En Japón, un taller de Hiroshima ha convertido el Suzuki Jimny en un homenaje rodante al GMC Typhoon de los años 90. No es una réplica exacta ni falta que le hace. Es un ejercicio de cosplay automovilístico, esa disciplina nipona que viste a un coche pequeño con los rasgos de otro mucho más grande y, de paso, mucho más mitificado.
La transformación la firma C.L. Link, una casa especializada en preparar todoterrenos que trabaja tanto el Jimny como el Toyota Land Cruiser. El proyecto nació de una colaboración con el diseñador de moda Ryo Ishikawa, según la información publicada en Japón, y se apoya en una nostalgia muy concreta: la del GMC Typhoon que se vendió entre 1992 y 1993 como versión SUV del Syclone, la pickup deportiva que en su día incomodó a más de un deportivo americano de los de toda la vida. Del modelo original puedes consultar su ficha histórica.
Ahí está la gracia del asunto. El Jimny mide poco más de tres metros y medio y nació para subir pistas de tierra con una mecánica sencilla. El Typhoon era un aparato americano de seis cilindros, tracción total y aspiraciones de devorar rectas de asfalto. Unirlos solo tiene sentido en la cabeza de un preparador japonés con mucho oficio y bastante sentido del humor.
Qué le han hecho al Jimny para parecer un Typhoon
El tratamiento pasa por una dosis extra de cuadratura. La carrocería se ensancha, los pasos de rueda ganan músculo y el frontal estrena faros rectangulares para imitar el gesto serio del modelo americano. La suspensión baja 2,5 centímetros gracias a una combinación de muelles Eibach y amortiguadores Bilstein.
Las llantas parecen enormes y no lo son: son de 16 pulgadas. El efecto óptico lo provoca el tamaño del propio coche, tan corto que cualquier rueda parece sobredimensionada. No hay más truco.
Y, aunque el resultado parezca una locura de fin de semana, detrás hay una empresa que trabaja con criterio. Sus preparaciones, incluidas las que llevan kits de elevación y parrillas retro, están pensadas para superar la inspección técnica japonesa, conocida como shaken, bastante más estricta que la española en materia de reformas. Su montaje más conocido es el CL20-II, una suerte de vehículo de expedición en miniatura.
En el taller japonés se trata de hacer reír, pero también de pasar la inspección técnica sin un solo rasguño.
El disfraz como género: el Jimny que imita a todos los demás

El fenómeno tiene precedentes ilustres dentro del propio Japón. El preparador DAMD lleva años construyendo Jimny con aspecto de coches míticos: uno con la silueta de un Lancia Delta Integrale y otro que juega a ser un Renault 5 cuadrado. La fórmula del disfraz funciona porque el Jimny es asequible, sencillo y tiene una silueta tan neutra que admite cualquier máscara.
La clave de que estos trabajos funcionen está en la contención. No hay alerones imposibles ni escapes desproporcionados. Se cambian faros, parrillas, ensanchamientos y altura, y el resto se deja como estaba. Es una lección interesante para un sector, el de la preparación, acostumbrado a gritar demasiado: a veces el resultado más llamativo es el que menos elementos añade.
Qué significa esto para el aficionado español
El Jimny tiene un problema de disponibilidad en Europa. La versión de pasajeros desapareció del catálogo europeo por las exigencias de emisiones, y desde entonces solo se comercializa en España la variante de dos plazas y uso comercial, la versión N1. Eso convierte cada unidad que circula por nuestras carreteras en una pieza de culto y tensa el precio del mercado de ocasión.
Conviene recordar que el antepasado directo de este coche tiene acento español: la serie SJ, el Samurai que muchos conocen, se fabricó durante años en la planta de Santana en Linares. Existe, por tanto, una tradición local de todoterrenos pequeños y espartanos que encaja bien con la filosofía del Jimny actual. La diferencia es que en España esa herencia se ha quedado en el recuerdo, mientras en Japón sigue generando negocio.
De ahí que proyectos como este interesen más de lo que parece. Copiar el camino japonés no es tan sencillo aquí: rebajar la suspensión o ensanchar las vías obliga a pasar la ITV como reforma, con proyecto técnico y certificado de taller. Un cambio de parrilla o de faros puede admitirse si no altera dimensiones ni homologación, pero todo lo que toque suspensiones, anchura o altura entra en otro terreno. En Japón, ese equilibrio entre estética radical y legalidad es parte del oficio.
Mientras el Jimny siga vendiéndose en Japón y en México, seguirá habiendo material para más disfraces. Es la paradoja de un todoterreno pequeño que triunfa justamente donde no se vende, y que ha encontrado en la nostalgia de los 90 un filón más rentable que cualquier campaña de marketing.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: 2,5 centímetros es lo que rebaja la suspensión del Jimny japonés, con muelles Eibach y amortiguadores Bilstein sobre llantas de 16 pulgadas.
- Consejo práctico: si te tienta copiar el estilo en España, ten presente que cambiar la suspensión o ensanchar las vías obliga a legalizar la reforma en la ITV, con proyecto técnico y certificado de taller.
- Así te afecta: el Jimny solo se vende aquí como comercial de dos plazas, así que cada unidad de segunda mano se ha convertido en objeto de culto y su cotización no deja de subir.

