Parece un BMW 328 pero no lo es, aunque sí cuenta con el beneplácito de la firma alemana. El Sbarro 328 Replica llegó al Salón del Automóvil de Ginebra (Suiza) en 1974 bajo una premisa tan sencilla como ambiciosa: recrear uno de los deportivos más legendarios de la historia sin los inconvenientes de mantener un original de los años treinta.
Franco Sbarro, artesano de origen italiano afincado en Grandson (cantón de Vaud, Suiza), eligió como fuente de inspiración el BMW 328, un roadster de competición presentado en 1936 que equipaba un motor de seis cilindros en línea y 2,0 litros de cilindrada con una potencia de 80 CV. Aquel coche era, en su época, tan eficaz como escaso: apenas entre 462 y 464 unidades fabricadas (según diversas fuentes), lo que lo convierte hoy en una pieza de museo muy cotizada.
De hecho, en 2013 se pagaron 785.000 libras (más de 900.000 euros, al cambio actual) por una unidad de 1938 en una subasta celebrada por Bonhams en Londres (Reino Unido), y las ventas por cifras de entre 600.000 y 700.000 euros son relativamente habituales.
El Sbarro 328 nació para contentar a los admiradores del BMW 328
La lógica del proyecto era impecable. Si el BMW 328 original era inalcanzable pero la demanda era elevada, ¿por qué no construir una réplica fiel con piezas modernas y fiables? Para ello, Sbarro negoció con BMW una licencia oficial, lo que otorgaba al proyecto una legitimidad que lo distinguía de cualquier copia no autorizada.

El resultado fue un vehículo de 3,70 metros de longitud —veinte centímetros menos que el original de 1936— con anchura y distancia entre ejes idénticos al modelo que le servía de inspiración. La carrocería, que combinaba piezas de poliéster reforzado con fibra de vidrio y tras de aluminio, reproducía la silueta inconfundible del 328: capó alargado, techo bajo y guardabarros redondeados que destilaban el espíritu del deportivo de preguerra. El peso total registrado era de apenas 760 kg.
La mecánica, como no podía ser de otro modo, procedía íntegramente del catálogo de BMW. La versión denominada Standard podía equipar distintos motores de cuatro cilindros, con potencias que oscilaban entre los 85 CV del motor de 1.602 cm3 y los 130 CV del 2002 ti. Para quien quisiera más empuje, los seis cilindros de la Serie 5 de BMW permitían alcanzar entre 150 y 200 CV.
El ejemplar de esta réplica de BMW 328 que nos sirve de excusa para repasar la historia de este automóvil monta el motor de cuatro cilindros en línea de 2,0 litros atmosférico de la época, con 100 CV (si bien en la placa identificativa del fabricante está estampada la cifra “80 PS”), al que se le ha añadido una mejora de la alimentación mediante carburadores Weber. En el cuentakilómetros figuran 16.373 km (aunque en las imágenes facilitadas por la casa de subastas, la cifra nuevamente no coincide) y, cómo no, se ofrece en subasta pública.
Un “falso” BMW 328 que catapultó a Sbarro a la fama internacional
El BMW 328 réplica de Sbarro no se comercializó en una única versión. Además del modelo Standard, la gama incluía el America —más largo, más ancho y más lujoso, pensado para el mercado estadounidense, con tapicería de cuero, salpicadero en nogal macizo y mecánica de BMW 525 con 145 CV como motor base— y el Spéciale, una interpretación más agresiva con carrocería ensanchada, neumáticos de mayor sección y una gama de motores que, según algunas fuentes, llegó a incluir una versión sobrealimentada por turbocompresor capaz de alcanzar 245 CV; una cifra muy seria para los años 70, cuando las berlinas más populares se movían en cifras de entre 60 y 80 CV.

La capacidad de personalización era uno de los grandes atractivos del modelo. Frenos de disco en las cuatro ruedas, llantas de aluminio, asientos integrados en la carrocería o ajustables de forma individual… cada unidad era, en la práctica, única. Esa flexibilidad, sumada a la calidad percibida y al atractivo de la licencia oficial de BMW, convirtió al Sbarro 328 en un modelo relativamente popular entre los aficionados de todo el mundo.
El éxito comercial del Sbarro 328 tuvo consecuencias que van más allá de las ventas. Gracias a él, Franco Sbarro consolidó su reputación internacional y transformó su taller en una empresa con proyección global, exportando alrededor de veinte unidades a Estados Unidos. Para muchos especialistas, este modelo sigue siendo el más importante de cuantos diseñó y fabricó a lo largo de su carrera, aunque ni mucho menos sería el más espectacular.
Bingo, la casa japonesa que saca a subasta este vehículo, no ha hecho estimaciones sobre este lote, pero lo cierto es que el vehículo ya fue ofrecido el pasado noviembre con una estimación de entre 5,5 y 6,5 millones de yenes (entre 30.000 y 35.000 euros) y no encontró comprador, lo que por otra parte no nos extraña teniendo en cuenta las discrepancias entre las fotos y el texto. Así que si quieres hacerte con él, probablemente puedas comprarlo por menos de lo que piensas.
Las claves del Sbarro 328 Replica
- El Sbarro 328 Replica se presentó en el Salón de Ginebra (Suiza) en 1974 con licencia oficial de BMW.
- La producción del original BMW 328 se limitó a 462 unidades entre 1936 y 1940.
- La carrocería del Sbarro 328 mide 3,70 metros, veinte centímetros menos que el BMW original de 1936.
- El peso homologado es de 760 kilos, con motor de cuatro cilindros BMW de hasta 100 CV en versión Standard.
- La gama incluía tres variantes: Standard, America y Spéciale, cada una con opciones de motorización propias.
- El ejemplar descrito se vende en subasta on-line en Japón, acumula 16.373 km y lleva carburadores Weber como mejora.
- El Sbarro 328 fue un éxito para el taller de Franco Sbarro, haciéndole dar el salto de diseñador a fabricante.























