Hagerty ha convertido el Radwood Build Challenge en algo más que un concurso de restauración. En el segundo episodio de la serie, los tres constructores elegidos empiezan a medir, desmontar y encargar piezas para transformar un Lotus Esprit, un Honda Accord SiR y una pickup GMT400. En juego hay 100.000 dólares, y la mitad irá a la organización benéfica que escoja el ganador.
Tres coches, tres obsesiones y un mismo reloj
El planteamiento se cuenta en una frase y se ejecuta en meses. Cada constructor recibe un vehículo con problemas conocidos y un calendario corto, y todos compiten por el mismo dinero. El vídeo deja claro que no hay espacio para restauraciones académicas: aparecen wraps, faldones que no existen en ningún catálogo y un frente delantero que quizá acabe siendo otro por completo.
La votación final será presencial, el 24 de octubre, con entradas gratuitas. Hagerty insiste en ese detalle: no basta con ver los episodios desde casa.
Larry y el H22 que viaja de Bangkok a Estados Unidos
El momento más inesperado llega desde Tailandia. Larry, responsable del Accord SiR, viaja hasta Bangkok para el Impact Speedfest y comprueba que los preparadores locales profesan una devoción real por los motores H22. Entre coches que sueltan llamaradas conoce a Kang, dueño de un taller especializado en Honda, y le pregunta cuánto tardaría en fabricarle un colector de admisión a medida. La respuesta es una semana. A Larry le quedan seis días en el país.
La anécdota explica bien la lógica del proyecto. Larry sostiene que los Honda que competían con motor H22 en la serie JTC desarrollaban una potencia enorme, y quiere aplicar ese aprendizaje con un giro contemporáneo para alcanzar su objetivo de caballos. Si la pieza llega a tiempo, el Accord acabará siendo, en sus palabras, medio japonés y medio tailandés con base estadounidense.
Los Honda JTC con motor H22 desarrollaban una potencia enorme. A lo mejor solo hace falta un pequeño giro moderno para alcanzar nuestro objetivo de caballos.
— Larry, constructor del Accord SiR
El interior del Accord ha deparado hallazgos que valen tanto como cualquier modificación mecánica. El equipo encontró en Facebook Marketplace un juego de Recaro SPG por el que condujo hora y media, y en eBay una tela degradada original de la marca. El descubrimiento que lo corona fue un volante con esa misma tela en el centro, descrito en el vídeo como una pieza rarísima y muy cara. Entre los restos del coche aparecieron también una bomba de aire y un transceptor de AT&T que apunta a la existencia de un teléfono de coche, un detalle que el equipo celebra como si fuera un tesoro. El reto técnico: los asientos son de anclaje inferior y habrá que ingeniárselas para adaptarlos.
El Lotus Esprit que no encuentra nada en el catálogo
El proyecto británico se enfrenta a un problema distinto: la ausencia de soporte aftermarket. Según relata Hagerty, no existe suspensión disponible para este Esprit, así que el equipo pidió a H&R que desarrollara un juego único sin tener siquiera el coche en el taller. El resultado son cuerpos de aluminio ligeros, coherentes con el pedigrí de la marca. Queda por ver si dejan el coche lo bastante bajo una vez aplicado el resto de cambios.
La lista de tareas es interminable: una librea diseñada por Blake y aplicada por All City Wraps, llantas y neumáticos a medida que dependen de unos pasos de rueda que aún no están montados, un escape fabricado a mano con acero inoxidable, faldones improvisados y unos frenos de billete que el propio equipo marca con interrogante por falta de tiempo. Los pasos de rueda llegaron pensados para la versión V8 y no encajan del todo: hará falta fibra de vidrio, recortes y bastante paciencia. A eso se suma un motor que se calienta, problema que hay que resolver antes de cualquier otra cosa.
Un GMT400 montado con revistas de los noventa
La tercera construcción apela directamente a la nostalgia. El GMT400 dually mide 21,5 pies de largo y el taller 24, así que la primera tarea del día es, literalmente, meterlo dentro sin destrozar nada. Con el camión a cubierto, el equipo se centra en lo más importante: las llantas. Para ello llaman a Ron, especialista en medidas, que repasa con ellos qué comprobar antes de encargar nada a medida.
La inspiración sale de una pila de revistas de principios de los noventa. El equipo repasa páginas con duallies fantasma, que eliminan las ruedas traseras dobles para montar una sola con enormes faldones, parrillas Phantom, llamas tribales y defensas pintadas al color de la carrocería. Las 17 pulgadas eran el máximo de la época. En este caso hay margen de sobra: según las mediciones, cabrían llantas de hasta 14, 15 o 16 pulgadas de ancho. El equipo avisa de un obstáculo, la configuración delantera impediría montar una rueda super single, así que quizá haya que cambiar el frente a una especificación de 1500. Como Goodyear es el socio de neumáticos, tambien toca revisar índices de carga antes de decidir tamaño.
Contexto: qué hay detrás del formato
Radwood, la serie de eventos dedicada a los coches de los años ochenta y noventa, lleva años dentro del ecosistema de Hagerty, la compañía especializada en vehículos clásicos. El Build Challenge traslada esa estética a un formato de competición entre creadores: tres proyectos, un jurado que en realidad es el público y un premio que reparte 100.000 dólares, de los cuales la mitad acaba en manos de una causa benéfica. El episodio se estrena además con un calendario muy concreto en el horizonte, el 24 de octubre, cuando la votación presencial decida el resultado.
Lo que este formato dice del contenido de motor
Para el lector habitual de este medio, el interés va más allá de los tres coches. Hagerty no está vendiendo un tutorial ni una restauración documentada paso a paso, sino una carrera con obstáculos donde el presupuesto es alto y el tiempo, escaso. Eso tiene consecuencias. Cuando un colector de admisión depende de seis días en Bangkok o unos frenos a medida dependen de un proveedor externo, el resultado final es tan incierto como el propio concurso. La serie asume ese riesgo y lo convierte en su principal gancho narrativo.
También hay una lección sobre el mercado de piezas. El caso del Esprit es elocuente: cuando no existe catálogo, la única salida es el encargo a medida, con costes y plazos que ningún aficionado medio podría asumir. El contraste con el Accord, donde una tela descatalogada aparece en eBay y unos Recaro salen de Marketplace, dibuja dos formas muy distintas de entender la restauración: la ingeniería forzada y la caza de oportunidades.
Queda por ver si los tres llegan a la meta. Y esa es, precisamente, la pregunta que sostiene el formato: ¿importa más el coche terminado o el proceso que lo hace posible?
Puedes ver el vídeo completo aquí:



