El invierno pone a prueba a cualquier coche. Las bajas temperaturas, la humedad, los trayectos cortos y los largos periodos parado en el garaje generan un desgaste silencioso que no siempre da la cara en el momento. De hecho, muchas de las averías más caras no aparecen cuando hace frío, sino semanas después, cuando suben las temperaturas y volvemos a utilizar el vehículo con normalidad.
Roberto, mecánico con más de dos décadas de experiencia en taller, lo ve cada año: “En cuanto se va el frío empiezan a llegar coches con fallos que llevaban meses gestándose. El conductor cree que todo está bien porque ha arrancado durante el invierno, pero el problema está dentro y acaba explotando”. Y lo peor es la factura: algunas reparaciones superan los 1.400 euros si no se detectan a tiempo.
3Climatización y sensores: pequeñas averías que se hacen grandes
La humedad y el uso intensivo del climatizador en invierno también pasan factura a los sensores del sistema de ventilación y calidad del aire. Son fallos que, en un primer momento, pueden parecer menores: un flujo de aire irregular, un olor extraño o una climatización que no responde como debería.
Sin embargo, ignorarlos puede derivar en problemas más complejos. Sustituir un sensor puede costar entre 280 y 395 euros, pero si el fallo afecta a otros componentes del sistema la cifra aumenta. Roberto insiste en que “cuando el conductor deja pasar el tiempo, lo que era un simple sensor termina afectando a todo el sistema”.


