El Shelby Cobra Daytona Coupé de 1964 se adjudicó por 42.905.000 dólares en Pebble Beach durante la Monterey Car Week de 2026.
Tercero de los seis cupés que Shelby American construyó para batir a Ferrari, el chasis CSX2300 se convirtió con esa cifra en el coche americano más caro de la historia en subasta pública, casi el doble del récord anterior y más de 27 millones por encima del mejor resultado previo de la marca.
La estimación previa, formulada por la casa con la fórmula in excess of $25.000.000, se quedó corta por casi dieciocho millones. El desfase es habitual en lotes de procedencia irrepetible; lo relevante es otra cosa: la cascada de plusmarcas que arrastró la puja y lo que dice del gusto del coleccionista actual.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: CSX2300, tercero de los seis Shelby Cobra Daytona Coupé fabricados, se vendió por 42.905.000 dólares en Gooding Christie’s Pebble Beach 2026 y se convirtió en el coche americano más caro jamás vendido en puja pública.
- No te lo puedes perder: es el único Daytona Coupé que Carroll Shelby tuvo en propiedad, entre 1975 y 1998, y el único de los seis que siguió compitiendo fuera del programa oficial, en Japón, hasta 1968.
- Cifras y cotización: estimación ‘in excess of 25.000.000 de dólares’ y adjudicación de 42.905.000; el récord americano anterior era el Duesenberg SSJ de 1935, vendido en 22 millones en Pebble Beach 2018.
Cuatro plusmarcas en una misma puja
Los 42.905.000 dólares sitúan a CSX2300 en cuatro cimas simultáneas: es el coche americano más caro vendido en subasta pública, el Shelby más caro, el lote más alto adjudicado en Pebble Beach y la mayor operación registrada por Gooding Christie’s. A ello se suma un quinto registro, más difícil de fijar y más elocuente: el quinto automóvil más caro de la historia en puja pública y el tercer resultado más alto conseguido en una sala estadounidense.
El listón anterior del automóvil americano lo sostenía el Duesenberg SSJ de 1935, adjudicado en 22 millones de dólares en Pebble Beach 2018; conserva, además, el récord absoluto de un coche de preguerra. Dentro de la marca, la referencia era otro Shelby: el 260 Cobra CSX2000 de 1962, el primero construido, vendido por 13.750.000 dólares en la cita de RM Sotheby’s en Monterey de 2016.
Un Daytona Coupé no vale por su palmarés, sino por haber pasado por el garaje de quien lo ideó.
En el capítulo de la casa, el techo estaba en los 25.305.000 dólares pagados en 2025 por un Ferrari 250 GT SWB California Spider Competizione. La progresión de Gooding en Pebble Beach —de 25,3 a 42,9 millones en un solo ejercicio— describe la deriva del mercado mejor que cualquier informe: priman los coches con biografía deportiva documentada, chasis acreditado y una historia de propiedad que se pueda contar.
Seis cupés de aluminio contra el imperio de Maranello
Detrás del resultado hay un programa industrial minúsculo y una obsesión muy concreta. Shelby necesitaba una carrocería cerrada para plantar cara al Ferrari 250 GTO, dominador de la categoría, y el encargo recayó en Peter Brock, autor de un cupé de aluminio ligero ejecutado por la Carrozzeria Gransport de Módena. Seis unidades. Ni una más.
CSX2300 fue la tercera. Debutó en el Tour de France Automobile de 1964 con Bob Bondurant y Jochen Neerpasch a los mandos, ganó las dos primeras etapas y cedió después por problemas mecánicos.
Al año siguiente fue pieza central de la temporada que dio a Shelby el título de GT de la FIA frente a Ferrari: tercero de clase y sexto absoluto en Daytona, tercero de clase en Sebring y, ya en la campaña europea de Alan Mann Racing, tercero de clase en Nürburgring y segundo en Reims. La reforma reglamentaria de 1966 lo dejó sin espacio —el foco de Ford se había desplazado al programa GT40— y ahí podría haber terminado todo.
De Fuji a Goodwood: la segunda vida de CSX2300
No terminó. Fue el único de los seis Daytona Coupé que prolongó su carrera internacional más allá del programa de fábrica, y lo hizo con éxito en Japón hasta 1968, con apariciones en Fuji Speedway y en el Gran Premio de Japón. Esa longevidad competitiva, insólita en un coche de su generación, forma parte hoy de su currículum.
Carroll Shelby lo tuvo entre 1975 y 1998 —el único Daytona Coupé que poseyó su creador— y confió la restauración integral a Mike McCluskey, especialista de Torrance, California, con el encargo de devolverlo a la especificación de 1965: librea azul y el número 12 de Sebring. Con él recorrió las concentraciones de la marca, de la SAAC-9 en Anaheim (1994) al 30 aniversario del Cobra en Sonoma (1995), además de las Monterey Historic Automobile Races.
En 2000, ya en manos de Larry Bowman, afrontó una segunda restauración que respetó la evidencia física de su carrera —una decisión de criterio que el mercado premia—; reapareció en 2003 en Monterey Historics y en el Goodwood Revival. El vendedor lo ha mantenido en uso más de dos décadas: Tour Auto, Modena Cento Ore, Goodwood Revival y Festival of Speed, incluido el de julio de 2026.
Qué revela el récord: procedencia contra palmarés
Conviene poner la cifra en perspectiva. Por encima de los diez millones de dólares, el club de los coches vendidos en subasta pública sigue siendo abrumadoramente europeo: Ferrari, Mercedes-Benz, Bugatti, Aston Martin, Jaguar. Los americanos son excepción, y casi siempre por una razón de singularidad histórica más que de técnica depurada. El Daytona Coupé entra en ese club por la puerta grande y con argumento doble: escasez extrema —seis coches— y una biografía que no admite réplica.
El otro dato significativo es la distancia con su rival de época. El Ferrari 250 GTO, la bestia negra que motivó el proyecto, se ha movido en la última década por encima de esta cifra tanto en puja pública como en operaciones privadas; pero el GTO es un objeto de deseo con más unidades en circulación y una leyenda que el mercado lleva cuarenta años construyendo. El Daytona llega tarde a esa conversación y lo hace con seis coches. El diferencial de precio entre ambos es, en rigor, un diferencial de relato.
Hay un tercer factor, menos glamuroso y decisivo: la trazabilidad. CSX2300 conserva su chasis, un historial deportivo documentado y una cadena de propiedad sin sombras, con el fundador de la marca como eslabón central. En un segmento donde las atribuciones dudosas y las réplicas han hecho daño, esa limpieza vale millones.
¿Y ahora qué? Con seis ejemplares, de los que no todos están disponibles ni todos volverán a estarlo, repetir una puja así es improbable a corto plazo. El récord de Pebble Beach 2026 deja al coleccionismo americano en una posición incómoda y estimulante: ya tiene su primer coche por encima de los cuarenta millones, y eso reordena las expectativas de todo lo que venga detrás. La próxima vez que un Daytona Coupé asome a un catálogo, su estimación no se escribirá con la referencia del Duesenberg.

