Conducir por Europa puede parecer una experiencia homogénea: mismas autopistas, coches similares y normas que, en teoría, comparten una base común. Sin embargo, basta cruzar ciertas fronteras para darse cuenta de que no todos los países se toman la seguridad vial de la misma manera. Y si hay uno donde las reglas se aplican con una severidad casi quirúrgica, ese es Suiza.
Alejandro, un camarero español de 31 años, aprendió esta lección de la forma más dura posible. Un exceso de velocidad que en otros países habría terminado en una multa asumible, en Suiza estuvo a punto de llevarle a la cárcel. Su testimonio es una advertencia clara para cualquiera que piense ponerse al volante en territorio helvético.
4Multas progresivas y castigos que van más allá del dinero
En Suiza no hace falta cometer una gran infracción para que el bolsillo tiemble. Superar el límite en apenas 4 km/h ya supone una multa de unos 40 francos. A partir de ahí, la cuantía aumenta de forma progresiva y muy rápida.
Pero el castigo no es solo económico. Dependiendo de la gravedad, puede haber retirada del carné, periodos de inhabilitación e incluso penas de cárcel. El sistema suizo entiende el exceso de velocidad como un problema de seguridad colectiva, no como una falta menor. Y eso se nota en la contundencia de las sanciones.








