El invierno pone a prueba a cualquier coche. Las bajas temperaturas, la humedad, los trayectos cortos y los largos periodos parado en el garaje generan un desgaste silencioso que no siempre da la cara en el momento. De hecho, muchas de las averías más caras no aparecen cuando hace frío, sino semanas después, cuando suben las temperaturas y volvemos a utilizar el vehículo con normalidad.
Roberto, mecánico con más de dos décadas de experiencia en taller, lo ve cada año: “En cuanto se va el frío empiezan a llegar coches con fallos que llevaban meses gestándose. El conductor cree que todo está bien porque ha arrancado durante el invierno, pero el problema está dentro y acaba explotando”. Y lo peor es la factura: algunas reparaciones superan los 1.400 euros si no se detectan a tiempo.
4Por qué las averías aparecen cuando suben las temperaturas
Una de las preguntas más habituales en el taller es por qué el coche falla justo cuando llega el buen tiempo. La respuesta está en el tipo de desgaste que provoca el invierno. Muchos componentes se deterioran de forma progresiva, pero siguen funcionando hasta que se les exige más.
Cuando aumentan los desplazamientos y las temperaturas, esos elementos ya debilitados no son capaces de soportar el esfuerzo y aparece la avería. Es un patrón que se repite cada año y que los mecánicos conocen bien: coches que han “sobrevivido” al invierno pero que llegan al taller en primavera con reparaciones de cuatro cifras.


