Algunos coches pasan a la historia por sus cifras de ventas, su diseño o sus innovaciones técnicas. Otros se ganan un lugar en la memoria colectiva por algo mucho más sencillo: su capacidad para estar siempre ahí cuando hace falta. En el mundo rural, pocos vehículos representan mejor esa idea que la Citroën C15, una furgoneta humilde, resistente y capaz de cargar con casi cualquier cosa que se le ponga por delante.
La escena que nos llega desde el noreste de Francia parece hecha a medida para ella. Un agricultor ha decidido regalar 500 toneladas de patatas que no ha podido vender, y cientos de personas han acudido a llenar sus maleteros, remolques y cajas de carga. Entre ellos aparecen viejos conocidos del campo y los pueblos: utilitarios veteranos, furgonetas pequeñas y, en el imaginario colectivo, la eterna Citroën C15, símbolo de trabajo duro y soluciones prácticas.
1El campo se llena de coches y solidaridad
Lo ocurrido en las colinas de Gigny-Bussy, en la región de Marne, tiene mezcla de postal rural y fenómeno social. Un campo repleto de patatas, coches entrando y saliendo sin parar y familias enteras cargando sacos como si no hubiera un mañana. La decisión del agricultor fue tan simple como contundente: antes de tirar el producto, mejor regalarlo a quien lo necesite.
La iniciativa corrió como la pólvora por las redes sociales y el boca a boca de los pueblos cercanos. En pocos días, la zona se convirtió en punto de encuentro improvisado de personas que veían en esas patatas una forma de aliviar la cesta de la compra. En ese ir y venir constante, muchos recordaron por qué vehículos como la Citroën C15 siguen teniendo tanto prestigio: maleteros hasta arriba, suspensiones trabajando al límite y motores diésel que parecen no quejarse nunca.







