Los motores de combustión están de capa caída, o eso nos quieren hacer creer. Hace unos años, solo teníamos que elegir entre gasolina y diésel, pero ahora se cuelan en la ecuación los eléctricos y los híbridos.
Y aunque mucha gente te dirá que prefiere un vehículo electrificado por las restricciones y las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), todavía hay ciertas situaciones en las que un diésel eficiente es la opción más lógica y sensata, sobre todo si recorrer muchos kilómetros al año.
El truco para acertar con la compra está en entender para quién tiene sentido un diésel y en qué condiciones. Porque hay elementos que entran en juego al margen de las emisiones o el precio del combustible, como la durabilidad del motor, el tipo de trayectos que realizas y, por supuesto, las restricciones en las ciudades.
Diésel vs. gasolina: cuándo compensa cada uno

Si haces más de 20.000 kilómetros al año y pasas más tiempo en carretera que en ciudad, el diésel tiene todavía mucho que ofrecerte. Estos motores funcionan a bajas revoluciones, lo que reduce el desgaste y alarga la vida útil del vehículo. Al final, cuantas menos piezas estén sometidas al estrés, menos veces tendrás que pasar por el taller.
Incluso sin tener en cuenta el consumo, del que ahora hablaremos, la mecánica de un diésel moderno es más sencilla, porque no tiene bujías y necesita menos visitas al taller que un gasolina equivalente.
Otra de las grandes bazas del diésel es el ahorro en combustible. Un ejemplo muy evidente con el que entenderás mejor su eficiencia: el Opel Astra 130 CV, consume de media 5,5 litros a los 100 kilómetros en su versión de gasolina, mientras que el diésel baja a 4,3 litros. Además, el precio del gasóleo es ligeramente inferior.
Por tanto, si calculamos los kilómetros necesarios para amortizar la diferencia de precio inicial (el coche diésel es más caro de entrada), ocurre a los 28.800 kilómetros. Por tanto, si pasas de los 20.000 kilómetros al año, la inversión tiene sentido. Y ese patrón lo vemos en modelos como el Renault Clio o el Volkswagen T-Roc, entre otros.
El impacto que tienen las ZBE y el uso en ciudad

Todo lo que te acabamos de contar deja de tener sentido si conduces principalmente por ciudad. Las ZBE están presentes ya en la mayoría de municipios españoles y aunque cada ayuntamiento las regula a su manera, los grandes beneficiados son los vehículos con etiqueta ECO y Cero. Como mucho, los que tienen etiqueta C se libran, pero será cuestión de tiempo que las restricciones vayan contra ellos.
Por tanto, para ciudad, trayectos cortos y frecuentes, la opción más lógica en 2026 es el híbrido o híbrido enchufable. Podrás circular sin restricciones, reducir emisiones y consumir en ciudad mucho menos que con un diésel, aunque la inversión inicial también sea más cara.
La regla general es que si haces pocos kilómetros al año y circulas sobre todo en entornos urbanos, no tiene ningún sentido que te compres un diésel. En cambio, si la mayor parte de los recorridos que haces son en autovía y autopista, y superas los 20.000 kilómetros al año, sí que es una buena inversión comprarte un diésel.
Aunque todo el mundo te diga que estos motores están a punto de morir y que no es lógico. La eficiencia del motor diésel y su durabilidad te van a compensar económicamente. Pero también es cierto que las normas que vienen de Europa intentan ‘axfisiar’ cada vez más al diésel.
¿Y sabes en qué ámbitos siguen reinando los motores diésel? En vehículos de gran tamaño y en el sector logístico, como en SUV, furgonetas y vehículos de reparto. Aprovechan la característica más potente del diésel (alto par motor a bajas revoluciones) para mover grandes cargas sin disparar el consumo.







