Las carreteras esconden historias que van mucho más allá del asfalto que vemos a simple vista. Una de las más llamativas tiene que ver con los neumáticos usados, un residuo complejo y voluminoso que durante décadas ha sido un quebradero de cabeza para administraciones y fabricantes. Hoy, esas montañas de gomas parecen haber encontrado una segunda vida como parte del firme de nuestras vías.
La idea es tan atractiva como polémica: convertir un problema ambiental en una solución técnica. El asfalto cauchutado, elaborado a partir de neumáticos fuera de uso, promete carreteras más duraderas y silenciosas. Pero no todos ven este ‘oro negro’ con los mismos ojos. Ecologistas como David alertan de que el debate no puede quedarse solo en las ventajas, sino que debe analizarse qué ocurre realmente con los neumáticos y su impacto a largo plazo.
1El problema global de los neumáticos fuera de uso
Cada año se fabrican en el mundo millones de neumáticos y una parte muy significativa acaba convertida en residuo. Alrededor de 800 millones de neumáticos llegan anualmente al final de su vida útil, lo que supone un gran desafío logístico y ambiental. Abandonados en vertederos o descampados, ocupan espacio durante décadas y se convierten en focos de incendios difíciles de extinguir.
Además, los neumáticos acumulados retienen agua, favoreciendo la proliferación de insectos y la degradación del entorno. Por eso, desde hace años, gobiernos y empresas buscan alternativas que eviten su abandono o su quema como combustible barato. El reciclaje aparece como la vía más lógica, pero no todas las soluciones generan el mismo consenso social ni científico.







