Durante años, muchos conductores han asumido que ciertas costumbres al volante y en el mantenimiento del vehículo son casi sagradas. Pequeños gestos heredados de padres, amigos o incluso de viejos consejos de taller que se repiten sin cuestionarlos. Sin embargo, no todo aquello que suena lógico es realmente bueno para el motor; y ahí es donde empiezan los problemas.
Jorge lleva más de década y media trabajando como mecánico. Ha visto pasar por su taller cientos de coches con averías graves que, en muchos casos, no se deben a defectos de fabricación, sino a hábitos cotidianos del conductor. «Lo más frustrante es cuando te das cuenta de que el dueño hacía eso pensando que lo estaba cuidando, cuando en realidad lo estaba machacando», explica.
4Confiar en aditivos milagro
Otro punto crítico es el uso indiscriminado de aditivos. «Cada semana entra alguien preguntando qué producto milagro puede echarle al motor», cuenta Jorge. Los aditivos para limpiar, proteger o mejorar el rendimiento prometen resultados espectaculares, pero no siempre cumplen con aquello que dicen.
En muchos casos, estos productos alteran las propiedades del aceite o del combustible, interfiriendo en el funcionamiento normal del motor. Si el vehículo está bien mantenido, no necesita nada más que los fluidos adecuados y revisiones periódicas. Introducir químicos innecesarios puede acelerar el desgaste interno en lugar de prevenirlo.








