Probamos el Polestar 5: un suave vendaval del norte

El Polestar 5, la berlina eléctrica de cuatro puertas que culmina la gama del fabricante sueco con los rasgos del concept Precept presentado en 2020, ya se puede conducir en España. Nosotros ya lo hemos hecho.

Cuando Polestar llegó al mercado anunciándose como la marca eléctrica de alto rendimiento seguro que estaban pensando en esto. En un coche como este Polestar 5 que condensa en sus poco más de 5 metros de longitud el espíritu de los GT (Gran Turismo) adaptado a los tiempos eléctricos. Es, sin duda, la culminación de una gama que ha ido avanzando poco a poco con cada paso -o cada modelo- que han presentado hasta llegar a este que se convierte en la guinda. Con hasta 884 CV, 1.015 Nm de par y una batería de 112 kWh, la versión Performance del 5 nos ha provocado una sonrisa en un recorrido por los alrededores de Madrid, en un trazado de curvas encadenadas y cambios de rasante que sirve de banco de pruebas para un coche que invita a recorrer kilómetros y kilómetros.

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Foto: Motor16

El Polestar 5 mide 5.087 mm de largo, 2.015 mm de ancho y entre 1.419 y 1.425 mm de alto, con una distancia entre ejes de 3.054 mm. Mantiene casi sin cambios las líneas del Precept, el concept que hace unos años marcó el camino de hacia dónde quería dirigirse la marca en su estilo: superficies limpias, silueta de perfil alado con cola tipo Kamm, faros Dual Blade con tecnología Pixel LED y una zona inferior de las puertas con acabado en negro brillante o en el tono de la carrocería.

Por detrás no hay luneta, como ya ocurre en el Polestar 4. La visión trasera se resuelve con una cámara exterior cuya imagen aparece en un retrovisor digital de 8,9 pulgadas, que puede alternarse con un espejo convencional para ver únicamente las plazas traseras. Es un recurso este del retrovisor con cámara al que hay que acostumbrarse, porque, al menos para un servidor este obliga a enfocar la vista. La ausencia de cristal permitió retrasar la estructura del techo y alargar la superficie panorámica, que supera los dos metros de longitud.

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Foto: Motor16

Una plataforma de aluminio pegado

La base es la Polestar Performance Architecture, una plataforma de aluminio pegado en caliente desarrollada específicamente para este modelo. Con esta nueva construcción se consigue una rigidez torsional que supera la de un deportivo de dos plazas, y la batería forma parte de la estructura. El coche pesa 2.500 kg, con un reparto del 50 por ciento por eje, y declara un Cd de 0,24 en la versión Dual motor.

La suspensión delantera es de doble horquilla y la trasera de cuádruple enlace. La dirección tiene tres niveles de dureza. El Performance monta amortiguadores semiactivos MagneRide con tres modos (firme, ágil y estándar); el Dual motor, amortiguadores pasivos de alta capacidad. Los frenos son Brembo de cuatro pistones con discos de 400 mm. Todos estos datos ya anuncian que lo que nos vamos a encontrar cuando nos pongamos al volante va a ser algo muy especial.

Polestar 5
Foto: Motor16

El Polestar 5 cuenta con dos alternativas en cuanto a motor. Por un lado el Dual motor que desarrolla 550 kW (748 CV) y 812 Nm, es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 3,9 segundos y homologa un objetivo de autonomía WLTP de 678 km. Y por encima nos encontramos el Polestar 5 Performance cuya potencia sube a 650 kW (884 CV) con 1.015 Nm de par. Eso le permite completar el 0 a 100 km/h en 3,2 segundos y homologar 558 kilómetros de autonomía combinada bajo el ciclo WLTP. Calza llantas de hasta 22 pulgadas con neumáticos Michelin 255/35 delante y 295/30 detrás, e incorpora detalles en Swedish Gold, como las pinzas de freno y los cinturones. Ambos modelos están limitados a 250 km/h.

Así va el Polestar 5 Performance

Llega el momento de pasar de la teoría a la práctica; de los números a las sensaciones. Nos acomodamos en el interior del coche, que nos recibe con unos asientos perfectos por dureza y por forma; ajustamos volante y retrovisores -a través de la pantalla aunque esta tiene una zona de funciones favoritas que evitar tener que buscar por innumerables menús- y arrancamos. El coche se mueve como la seda, con absoluto silencio y absoluta suavidad. Nos dirigimos hacia la zona de El Vellón, una carretera cuyo trazado permite descubrir en cada curva las posibilidades del coche.

El tamaño del coche se percibe desde los primeros kilómetros, aunque el radio de giro de 12,33 metros facilita las maniobras. La posición de conducción es baja y reclinada, con un volante cercano y de gran ajuste, y la pantalla del cuadro de instrumentos se mueve junto con la columna. La visibilidad hacia atrás requiere un período de adaptación: el retrovisor digital ofrece buena calidad de imagen, pero transmite menos sensación de profundidad que un espejo convencional.

La respuesta de la dirección es inmediata y progresiva, con un tacto filtrado más que comunicativo. La suspensión mantiene un comportamiento equilibrado con cualquiera de los tres modos del Performance, entre los que la diferencia es moderada, y la carrocería conserva perfectamente la compostura en las curvas pese a los 2.500 kg. Puedes enlazar curvas con absoluta precisión y envuelto en un ambiente de máxima relajación. El coche es absolutamente dócil en todo momento; nada radical como podrían indicar las cifras.

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La entrega de potencia puede configurarse en dos niveles, Autonomía y Performance. En ambos, la respuesta es inmediata; en el segundo se acentúa sobre todo en la salida desde parado y a baja velocidad, y se desarrolla de forma progresiva, sin brusquedad. La regeneración se ajusta en tres niveles, uno de ellos sin retención para circular «a vela», y se modifica desde la pantalla o con los botones del volante, ya que el coche no tiene levas. La función de conducción con un pedal solo detiene el vehículo por completo si se desactiva el modo Superlenta, que mantiene el coche rodando a muy baja velocidad cuando se suelta el freno.

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Foto: Motor16

A todo esto, además, hay que añadir cómo adelanta y como recupera. En un santiamén te libras de los coches de delante con solo hundir el pie en el acelerador; es como la luz al apretar el interruptor: instantáneo. Y aunque el consumo no es una de sus virtudes -los 2.500 kilos pesan en este apartado-, los 21,8 kWh/100 km que hemos logrado durante nuestro recorrido no nos parecen excesivos teniendo en cuenta el ritmo de la prueba.

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Para viajar a todo confort

Su comportamiento es deportivo, dinámico y muy confortable. Y eso tiene mucho que ver, también con cómo está concebido. El coche está pensado para que cuatro personas viajen a todo confort con unas plazas traseras que ofrecen un gran espacio para las piernas y para la cabeza, con asientos individuales reclinables y climatización de cuatro zonas. La quinta plaza, con el reposabrazos central levantado, es estrecha y de respaldo vertical, por lo que Polestar plantea el interior como un 4+1. Esta tercera plaza está planteada en la práctica para usar de forma ocasional.

Delante, el ambiente es minimalista, con esa pureza clásica del diseño escandinavo; pero con todo absolutamente ordenado. Tres pantallas (cuadro de 9 pulgadas con head-up display, central vertical de 14,5 pulgadas y retrovisor digital), con Android Automotive y Google integrado, y apenas mandos físicos. Para actuar sobre las ventanillas traseras hay que seleccionar antes su icono junto a los botones, pues solo tiene dos teclas. La mayoría de funciones se concentran en la pantalla central, lo que requiere un tiempo de adaptación, y los botones del volante dan acceso rápido a ajustes como la vista del cuadro, la alerta de velocidad o los niveles de regeneración.

El maletero remata sus posibilidades de uso, el cofre trasero ofrece 365 litros (1.128 con los asientos abatidos), más 52 litros bajo el piso y 62 litros en el maletero delantero. Son unas cifras perfectas para el carácter del coche, para acomodar sin problemas el equipaje de los cuatro ocupantes.

Y si hablamos de tecnología, hay que citar que la misma rapidez que tiene para moverse, la tiene para cargarse gracias a la arquitectura de 800 V que permite recargar en corriente continua hasta 350 kW y pasar del 10 al 80 por ciento en 22 minutos.

Se acaba la prueba y nos toca bajar de este Polestar 5 que condensa a la perfección carácter, dinamismo y deportividad en un modelo que se puede usar sin ningún tipo de temor pese a que esos 884 caballos puedan asustar. El buque insignia sueco puede ser un vendaval, pero también, una dulce y delicada brisa. Aunque eso, sí, disfutar de uno o de otro no será fácil, el precio de este modelo lo convierte en un objeto de deseo para admirar de lejos: 121.900 euros cuesta la versión Dual Motor y el Polestar 5 Performance se va a los 145.300 euros.

Imágenes toma de contacto Polestar 5

Fotos: Motor16