Durante años, muchos conductores han asumido que ciertas costumbres al volante y en el mantenimiento del vehículo son casi sagradas. Pequeños gestos heredados de padres, amigos o incluso de viejos consejos de taller que se repiten sin cuestionarlos. Sin embargo, no todo aquello que suena lógico es realmente bueno para el motor; y ahí es donde empiezan los problemas.
Jorge lleva más de década y media trabajando como mecánico. Ha visto pasar por su taller cientos de coches con averías graves que, en muchos casos, no se deben a defectos de fabricación, sino a hábitos cotidianos del conductor. «Lo más frustrante es cuando te das cuenta de que el dueño hacía eso pensando que lo estaba cuidando, cuando en realidad lo estaba machacando», explica.
5Acelerar con el motor en frío
Por último, Jorge habla de un gesto aparentemente inofensivo, pero también perjudicial: acelerar en frío. «Arrancas y sales con prisas, pisando más de la cuenta», describe. En ese preciso momento, el motor del vehículo aún no ha alcanzado la temperatura adecuada y el aceite no lubrica de forma óptima todas las piezas.
Forzar el motor en frío incrementa el desgaste de componentes clave como los pistones, bielas y turbocompresor. Con el tiempo, este hábito pasa factura y reduce significativamente la vida útil del motor. La recomendación en este caso es sencilla: conducir con suavidad durante los primeros minutos y dejar que todo alcance su temperatura de trabajo de manera progresiva.
Como resume Jorge, cuidar el motor no consiste en hacer más, sino en hacerlo mejor. Seguir las recomendaciones del fabricante, entender cómo funcionan los motores modernos y abandonar viejos mitos es la clave para alargar la vida del coche. «A veces, el mayor enemigo del motor es la buena intención mal informada», concluye.








