeceras. El cuarto episodio del RADwood Build Challenge, presentado por Goodyear, enseña lo que casi nunca se ve en un vídeo de restauración: la parte incómoda. Piezas que no encajan, decisiones que se toman tarde y una fecha, el 24 de octubre, que no admite prórroga.

Bajos nuevos y una obsesión por el detalle

El equipo de Hagerty vuelve al taller después de tres semanas fuera y lo que encuentra es un coche que ya pasó la fase crítica. Los bajos están repintados y sellados con antigravilla nueva, los brazos inferiores lucen casquillos Hardrace recién prensados y el subchasis delantero, la cremallera de dirección y hasta las cinchas de sujeción han pasado por un proceso de restauración que roza el exhibicionismo. Según relata el propio equipo, desmontaron las cinchas, separaron la goma del metal y las volvieron a montar para que pareciesen salidas de fábrica.

Hay un detalle que resume bien el nivel: la transmisión pasó por una limpieza de hielo seco a cargo de un especialista externo, y una pieza que el dueño había comprado en eBay y que estaba destrozada —el coche iba tan bajo que la arrancó— también se recuperó. Nada se tira. Todo se repara o se sustituye por algo mejor.

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El H22 de Tom Young, corazón del Accord SiR

El motor es la pieza más especial del proyecto. Lo construyó Tom Young, un preparador que lleva en el oficio desde mediados de los noventa y que formó parte de un conocido equipo de drag del sur de California, famoso por los motores de la familia H. Lleva internos forjados, culata trabajada, válvulas más grandes y un kit de disparo de levas que permitirá a la centralita leerlas con precisión. El equipo de Hagerty reconoce que aún debe resolver cómo colocar ese sistema aprovechando los anclajes de la dirección asistida, y que la tapa de balancines irá soldada, lijada y repintada.

La parte verdaderamente difícil ya está hecha; a partir de aquí solo queda el brillo y el ajuste fino que exige cualquier coche hecho a medida.

— El equipo de Hagerty

Cuando el turbo rompe el plan

El problema no es el motor, es todo lo que va alrededor. Un colector comprado en Tailandia ya no sirve: el turbo elegido, un GT de la serie 4950, es más grande de lo previsto y las cotas no cuadran. En el vídeo se ve el momento exacto en el que alguien comprueba con la mano que no hay hueco ni para doblar el tubo. Es el clásico efecto de crecimiento del proyecto, el scope creep que convierte una reparación en una reconstrucción completa.

La solución pasa por Magnaflow, que fabricará un escape completamente a medida, con salida poco convencional y trucos para que el resultado se vea tan racing como suene. Mientras tanto, un fabricante de 961 Motor Sport trabaja en la tapa de balancines, el colector y los racores de admisión. Todo artesanal, todo a contrarreloj.

Vin, Mike y las otras dos apuestas

El reto es una competición a tres bandas. Vin está en King’s Autobody igualando la pintura blanca de su pick-up y añadiendo aletas cuatro pulgadas más anchas para meter las llantas que quiere; también ha encargado una librea y ha tomado medidas exactas de puertas, aletas y portón para que el diseño se aplique sin margen de error. El taller ya le restauró un 996 GT3, así que sabe lo que es trabajar con prisa.

Mike, por su parte, avanza en un Lotus con un enfoque más pragmático: reutilizará los primeros centímetros del escape de fábrica para no tener que reinventar la brida del turbo ni mover la sonda lambda de sitio, y a partir de ahí construirá el resto del tramo. Menos espectáculo, menos riesgo.

RADwood NorCal: 24 de octubre en Alameda

El evento que justifica todo esto se celebra el 24 de octubre en Alameda, California, de cuatro a ocho de la tarde. Los tres constructores compiten por 100.000 dólares, de los cuales 50.000 irán a una entidad benéfica, y será el público presente quien decida el ganador. Las entradas son gratuitas pero requieren registro previo. Habrá food trucks, DJs y concurso de vestimenta de época, porque en RADwood el código de vestuario no es un detalle menor.

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Contexto: por qué un Accord SiR de 1996 importa

RADwood se ha convertido en el punto de encuentro de una generación que ya no mira con nostalgia solo a los muscle cars. Los coches de los ochenta y noventa —los que muchos conductores tuvieron como primer coche— han entrado en el radar del coleccionismo, y con ellos una cultura de tuning japonés que durante años fue tratada como un fenómeno menor. Un Accord SiR con swap de H22 y turbo soplado a medida es, en ese sentido, un documento histórico tanto como un juguete.

La otra lectura tiene que ver con el formato. Hagerty no esconde las vergüenzas del proceso: los errores de compra, las piezas que sobran, las semanas perdidas. En un ecosistema de restauraciones editadas hasta el minuto perfecto, mostrar el caos tiene valor informativo. También comercial: el vídeo vende la idea de que la afición consiste en resolver problemas, no en comprar soluciones.

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Lo que hay en juego

Con dos semanas por delante y tres coches a medio montar, el resultado es secundario frente al relato. Lo que el espectador se lleva es una lección sobre gestión de proyectos: definir el alcance antes de comprar, reservar tiempo para lo imprevisto y aceptar que un coche custom nunca está terminado hasta que arranca. El Accord SiR, con su motor de drag reconvertido y su escape que aun no existe, es la prueba de que el entusiasmo también se paga en horas de taller.

La pregunta de fondo no es quién gana, sino qué aprende el aficionado que mira desde casa. Ver a tres personas pelear contra tornillos que no llegan, proveedores que se retrasan y presupuestos que se estiran humaniza una afición que a menudo se presenta como una sucesión de fotos perfectas. Y deja una sospecha razonable: quizá el verdadero lujo no sea el coche, sino el tiempo.

Falta saber si los tres llegan. La respuesta se verá en Alameda, con el público votando y el reloj ya en contra. Mientras tanto, queda una duda incómoda: ¿cuánto de lo que admiramos en un coche restaurado es talento y cuánto es simplemente haber tenido tiempo?

Puedes ver el episodio completo en el vídeo original de Hagerty en YouTube: