Stéphane Proulx ganó en Shannonville con este Porsche 944 Turbo Cup, uno de los 39 del certamen Rothmans canadiense que ahora busca dueño en Bring a Trailer. Lleva dos poles, y en 1989 fue el coche de invitados VIP de la propia serie.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: es un Turbo Cup de fábrica, construido en Weissach con criterio de competición y aligerado sin contemplaciones, con historial deportivo documentado desde 1988 y logbooks de la CASC y la EMRA.
- No te lo puedes perder: en 1989 el chasis se reconvirtió en el coche de invitados patrocinado por Diet 7UP, y por su volante pasaron Jacques Villeneuve —hermano de Gilles—, el vencedor de Le Mans Davy Jones y el periodista Don Fuller, que lo retrató en el número de octubre de 1989 de Motor Trend.
- Cifras y mercado: 39 unidades estimadas, 247 hp del M44/52 —unos 250 CV—, 41.000 km en el odómetro y del orden de 60.000 dólares invertidos desde 2020 entre chasis y motor. La plataforma no publica estimación: el precio lo fijará la puja.
Shannonville, 1988: la temporada que acreditó el chasis
El coche se entregó en abril de 1988 a Porsche Downtown Fine Cars de Toronto, el concesionario que lo alineó en el campeonato con los colores de Rothmans y con Proulx —un piloto forjado en la Fórmula 2000— como primer espada. La temporada fue de altibajos, y precisamente por eso resulta creíble: los coches que ganan todo no suelen necesitar que nadie les crea.
Los resultados que recoge la ficha del lote dibujan un año de presencia constante en el grupo de cabeza:
- Shannonville: victoria, la única del año, refrendada con dos poles en el cómputo de la temporada.
- Niagara Falls y Mosport: sendos terceros puestos.
- Mosport Park: dos cuartos puestos.
- Mont-Tremblant: dos terceros y un abandono, este último con David Empringham al volante.
Conviene subrayar el nivel de la serie, porque explica el valor de estos chasis. El Rothmans Turbo Cup se disputaba en Canadá, se televisaba a escala nacional y otorgaba al campeón un premio desproporcionado: un asiento en el Porsche 962C patrocinado por Rothmans en las 24 Horas de Le Mans del año siguiente. Un certamen monomarca con esa zanahoria no se corre con coches de circunstancia.
Lo que Weissach le quitó al coche para hacerlo rápido
Los Turbo Cup se montaban en Weissach sobre la base del 944 Turbo de calle, sometidos a una dieta implacable. Capó de fibra de vidrio y supresión del techo solar, del limpiaparabrisas trasero, del mando de apertura del portón, de los lavafaros y de los espejos eléctricos. Dentro caían también el equipo de sonido, los elevalunas eléctricos, el aire acondicionado, la dirección asistida y todo el material insonorizante. El resultado, como es lógico, es un habitáculo sin una sola concesión al confort.
La ficha del lote atribuye a este ejemplar el M44/52 de 2,5 litros sobrealimentado por un KKK K26-8 y acreditado con 247 hp —unos 250 CV—, la variante S que Porsche reservó a las últimas hornadas del Turbo Cup. La preparación de fábrica incluía cárter y colector de admisión de magnesio, y el motor de este coche se reconstruyó en 2021 en Moorespeed, en Austin, con cigüeñal de sustitución, bielas Carrillo y pistones forjados Wossner, además de culata revisada.
Un Turbo Cup no era un 944 con adhesivos: era un coche al que Weissach le había quitado todo lo que no sirviera para bajar el crono.
El chasis recibió amortiguadores Bilstein ajustables, barras estabilizadoras de mayor diámetro y un equipo de frenos heredado del 928 S4, con pinzas Brembo y ABS. La transmisión es transversal, de cinco velocidades y con autoblocante, reforzada y con enfriador propio. La jaula Matter y el asiento Recaro de respaldo fijo con arnés rojo completan un conjunto que, en su época, era lo más parecido a un coche de carreras matriculado que podía comprarse.

De coche VIP a campeón de la EMRA
En 1989 el coche cambió de piel. Repintado con los colores de Diet 7UP, pasó a ejercer de vehículo de invitados de la serie, esa figura que en los campeonatos monomarca servía para sentar a periodistas, celebridades y pilotos de otras disciplinas en un coche igual al de los participantes. Por su volante desfilaron Jacques Villeneuve —hermano de Gilles y tío del campeón de F1 e Indy del mismo nombre, quinto en Mosport Park—, el vencedor de Le Mans Davy Jones, el ganador de IndyCar Scott Goodyear, el piloto del DTM Roland Asch, Miss Austria Mercedes Stermitz, el decatleta Bruce Jenner y el periodista de Motor Trend Don Fuller, que firmó un reportaje en el número de octubre de 1989.
David Empringham lo devolvió a la competición activa en 1990 y, al término de esa temporada, el coche cruzó la frontera de la mano de David Donohue —la documentación alterna las grafías Donohue y Donahue—, que lo corrió en la EMRA durante 1991 y se llevó el título GT y el premio al debutante del año. Vinieron después varios propietarios privados, entre ellos Ronald Tietjen, que lo movió en pruebas de la PCA entre 2004 y 2018.
El vendedor actual lo adquirió en 2020 y desde entonces ha invertido del orden de 60.000 dólares: refresco de chasis en PMR, en Nueva Jersey, reconstrucción del motor en Moorespeed y embrague nuevo en marzo de 2023. Las llantas de magnesio de 16 pulgadas —las célebres phone-dial— se han rehabilitado y pintado en negro brillante, y se han sustituido el cilindro maestro de freno y los discos perforados, con pastillas Pagid. El odómetro marca 41.000 kilómetros, unos 4.000 de ellos bajo la propiedad actual.
Lo que la procedencia añade y la restauración difumina
El 944 Turbo Cup nunca ha cotizado como un 911 de la misma hornada, y no hay razón para esperar lo contrario: es un deportivo de motor delantero y cuatro cilindros, sin el mito que arrastra la saga trasera. Ahora bien, dentro de su nicho —el de los coches de fábrica con logbooks y palmarés—, la prima la marca la trazabilidad, no la potencia. Un Turbo Cup con su historial completo, sus libros de la CASC y la EMRA y un paso documentado por manos conocidas es una pieza distinta de un 944 preparado a posteriori, y el mercado lo empieza a discriminar.
Hay dos matices que el comprador debería sopesar con frialdad. El primero es la librea: el coche corrió con Rothmans, después con Diet 7UP y luego en la EMRA, y la librea original se restituyó bajo una propiedad anterior. Es una reconstrucción documentada, no una supervivencia, y conviene no confundir ambos conceptos. El segundo es la mecánica: cigüeñal, bielas y pistones no son originales, algo defendible —incluso deseable— en un coche de competición con historial acreditado, pero que debe ir acompañado de facturas. La ficha también advierte de corrosión en componentes del vano motor, un detalle que en un Turbo Cup siempre invita a revisar el fondo del coche con linterna.
El lote se ofrece con logbooks, registros de servicio, documentación histórica, un informe Carfax sin incidencias y un título de Texas a nombre del trust familiar del vendedor, con el odómetro declarado exento. No hay reserva anunciada ni estimación publicada, de modo que la horquilla la escribirá la puja. Quien se lleve este chasis no compra un 944 rápido: compra un capítulo del certamen que repartía asientos en Le Mans, y eso —más pronto o más tarde— acaba teniendo precio.

