Despertar por la mañana y ver tu coche cubierto por un precioso manto blanco es una imagen de postal. Pero si tienes que ir a trabajar, esa estampa se convierte en un dolor de cabeza. Además, la DGT está muy atenta cuando cae una nevada, y no solamente para ver si llevas cadenas cuando es necesario.
Si tienes prisa por salir un día de nieve, te abrigas bien y sales a la calle con la intención de quitar un poco de nieve del parabrisas y ponerte en marcha. La mayoría de la gente piensa que, mientras puedan ver algo por el cristal, todo está en orden. Pero la realidad es bien distinta.
1El peligro que transportas sobre el techo
Cuando ves nieve acumulada sobre el techo de tu coche, puede que pienses que no molesta a nadie. Al fin y al cabo, parece inofensiva. Sin embargo, en cuanto empiezas a moverte la situación puede cambiar. Mientras conduces con frío, la calefacción de tu coche seguro que estará encendida, y ese calor empieza a calentar la chapa del techo desde el interior. Lo que después es que se forma una capa de agua muy fina entre el metal de tu coche y el bloque de nieve. En ese momento, la nieve deja de estar pegada y se puede convertir en un peligro.
Si vas circulando por una carretera y tienes que frenar de repente, la inercia empujará toda esa nueva hacia delante. En el mejor de los casos, terminará cubriendo tu parabrisas y no te dejará ver el tráfico, lo que supone un riesgo de accidente. Pero la cosa no se queda ahí.
Si coges una curva o aceleras, la fuerza centrífuga puede lanzar ese bloque de nieve hacia los lados o hacia atrás. Si esa nieve se ha compactado, el impacto contra un coche que venga detrás o contra un peatón que esté en la acera puede ser importante. Un bloque de hielo volando a cierta velocidad puede romper un cristal o causar lesiones a una persona. Y ese es el motivo por el que la DGT puede ponerte una multa si llevas nieve en el coche.








