Conducir por Europa puede parecer una experiencia homogénea: mismas autopistas, coches similares y normas que, en teoría, comparten una base común. Sin embargo, basta cruzar ciertas fronteras para darse cuenta de que no todos los países se toman la seguridad vial de la misma manera. Y si hay uno donde las reglas se aplican con una severidad casi quirúrgica, ese es Suiza.
Alejandro, un camarero español de 31 años, aprendió esta lección de la forma más dura posible. Un exceso de velocidad que en otros países habría terminado en una multa asumible, en Suiza estuvo a punto de llevarle a la cárcel. Su testimonio es una advertencia clara para cualquiera que piense ponerse al volante en territorio helvético.
3Radares invisibles y cero avisos en el navegador
Uno de los aspectos que más sorprende a los conductores extranjeros es que en Suiza los radares no aparecen en aplicaciones como Google Maps o Waze. La legislación prohíbe expresamente señalarlos o avisar de su ubicación. Aquí no hay pitidos salvadores ni iconos en pantalla.
“O los ves tú o te ven ellos a ti”, resume Alejandro con ironía. Los dispositivos están repartidos por autopistas, carreteras secundarias y ciudades, y muchos funcionan las 24 horas. Da igual que sea de noche, que no haya tráfico o que el tramo parezca seguro: si superas el límite, la sanción llegará.








