La llegada masiva del coche eléctrico ha cambiado muchas conversaciones en las comunidades de vecinos. Ya no se habla solo de ascensores, derramas o ruidos molestos, sino de algo que afecta directamente al día a día de muchos propietarios: la instalación de un punto de recarga en el garaje comunitario. Y con ello, surgen dudas, miedos y, en no pocos casos, conflictos vecinales que se basan más en mitos que en la realidad legal.
“Todavía me encuentro a muchos clientes convencidos de que necesitan el permiso de toda la comunidad para instalar un cargador”, explica Sofía, abogada especializada en derecho inmobiliario y propiedad horizontal. “Y no es así”. La legislación española es clara y, aunque no siempre se explica bien, ampara al propietario que quiere dar el paso hacia la movilidad eléctrica sin tener que enfrentarse a un veto colectivo.
4Los errores más comunes que generan conflictos vecinales
Gran parte de los problemas surgen por desconocimiento. Algunos propietarios instalan el punto de recarga sin comunicar nada, lo que genera suspicacias y quejas. Otros, por el contrario, piden permiso a la junta y aceptan un ‘no’ que en realidad no tiene validez legal.
Sofía recomienda siempre actuar con transparencia y por escrito. Comunicar la instalación, explicar brevemente en qué consiste y aportar la documentación técnica suele ser suficiente para evitar tensiones. “Cuando todo se hace bien desde el principio, los conflictos se reducen muchísimo”, asegura.
Otro error habitual es pensar que la comunidad puede exigir que todos los puntos de recarga se instalen de forma conjunta en el futuro. Aunque puede ser una opción interesante desde el punto de vista técnico, no puede imponerse a quien quiere instalar su cargador ahora.








