Un Duesenberg SSJ Special Speedster de 1935 que fue de Clark Gable ganó el best of show de Pebble Beach 2026. Lo hizo el mismo fin de semana en que las subastas de la Monterey Car Week firmaron 747,9 millones de dólares, la mayor cifra jamás registrada en una semana de pujas.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: un SSJ Special Speedster de 1935, uno de los dos únicos construidos, se llevó el best of show del concurso mientras las subastas californianas firmaban su mejor registro histórico.
- No te lo puedes perder: el coche ganador perteneció a Clark Gable y el otro chasis lo compró su amigo Gary Cooper, de modo que los dos únicos ejemplares acabaron en manos de dos estrellas de Hollywood.
- Cifras y cotización: 747,9 millones de dólares en ventas hasta el sábado, un 73% más que en 2025 y muy por encima del récord anterior de 471 millones (2022), según el recuento de Hagerty.
Dos SSJ, dos amigos de Hollywood y un solo best of show
El coche que subió a la rampa el domingo no era un desconocido: un Duesenberg SSJ Special Speedster de 1935, uno de los dos únicos ejemplares construidos, presentado por el coleccionista Harry Yeaggy, con base en Cincinnati. Su primer propietario fue Clark Gable; el otro chasis lo adquirió su amigo Gary Cooper. Dos estrellas de la edad dorada de Hollywood, dos coches gemelos y una simetría narrativa que el concurso californiano explotó con la eficacia de quien conoce su oficio.
Técnicamente, el SSJ es la versión más extrema del Model J: chasis acortado, compresor sobre el ocho en línea y una potencia que la historiografía de la marca sitúa en torno a los 400 CV, cuando el J atmosférico se anunciaba con 265 y el SJ con 320. En 1935, esa cifra situaba al coche entre los más rápidos del mundo. La carrocería renunciaba a la monumentalidad de las berlinas de encargo —Murphy, Judkins y Derham firmaron las más celebradas— en favor de una línea de speedster baja y afilada.
La coincidencia entre Gable y Cooper ha alimentado décadas de especulación sobre cuál de los dos coches era el más rápido, el mejor conservado o el más fotografiado. Documentada está la titularidad; lo demás pertenece al terreno de la leyenda, ese que tan bien le sienta al automóvil americano de entreguerras. Conviene recordarlo antes de repetir según qué historias: el rigor no le resta romanticismo a un Duesenberg, se lo ordena.
Fundada en Indianápolis a comienzos de los años veinte por Fred y August Duesenberg, la casa alumbró en 1928 el Model J como el coche más caro y sofisticado del país: menos de medio millar de chasis en una década, buena parte de ellos carrozados a medida para clientes que pagaban el precio de una casa por el bastidor desnudo. La Gran Depresión hizo el resto. En 1937 el Model J seguía siendo el referente absoluto y la compañía estaba herida de muerte.
Ganar en Pebble Beach no es un premio estético: es una revalorización. El Pebble Beach Concours d’Elegance, que se celebra en los greenes del campo de golf desde 1950, funciona como cartografía del gusto del coleccionismo mundial, y un best of show reordena jerarquías. El coche que gana allí deja de ser un ejemplar excelente y pasa a ser el ejemplar de referencia. Los detalles de la cita pueden consultarse en la web oficial del concurso.
En Pebble Beach no se premia el cromo: se certifica una jerarquía. El best of show convierte un gran coche en el coche que todos querrán tener.
El récord llegó por el precio, no por el volumen
El dato que ordena toda la semana es uno solo: 747,9 millones de dólares en ventas hasta el sábado, según el recuento que Hagerty publica al cierre de cada jornada. La cifra supone un 73% más que los 432,8 millones contabilizados en el mismo punto de 2025 y pulveriza el récord anterior de la semana, los 471 millones de 2022. La propia casa había pronosticado entre 470 y 500 millones para 2026; se quedó corta en casi un 50%.
Lo interesante es de dónde sale el dinero. El volumen apenas se movió: 844 lotes vendidos de 1.124, un 75% de adjudicación frente al 76% del año anterior, con 818 de 1.078. El salto está en el precio medio, que pasó de 529.034 a 866.107 dólares por coche, un 64% más. Traducido: se vendió prácticamente lo mismo, pero mucho más caro.
El podio de la semana lo dibujan media docena de coches:
- Shelby Cobra Daytona Coupé de 1964: 42,9 millones en Gooding Christie’s, récord absoluto para un coche americano en subasta pública.
- McLaren F1 de 1996: 34,7 millones en RM Sotheby’s, récord para un coche británico.
- Ferrari 250 P Spider de 1963: 18,7 millones en Gooding Christie’s.
- Chevrolet Corvette Grand Sport de 1963: 18,7 millones en RM Sotheby’s, récord para el modelo.
- Ferrari Daytona SP3 de 2023: 17,8 millones en RM Sotheby’s.
Ferrari se llevó siete de los diez mejores resultados, y los superdeportivos modernos, de los años noventa en adelante, aportaron más de la mitad de la facturación total: una tendencia que el propio mercado anticipaba y que confirma que Monterey ya no es solo un certamen de preguerra. Las casas lo saben; RM Sotheby’s lleva años construyendo sus catálogos sobre ese eje.
Un mercado de dos velocidades
El récord esconde una fractura. Hagerty señala que los ejemplares excepcionales marcaron precios históricos mientras modelos corrientes de los cincuenta y los sesenta se vendieron por debajo de lo que su estado justificaba. No es una contradicción: es la definición del mercado actual. El dinero no se ha repartido, se ha concentrado.
La mejor prueba es el Ferrari Luce Tailor Made de 2026, un eléctrico subastado con fines benéficos que alcanzó 40 millones en RM Sotheby’s. Una cifra descomunal para un coche que lleva meses dividiendo a los aficionados por su diseño. Y ahí está el matiz que ningún titular recoge: en una puja benéfica el comprador no paga solo el coche, paga también la causa. Ese resultado no debe leerse como valoración de mercado, sino como filantropía con matrícula.
El otro mensaje llega de Detroit y de Woking. Que un Shelby Cobra Daytona Coupé supere los 42,9 millones y un McLaren F1 los 34,7 significa que el coleccionista premium ya no compra solo belleza: compra documento, historial deportivo y escasez demostrable. Del Daytona se construyeron media docena de coupés para batir a Ferrari en el campeonato de GT; el F1 es, por consenso casi unánime, el mejor coche de su época. Nada de eso admite discusión, y por eso se paga.
Del Duesenberg, en cambio, no hay cifra pública: el concurso no tasa y el coche no está en venta. Pero la lógica del mercado es implacable. Un best of show sobre un modelo del que existen dos unidades certifica una unicidad que ninguna subasta puede fabricar. La historia de la marca —puede consultarse en su entrada enciclopédica— abunda en chasis carrozados a medida y en propietarios ilustres: nada de eso garantiza un precio, pero todo eso lo sostiene.
Queda la pregunta de siempre, la que nadie responde con datos hasta que se remata el último lote. La edición de 2027, que se celebrará en agosto, dirá si el mercado consolidó el escalón o si 2026 fue un pico sostenido por media docena de coches irrepetibles. Mientras tanto, el Duesenberg de Gable ya ocupa la vitrina más cara del coleccionismo: la de haber ganado en Pebble Beach el año en que Monterey batió todos sus récords.

